Réquiem por el trabajador asalariado
Por Mayobanex De Jesús Laurens Junio 8, 2009
El salario mínimo mayor para el sector
privado está fijado actualmente en siete mil trescientos sesenta pesos, no así
en el sector público, cuyo nivel no sobrepasa los cinco mil pesos mensuales. De
ese valor hay que descontar lo correspondiente a los aportes para los seguros
de invalidez y vejez, y familiar de salud.
Del
valor restante, cada trabajador debe cubrir los gastos mensuales de alquiler de
casa, manutención familiar, gastos de la escuela, medicinas, ropa,
combustible para el motor; además de los gastos de luz, teléfono, agua y
cable. Todo lo anterior sin contar con las enfermedades, la ayuda
económica a la madre o al padre y el “apartao” para el traguito de fin de
semana.
Mientras
el salario se debate entre discusiones de tecnócratas, el asalariado ve
incrementarse la vida, teniendo que afrontar la dura realidad de los aumentos
en los bienes y servicios a los que debe tener acceso a diario por obligación.
Pese
al trabajador recibir una brisita extra en diciembre, la misma se esfuma con la vanidad de
la fecha, teniendo que participar de la tradición, entre golosinas, frutas,
comidas, regalos y ropas para toda la familia, sin contar con los “daos” a
familiares y al “avivato” que siempre busca su nochebuena.
Enero
continúa con la francachela de año nuevo, uniéndose unos Santos Reyes, que en
vez de traer se llevan los bolsillos del humilde trabajador asalariado. Sin
reparar en gastos, los feriados de los “veinte”, unidos al posible fin de
semana largo terminan exprimiendo sus fuerzas y guardando un poco de
ganas para los restantes meses del año.
Pero
febrero le aguarda con el engaño de un Don Juan a quien denominan "Cupido", que
ahora han extrapolado en alcance, convirtiéndolo en Amistad para que los
chelitos tengan que gastarse, además de su pareja, en los amigos y
amigas.
De finales de marzo a principios de abril nos atrapan con con una larga semana, a la que llaman "Santa", pero que de festejes religiosos nadie se acuerda y el asueto produce explosión en los bolsillos del achicado trabajador asalariado.
Al final de abril, al asalariado le espera una secretaria, que ya no se
conforma con el presente de su jefe inmediato, sino que la sonrisita la
extiende a todo el personal logrando en objetivo que su regalito también
provenga del pobre trabajador asalariado.
Mayo
es implacable y no hay manera de pasar desapercibido si el asalariado se hace sentir.
Madre y suegra hacen sus solicitudes desde entrada del mes para que no las
olviden. Pero ahora también acechan las tías, y las abuelas "vivas" guardan el
celo cuando no les llegan a besarle la mano con el presente de entrega.
El
honesto trabajador asalariado trata de respirar en junio, pero las vacaciones
escolares obligan a sacar los niños a pasear con más frecuencia y el helado,
con el emparedado, la fritura o el pica-pollo pinchan sus bolsillos. Las
visitas vacacionales de familiares le incrementan aún más el gasto de
manutención.
Julio,
fustiga al desanimado trabajador asalariado con el recuerdo del Día del olvidado Padre,
teniendo que llevar el presente al viejo, pero obligado a dar efectivo a los
niños para que les compren su propio regalo, pues casi nunca la madre dice
presente.
Preparar
la escuela de nuevo en agosto, haciendo líos para uniformes, útiles y
materiales de clases, hacen la rutina en el gasto; esto si no es que desea
mejor educación para ellos y pretende llevar a cuesta el costo de un colegio
privado.
El
sufrido trabador se prepara para septiembre con el corre-corre de la ida y
llevada a la escuela. Merienda, los chelitos para el recreo y la gasolina del
motor y el vehículo conforman las tareas de un mes en el que se juntan los cumpleaños de los
niños y de la esposa, fechas obligadas para el regalo y la salida al paseo.
Octubre
es un mes agradable para las enfermedades, y las recetas agobian el descanso
mental, que origina la furia e impotencia del descamisado trabajador asalariado
por la falta de ingresos y de mejor oportunidad de vida.
Pese
al respiro de noviembre, los planes de los hijos y la compañera para el
siguiente mes traen la migraña incontrolable, cuyo fuerte dolor jamás dejará de
padecer, pues sus efectos de estrés, exceso de trabajo y preocupaciones nunca
saldrán de su mente ante tanta carga económica con tan bajo nivel
salarial mensual.
De
Mozart a Verdi, el réquiem de ambos está dedicado al salario del sufrido,
golpeado, cansado, humilde y honesto trabajador dominicano.
