viernes, 13 de septiembre de 2013

KILSSY MENDEZ! La mitad de un Petete

La mitad de un Petete
Por: Kilssy Méndez/Tomado de Cuatriboliao.net

Creo que a cada padre nos pasa lo mismo cuando recibimos los listados casi interminables de los materiales que necesitan nuestros hijos para empezar su año escolar. Sin miedo a equivocarme esta época debe ser la más temida por muchos padres y la de mayor regocijo entre los centros educativos y más aun para las tiendas que desde el mes de julio empiezan a abastecerse de todo lo que “necesita” el estudiante, además de las entidades financieras que te ofrecen una “solución”.


Sé que los tiempos han avanzado, sé que la metodología de estudio que se aplica hoy en día es diferente y que no puedo pretender que los métodos de estudio que se empleaban en mis años de estudios, deban ser los mismos que se empleen ahora y hasta en las próximas generaciones. Pero que sencillos, prácticos y educativos eran.

A lo que realmente temo es a la confusión que se ha creado en nuestra sociedad de lo que se quiere tener y de lo que realmente se necesita, porque es básicamente esa confusión lo que ha llevado a centralizarnos más en los aspectos materiales, creando una sociedad indolente y de menosprecio hacia sus semejantes.

Para mí nunca fue una vergüenza ni causa de trauma ir a la escuela con la mitad de un cuaderno petete, petete que mi madre compartía entre mi hermano y yo que éramos las menores de la casa. Lo mismo sucedía con el lápiz partido a la mitad, siendo la única disputa que se suscitaba en ese tiempo, la parte que tenía el borrador, la cual mi madre me concedía por ser la menor de los dos, pero esto nunca fue causa de vergüenza de mi privilegiado origen, sino de admiración por los padres que me tocaron y que dentro de sus posibilidades podían darnos en igualdad lo que necesitábamos.

Otro aspecto a mencionar sobre el modelo de educación en mi tiempo, era el centro educativo al que asistíamos, no tenía profesores, tenían maestros, guías e instructores que se preocupaban primero por educar junto a mis padres a personas y luego hacer de esas personas profesionales. Eran mis segundos padres, los que todavía hoy en día recuerdo con amor. Ellos tenían el derecho de saber todo lo que sucedía a mi alrededor y en mi familia, porque esto tenía un impacto directo en mi aprendizaje y de hecho las decisiones tomadas por mis maestros no eran cuestionadas por mis padres, porque había un mutuo respeto, sin dejar de mencionar que los maestros más que una profesión ejercían una vocación.

Nunca use temperas, acuarelas, masillas, cartulinas, papel de construcción y muchos otros materiales que se piden hoy en día en mis primeros años de estudios, para ayudar a la creatividad del estudiante y la identificación temprana de los colores. Pero si tenía maestros dedicados que usaban la creatividad e imaginación innata con la que todo ser humano nace. Teníamos además materias que eran esenciales para nuestro desarrollo, tales como, desarrollo comunitario, cuidado e higiene, moral y cívica, religión, entre tantas otras que hoy en día se han sustituido por contribuciones financieras.

Definitivamente nuestro sistema educativo debe hacer una revisión exhaustiva de sus programas de enseñanza y de los profesionales que se están creando, porque nada hacemos con educar profesionales que no tengan un desarrollo personal adecuado y que sean indolentes ante las verdaderas necesidades de afecto de sus alumnos e indolentes ante la necesidad de desarrollo de nuestro país.