Orlando Gil
@orlandogildice/Tomado de Listin Diario
EL
DESPLIEGUE.- ¿Qué llevó al PLD, al gobierno o a la campaña
reeleccionista a dar esa demostración de masa y despliegue de recursos
del sábado pasado? No fue para replicar una movilización de los grupos
de oposición, pues estos hasta ahora se comportan discretos y hacen tan
poca bulla que en las calles, todo, menos fiesta. Sin embargo, el
oficialismo se la lució ese día y el tapón en la vía superó el provocado
por el doble sueldo.
Podría explicarse, tal vez, en que eran cuatro
actividades en una, pues se proclamaron dos senadores y dos alcaldes, y
el Gran Santo Domingo, además de fervoroso de la política, es muy
populoso. A disposición de las candidaturas de Reinaldo Pared, Cristina
Lizardo, Roberto Salcedo y Juan de los Santos, hay fondos más que
suficientes para sonrojar a sus oponentes. ¿Puede considerarse al Gran
Santo Domingo como la media del país, en cuanto a los dineros en manos
de los reeleccionistas locales? No creo, pero sí queda claro que en las
demarcaciones que se quieran retener, o que sean claves, se harán las
apropiaciones necesarias. Dicho en buen romance: por cuarto no se
perderán. Aunque, como en la canción del afectado Manuel Jiménez, se
incurra en derroche…
LA
TENDENCIA.- En los días previos a la manifestación del pasado sábado,
una candelita en que cada esquinita daba a entender que los números del
candidato Danilo Medina estaban a la baja y que esa era una tendencia
indetenible. El desbordamiento de masa podría ser una respuesta. Aunque
como he dicho, en esa caída hay mucho de ficción, de manipulación y de
engaño de sí mismo. Por ejemplo, la encuesta de los empresarios. Hubo un
intento de extrapolar, y se llegó a decir de que así como se reducía su
aprecio entre los hombres de negocio, también en la población. Esa
medición habría que contrastarla con la realidad, y saber que lo que se
dice bajo el anonimato no se sostendría públicamente. En ese escrutinio
pudo tirarse la piedra, pero evidentemente porque se podía esconder la
mano. La verdad, entonces, podría ser otra. Si el manejo del sector
privado con el gobierno, o viceversa, es bueno, la relación o el trato
con los empresarios, de manera personal, es mejor. Con decir que muchas
citas se consiguen ahora por Whatsapp, o que en casi todos los casos se
les resuelve…
TESTIMONIOS.-
No estoy inventando, hice la tarea, averigu¨é y recogí testimonios.
Además, si no fuera así, si el sector de los empresarios fuera desafecto
del gobierno, el beneficiario en términos económicos sería el principal
candidato de oposición. Esto es, Luis Abinader. Y no es así, y peor,
todo lo contrario. Los que no militan, los que no son fervorosos de
ninguna causa que no sea la suya particular, y ven la política con el
criterio de costo-beneficio, se acercan, y entre una cosa y la otra, se
ponen a la orden: “Si necesitan algo de mí, no duden en llamarme”.
Quizás no sea la mejor expresión de transparencia, pero sí de
sinceridad. Quieren estar donde el capitán los vea, y se lo hacen saber.
No son políticos de faena, de tarima, de caravana, pero saben por
experiencia que en la trastienda se gana siempre y nunca se pierde. Esos
individuos o grupos de inversión oficiosa en la política, tampoco
actúan a la loca. Hacen sus encuestas, tienen sus números, y apuestan a
lo seguro. La reelección es un número que gusta, y ni siquiera hay que
soñarlo, pues el billetero pasa muchas veces por el frente de la casa y
se escucha su pregón…
AHÍ
EL DETALLE.- Ningún partido ni candidato se constituye en
portaestandarte de la clase media, y la clase media es el único sector
que el gobierno no trata adecuadamente. Con los empresarios, cuando
quieren. Con los pobres, ya no sabe qué más darles. Pero esa misma clase
media no sabe, como se dice ahora, empoderarse, levantar su propia
bandera y asumir su destino. Una parte muy pequeña sale a las calles, a
manera de vanguardia, y del fracaso va a la frustración. Otra igual de
reducida se desahoga en las redes, esperando que se dé el milagro de
otras latitudes. Y la gran masa, no solo le teme al cambio, sino que se
acomoda en lo establecido. Dicen por lo bajo en las casas y lo
demuestran el momento supremo de las urnas: “Es mejor un malo conocido,
que un bueno por conocer”. Ahí reside el problema de la oposición. Sus
adalides critican al gobierno, censuran sus actos, y en ocasiones de
manera pertinente, pero no convencen de que en su caso lo harían mejor…

