Por Andrés Dauhajre hijo/Tomado de El Caribe
La
República Dominicana se ha convertido en la estrella indiscutible del
firmamento económico latinoamericano, al exhibir niveles de crecimiento
sorprendentemente altos.
En
el 2014 registró un crecimiento de 7.6%, seguido en el 2015 por uno de
7.0%, mientras acelera el paso en el 2016 al mostrar en el primer
semestre un crecimiento de 7.4%. Nadie, absolutamente nadie, en la
región, se nos acerca.
En
el mundo, sólo los indios han crecido más que nosotros. El año pasado
crecieron en 7.3%. Pero este año, los taínos no los vamos a tirar. En el
primer trimestre del 2016, India creció en 7.9%, por encima de nuestro
6.1%. En el segundo, sin embargo, no los comimos: mientras ellos
crecieron en 7.1%, el Banco Central nos trajo la buena nueva del
crecimiento mayor del mundo en el segundo trimestre del 2016: 8.7%. A
los chinos no los habíamos tirado ya en el 2015, pues ellos crecieron en
6.9%, por debajo de nuestro 7.0%. Este año le sacaremos casi 9 cuerpos
(décimas) de ventaja (7.4% contra 6.5%).
Cuando
uno observa los niveles de crecimiento del PIB que estima el Banco
Central, necesariamente tenemos que llenarnos de orgullo. Para poder
hacer una comparación válida con los países de la región, el mejor
indicador de este extraordinario crecimiento es el PIB per-cápita en
dólares internacionales corrientes medidos en paridad de poder
adquisitivo (PPA).
Esta
información es publicada por el FMI para prácticamente todos los países
del mundo. En 1980, el PIB de República Dominicana en US$
internacionales corrientes de PPA ascendió a US$2,409 por habitante. Si
se mantiene el crecimiento de 7.4% del primer semestre durante el resto
del año 2016, terminaremos con un PIB per-cápita de US$16,077,
produciendo un crecimiento anual promedio para el período 1980-2016 de
5.41%, un nivel envidiable para cualquier país del mundo.
En
1980, la República Dominicana ocupaba la posición 15 entre 20 países
latinoamericanos en el ranking del PIB per-cápita en US$ internacionales
corrientes de PPA. Entre 1983 y 1998, nos movimos entre las posiciones
12 y 14. En el período 1999-2005, avanzamos a un rango entre 9 y 11. Del
2006 al 2015 mantuvimos con firmeza la posición 9 en todos los años de
ese período.
Este
año, si se mantiene el crecimiento de 7.4%, registraremos un avance sin
precedentes, pasando a ocupar la posición 6, siendo superados
únicamente por Chile, Argentina, Panamá, Uruguay y México, pues
sobrepasaremos a Venezuela, Brasil y Costa Rica. A Perú le pasamos
definitivamente en 1996 y a Colombia diez años después.
La
pregunta que uno se siente inclinado a plantear es la siguiente: Si la
República Dominicana lograse mantener un crecimiento anual promedio de
7.4%, similar al de este año, durante las próximas dos décadas, y el
resto de los países de la región se mantienen creciendo al ritmo del año
pasado, ¿cómo iría avanzado el país en el ranking del PIB per-cápita en
US$ internacionales corriente de PPA en los próximos años? Los
resultados de simular ese comportamientos son los siguientes: 1) en el
2019, los taínos le pasarán a los aztecas y pasarían a ocupar la quinta
posición; 2) en el 2023 le pasarían a los charrúas uruguayos y a los
mapuches argentinos, ocupando la tercera posición; 3) en el 2025
superarían a los mapuches chilenos, avanzando a la posición 2; y 4)
después de una prolongada carrera, en el 2033, le pasarían a la mezcla
de indios caribe, nahuas y mayas de Panamá.
Ese
debería ser un año de grandes celebraciones, pues la República
Dominicana se habrá convertido en el país más rico de Latinoamérica al
tener el PIB per-cápita en US$ corrientes internacionales de PPA más
alto de la región. ¿Qué necesitamos para que ese sueño se convierta en
realidad? Que nuestra economía siga creciendo como establece la
estimación del Banco Central en el primer semestre del 2016.
¿Implica
lo anterior que tenemos que hacer grandes reformas como las que está
tratando de pasar en India el primer ministro Narendra Mori? No
necesariamente, pues hemos visto que nuestra economía aparentemente
tiene el gen del crecimiento en su ADN. Las últimas reformas
estructurales fundamentales en el país se ejecutaron entre 1990 y 1996.
De ahí en adelante, las reformas han sido marginales y muy espaciadas. A
pesar de la sequía de reformas, hemos crecido más rápido que el resto
de los países latinoamericanos en el período 2014-2016.
¿Qué
necesitamos entonces? Me atrevería a proponer, con el permiso de los
expertos en teorías del crecimiento económico, que el Banco Central
mantenga el monopolio del cálculo de las Cuentas Nacionales. Estoy
consciente que con esta propuesta me estoy contradiciendo
inter-temporalmente, pues constituye un planteamiento contrario al que
presenté en el artículo publicado en este espacio el 1ro de septiembre
del 2014, cuando recomendé que se traspasara la responsabilidad de las
Cuentas Nacionales a una ONE convertida en verdadero Instituto Nacional
de Estadísticas.
No
percibo que estemos todos convencidos de la importancia de un INE de
alto nivel y en consecuencia, convendría que el Banco Central siga
asumiendo la responsabilidad de estimar el crecimiento. Después de todo,
debemos reconocer que al país le ha ido muy bien con esas estimaciones.
Aunque
con otros gobernadores diferentes al actual, el PIB per-cápita en US$
corrientes internacionales de PPA creció a una tasa anual promedio
considerable (Luis Julián Pérez, 10.22% y Carlos Despradel, 8.47%), el
crecimiento anual promedio de 6.80% durante los 18 años de Héctor
Valdez, es un promedio igual o mejor que el de David Ortiz. Este último,
a pesar de sus extraordinarios números, se retirará cuando termine esta
campaña.
A
Valdez deberíamos prohibirle que se retire, pues no gobierna el Banco
Central con las piernas, sino con su cerebro, sus gestos, miradas y
sobre todo, sus números. Necesitamos seguir creciendo veinte años más.
Estamos
seguros que con Valdez en el Banco Central, en el 2033 nos
convertiremos en los más ricos de la región. Y que nadie saque a relucir
el tema de la edad. Don Luis en su mecedora, con 75 años, logró un
crecimiento anual de 10.22%. Y el presidente Balaguer, con 90 años en
1996, dejó un avión listo para despegar. ¿Cuál entonces es el problema
de que tengamos un gobernador de 86 años en el 2033? No inventen. l
