Por David Ramírez
Al igual que la fecha de la
fundación de Barahona, el rio Birán guarda un gran misterio, no existe
la certeza sobre el origen de su nombre actual. El nombre “Birán” de
este emblemático rio, cuya otrora agua transparente y limpia inspiró a
poetas a escribir hermosos poemas en prosas y versos, no es investigado a
fondo en ninguno de los libros que analizan la fundación y evolución de
la ciudad.
Matías Ramírez, el costumbrista,
cuentista y poeta, nos revela en su obra “La fundación de Barahona”,
que la palabra “Birán” corresponde a la lengua de los indígenas que
habitaron la isla. Pero resulta que la palabra “Birán” no está
registrada en el Diccionario histórico de la Lengua Española, tampoco
aparece en las principales obras de estudiosos en la filología
indigenista como Emiliano Tejera o Pedro Henríquez Ureña. ¿De donde
proviene el nombre del rio más representativo de la ciudad de Barahona?
Voy a plantear dos hipótesis no
exagerada, pero históricamente posible del origen del nombre del rio
Birán. Conviene aclarar primero que no voy a realizar deducciones ni
establecer paralelismos improcedentes y fantasiosos.
Primero, es posible que los
taínos llamaran a este rio con el nombre de un cemí y, segundo, es
posible que el nombre “Birán” le haya sido puesto a este rio por las
tropas haitianas encabezada por Toussaint Louverture cuando ocuparon
nuestro territorio.
El historiador Antonio del Monte
y Tejada, revela en su libro “Historia de Santo Domingo” que en su
segundo viaje el almirante Cristóbal Colón “pasó por delante de la boca
del rio Neyba (Yaque del Sur), avistando un llano amenísimo lleno de
aldeas y caseríos tan contiguas que, por espacio de una legua, parecía
solo un pueblo”. Este suceso del almirante Colón es citado brevemente
por José A. Robert en su libro “Evolución histórica de Barahona” que
aprovecha también para revelar, al final de la página, que un señor
llamado Julio Coiscou encontró en esa zona un gran pedernal que tal vez
sirvió de hacha para algún indígena.
Por otro lado, Hernando Colón,
hijo de Cristóbal Colón y narrador de los viajes del Almirante a las
Indias, en su libro “Historia del Almirante” no recoge tal avistamiento
de indígenas y aldeas ni ningún otro suceso parecido en esa zona de
Barahona, por lo que científicamente no podemos validar esa revelación
de los historiadores del Monte y Tejada y José A. Robert como verídico.
Pero, en todo caso, basado en el suceso que nos narran cada uno de estos
historiadores en sus libros, el lugar exacto donde el almirante avistó a
los indígenas tainos, formaba parte del cacicazgo Xaragua o Jaragua,
uno de los cinco cacicazgos existente en aquel entonces en la isla
Española, que fueron diezmado por los españoles y las enfermedades.
Las creencias y ritos religiosos
de los tainos fueron recogidos en su mayor parte por fray Ramón Pané,
un fraile jerónimo que arribó a la Española en el segundo viaje de
Cristóbal Colon y que, por orden del propio almirante, vivió entre los
indígenas para conocer sus mitos,creencias y costumbres para luego
anotarlo en un manuscrito.
De las creencias de los tainos
apenas se conoce muy poco. Se sabe que fueron diestros ceramistas y
talladores, también que rendían culto a ciertos ídolos llamados cemíes, a
quienes representaban como seres sobrenaturales. José Juan Arrom en su
libro “Mitología y artes prehispánicas de las Antillas” nos revela que
de esos dioses solo han quedado algunos nombres incomprensibles y una
que otra vaga referencia de las funciones que desempeñaban.
Para el historiador Roberto
Cassá, los cemíes tenían la función de ser oráculos del resultado de las
cosechas, las guerras, el futuro, la obtención de riquezas o como
espíritus protectores (ver Roberto Cassá “Los tainos de la Española”).
Entre los cimíes que adoraban
los tainos, conocemos el caso de uno llamado “Opiyelguobirán”, un cemí
con cuatro pies, como de perro. Supuestamente este Dios indígena era el
portavoz de buenas nuevas y mensajero de las mayores desgracias,
guardián de los vivos y de los muertos. De “Opiyelguobirán”, dicen que
huyó cuando los cristianos llegaron a la isla y nunca más se supo de él.
En el Museo del Hombre Dominicano se encuentra un cemí, encontrado en
Samaná, que cumple con esta descripción.
Si descomponemos el nombre de
este cemí, tomando como fuente el libro “Voces de bohío-Vocabulario de
la cultura taina” de Rafael García Bidó, tendremos que Opiy/Opia
significa «espiritu» o «alma de los muertos», mientras que elguo es un
sufijo que significa «hijo de».
El significado de la palabra
“birán” es desconocida para los etnólogos o investigadores del lenguaje
de los indígenas, aunque existen voces conjeturando que es un genérico
“ibiran” que al parecer significa «burlar o «jugar»,pero “ibiran”
tampoco aparece en ninguna de las obras ya citadas en nuestra
investigación.
¿Por qué esta palabra resulta un
misterio para los investigadores? Fue el almirante Colon quien llevó el
manuscrito del fraile Ramón Pané a España que, al ser traducido por
Fray Bartolomé de las Casas, Pedro Mártir entre otros, sufrió múltiples
alteraciones tan serias que se han mantenido hasta el día de hoy.
Otras de las razones por la que
no se han corregido estas confusiones se deben a la reinterpretación de
este vocabulario cuando se transfirieron al español, por ejemplo, para
Fray Bartolomé de las Casas y Pedro Mártir algunas resultaban complejas y
difíciles en su pronunciación y escritura. Además, se dá el caso que
los investigadores actuales no pueden corregir esos errores ya que el
manuscrito originar de Pané se encuentra perdido.
¿Qué relación podría tener el
cemí taino “Opiyelguobirán” con el nombre “Birán” de nuestro rio? El
cacicazgo Xaragua era un reinado que se extendía por todo el Suroeste de
la isla Española y era el que había alcanzado el mayor desarrollo (en
la escala Morgan-Engel sobre las sociedades primitivas), entre los cinco
cacicazgos existentes en la isla cuando llegaron los españoles.
Se plantea como posible que los
cinco cacicazgos compartieran y hasta tuvieran sus propios cemíes.
Lamentablemente en su manuscrito, fray Ramón Pané, no describe ni
precisa con detalle en qué lugar o territorio de la isla obtuvo la
estatua de madera del cemí “Opiyelguobirán”, sólo dice en su manuscrito
que era propiedad de un cacique que llevaba el nombre de Cavavaniovava.
Para nosotros resulta curioso
que en este cemí una parte de su nombre coincida con el que lleva
nuestro rio. Aclaremos este detalle, eso podría ser solo circunstanciar o
tal vez evidencia de que en el pasado hubo alguna relación directa o
indirecta de los aborígenes tainos con el rio Birán.
Como expliqué antes de comenzar,
es solo una hipótesis, ya que no existen evidencias o estudios
antropológicos y arqueológicos que demuestren, con precisión científica,
cuales eran los cemíes que adoraban los indígenas pertenecientes al
cacicazgo Xaragua y otros cacicazgo en la isla Española antes de ser
exterminados.
José Juan Arrom se lamentaba
porque, a pesar que la lengua de los indígenas contribuyó más que ningún
otro idioma al enriquecimiento del español, no tenemos registrado la
gramática y su vocabulario de cuando todavía existían, pero tampoco se
ha investigado debidamente después de que fueran exterminados del Caribe
y las Antillas.
Por otro lado, siguiendo las
pistas de la genealogía francesa sabemos de la existencia de un apellido
francés “de Biran”. Partiendo de este hallazgo, la segunda hipótesis
que podemos plantear es que el nombre “Birán” colocado a nuestro rio
haya sido derivado de un apellido francés. Cabe recordar que el 21 de
enero de 1801 el general Toussaint Louverture, unificó la isla en nombre
de Francia.
Ese antiguo esclavo, cochero y
general del ejercito haitiano, actuando en nombre del gobierno francés,
entró a la parte este de la española, ocupándola supuestamente para dar
cumplimiento al Tratado de Basilea (ver Evolución Constitucional
Dominicana 1844-2010 de José Núñez Grullón), esa ocupación apenas duró
14 meses, pero dejó profunda huellas ya que, aunque existen dudas acerca
de estos hechos, algunos historiadores creen que Toussaint fundó
poblados y villas.
De hecho, existe una
controversia al respecto. Historiadores como Vicente Tolentino Rojas y
Welnel Darío Féliz, autor del libro “Historia de Barahona 1801-1900”,
defienden la tesis que Barahona fue uno de esos poblados fundados por
Toussaint Louverture. Esos historiadores establecen como cierto que el
general haitiano fundó Barahona en 1801 o 1802 por la importancia
estratégica que tenía la bahía de Neiba y el puerto.
Ese evento histórico no
necesariamente pudo haberse de desarrollado así. Tanto Vicente Tolentino
Rojas como Welnel Darío Féliz, no presentan las documentaciones
históricas que avalen semejante tesis. Pero, si lo que plantean esos
historiadores resultara cierto, que el general Toussaint Louverture
fundó poblados y villas en nuestro territorio, cabe la posibilidad de
que también le pusieran los nombres algunos ríos en los lugares donde se
asentaron las tropas haitianas.
Conocemos casos de pueblos
dominicanos que cambiaron su nombre «afrancesados» por uno «español» en
homenaje algún patriota o un valiente indígena (como fue el caso de
Petit Trou por el de Enriquillo), después de la creación del Estado
Dominicano, lo que podría resultar posible que los nombres de algunos
ríos «afrancesados», permanecen intactos a lo largo de la historia.
Debo aclarar que no sustento
tesis alguna de que el nombre “Birán” de nuestro rio es un derivado del
apellido francés “de Biran”, tampoco puedo conjeturar que le fue
colocado por Toussaint Louverture o algún miembro (que llevara este
apellido), de su ejército durante la ocupación haitiana en Barahona.
Pero, por el control e interés que ejerció ese general haitiano durante
14 meses en esta zona, planteo la hipótesis de que el apellido “de
Biran” tal vez, léase bien, tal vez, pudiera guardar alguna relación con
el nombre de nuestro rio.
Una hipótesis es sólo eso: una
hipótesis. En este caso son dos y deben ser probadas mediante el método
científico, sin conjeturas ni apasionamientos históricos. Si una de
estas hipótesis resultara verdadera, habremos dado un gran paso ya que
el rio Birán ha dejado grandes recuerdos en la memoria de cada
barahonero, recuerdos tristes y recuerdos felices de su niñez o
adolescencia.
Por esa y otras razones el rio
Birán debe ser cuidado y preservado, no solo porque es un patrimonio
natural de la ciudad, sino porque forma parte de nuestra identidad
histórica.