Orlando Gil/Tomado de Listin Diario
EN
EL LIMBO.- Las reuniones de la Dirección Ejecutiva del PRM, como llevo
dicho, solo sirven para crear nuevos problemas y no resolver los
antiguos. Los aspirantes a posiciones electivas de tanto cansancio y
gasto de recursos perdieron el encono, y ahora lo importante no es cuál
gana, sino cuándo o cómo se decidirá la suerte.
Los responsables no solo
son incapaces para dar con modalidades que permitan superar el impasse,
sino que tampoco saben explicar a los interesados. ¿Qué fue lo que se
decidió el martes pasado, pues las prórrogas o las posposiciones siempre
tienen fechas? Los potenciales candidatos se sienten como esos objetos
abandonados en el espacio exterior, o como los niños que mueren antes de
ser bautizados: en el limbo. La protesta no se deja esperar (oh ¿y este
relajo?), pero tan callada que nadie se entera. Ni la dirección del
partido ni los medios. Lo peor es que esa situación de desconcierto la
padecen los jóvenes, y no los viejos, pues a éstos les resolvieron hace
tiempo. No hubo dificultad con Vicente Sánchez Baret, ni con Ramón
Alburquerque, ni con Dagoberto Rodríguez... Siempre que no haya
competencia ni democracia interna, la solución aparece rápido...
“LAS
NEGOCIACIONES”.- La explicación dada un poco al desgaire fue que el PRM
está en negociación con el PRSC, y que a las posiciones ya reservadas,
habrá que agregar otras, pues todo se reduce a lo mismo: reparto e
intercambio. El primero en hablar de esa posible transacción fue Roberto
Fulcar, jefe de campaña de Luis Abinader, aunque prontamente Jesús -
Chu - Vásquez, secretario general del PRM, salió al frente y negó el
acercamiento. Dijo, no obstante, que no lo descartaba. Esto es, la
campaña por un lado y el partido por el otro. Lo que tampoco es nuevo,
pues se cuestionó fuera de foco al candidato haberse involucrado en el
lío de la cementera, como algo propio, personal o familiar, sin
consultar los organismos del partido o las instancias de decisión de la
campaña. Además, ese amarre con los reformistas, que algunos dirigentes
de Moderno dan por seguro, no se corresponde con el ánimo ajeno de
Quique Antún y su gente. La última vez que hablé con el presidente y
candidato del PRSC me dijo que el barco se encontraba en la misma
situación: ni para alante ni para atrás...
EN
CABEZA PROPIA.- A los políticos dominicanos no les gusta aprender en
cabeza ajena, sino que cada cual busca vivir su propia experiencia.
Después del fracaso entre reformistas y peledeístas, o del desplante de
los primeros a los segundos, cualquier sector político debiera pensar
dos veces, y hasta tres, hablar o negociar con los reformistas. A menos
que se esté en el ajo, nadie conoce el propósito de Quique y su gente,
pues cuando conversan entre sí se ponen el guante en la cara, de manera
que nadie pueda leer sus labios, y por nada del mundo muestran el agarre
de la pelota. Aunque se hace más que evidente que los reformistas de la
franquicia quieren tiempo, y como no hay posibilidad de empleos en lo
inmediato, y pueden alcanzar por sus propios medios las posiciones
electivas que aseguran las alianzas, apuestan a febrero o a marzo, o
ponen todas sus fichas al número de la segunda vuelta. Aparentan
arrogantes, la última coca cola en el desierto, pero la verdad que
viéndose en el espejo del PRD, de aceptar las actuales condiciones,
lucirían feos para la foto...
BOCA
A BOCA.- No puede perderse de vista que los reformistas serían más
importantes que los perremeístas, dada la circunstancia de la boleta
electoral. Pues estos necesitan, como la respiración boca a boca al
posible ahogado, una casilla más baja que aumente sus posibilidades de
librar la lucha con éxito. Hasta ahora la suerte de los modernos se
consume en precariedades: Un candidato poco conocido, un partido que no
emociona y una campaña que no levanta fondos. Y para colmo, o mayor
desgracia, distante en el orden. La costumbre hace ley, y la costumbre y
la ley era que los perredeístas votaran - siempre - en los primeros
recuadros. Los reformistas, en esas condiciones, serían como la
ambulancia del 911, capaz de llevar al paciente con prontitud al
hospital y que éste pueda salvar la vida. En ese trance, y no hay otro,
los reformistas comerían a la carta. Y si les estuvieron dando a los
peledeístas con la punta de pie, habrá que suponer a los perremeístas. Y
de tiempo ni se diga, y - desgraciadamente -- tiempo es lo que menos
les sobra a Luis Abinader y su gente...
