El astro del Chelsea apareció en los últimos minutos y él solo ganó un partido que estaba abocado al empate
ARTURO CARRETERO | MADRID
Tomado de http://www.republica.com
Bélgica ha vencido a Rusia (1-0) y se ha clasificado para los
octavos de final de forma matemática gracias a un gol de Origi tras una
genialidad de Hazard, que tiró del carro en los últimos minutos para dar
la victoria a su equipo tras un partido igualado en el que sin embargo
la selección de Wilmots, que acertó de nuevo en los cambios, no hizo el
juego que se espera de ella, mientras Rusia, mejor que ante Corea del
Sur, obtuvo demasiado castigo.
Sorprendían ya desde el
principio las alineaciones. Capello dejaba fuera a Zhirkov, Dzagoev, el
hombre de más talento, Denisov y Kerzakhov, que le salvó las castañas
del fuego ante Corea del Sur. Mucha clase fuera del campo y dentro del
mismo más músculo que ante los asiáticos.
En Bélgica entraban en el once
Fellaini y Mertens, que propiciaron la remontada ante Argelia, por
Dembelé y Chadli. En el lateral izquierdo se caía Vertonghen y entraba
Vermaelen. Wilmots premiaba a los que lo habían hecho bien en el
anterior encuentro.
Empezó dominando Bélgica,
presionando muy arriba e intentando jugar el balón muy rápido, aunque
arriesgaba demasiado adelantando tanto al equipo, dejando bastantes
huecos atrás.
Pese a que el balón era de los
Hazard, De Bruyne y compañía, la primera ocasión fue de Fayzulin en un
disparo desde fuera del área que despejó bien Courtois. Eran los
primeros minutos, pero ya daba la impresión de que el partido estaba
roto en el centro del campo y las idas y venidas de los dos equipos eran
continuas.
Pudo marcar también Mertens,
hasta entonces el mejor hombre del partido, por parte de Bélgica tras
una buen jugada personal que acabó con un fuerte disparo, en el que
avisaba por primera vez a Akinfeev, y en una medio vaselina que se fue
muy cerca del larguero del meta ruso.
El del Nápoles era un auténtico
cuchillo por la banda derecha y era el que ofrecía más peligro por parte
de los de Wilmots, dónde no había noticias de Lukaku.
El ritmo inicial eléctrico con
el que se había iniciado el partido se fue frenando con el paso de los
minutos sin que hubiese un dominador claro. Rusia se estiraba y tuvo la
posibilidad de adelantarse con un claro penalti no señalado en una
jugada en la que Alderweireld derribaba claramente a Kokorin al intentar
despejar. También pudo hacerlo con un disparo de Kannunikov que volvió a
despejar Courtois.
Bélgica, cuyo peligro venía solo
por la banda derecha, cedía cada vez más metros y Rusia intentaba salir
a la contra. La ocasión más clara la tuvo Kokorin casi al final de la
primera parte, con un remate de cabeza que se marchó a la izquierda del
palo defendido por Courtois, que hizo la estatua. Kerzakhov, en el
banquillo, no hubiese perdonado.
Así se llegaba al final de la
primera parte con la sensación de que Rusia había perdonado a una
Bélgica que fue de más y menos y cuyo peligro pasó íntegramente por los
pies de Mertens.
Aparece Hazard
La segunda parte comenzó con
Bélgica decidida a llevar la iniciativa, pero movía la pelota con
demasiada lentitud, Lukaku seguía sin aparecer y el balón no le duraba
demasiado, lo que aprovechaba Rusia para salir a la contra como en la
primera mitad, justo como Capello quería.
Wilmots no veía las cosas claras
y cambiaba a Lukaku, que no encajó nada bien el cambio, por Origi, el
futbolista del Lille, para intentar dar más movilidad arriba al equipo.
El cambio acabó siendo clave.
Bélgica empezaba a controlar más
el partido y Hazard, que se había ido difuminando con el paso del
tiempo, comenzaba a entrar algo más en juego, como se esperaba, aunque
no lograba de encontrar el hueco en la ordenada defensa rusa y las
ocasiones no llegaban. Las únicas, si se les puede llamar ocasiones, las
protagonizaba Rusia a través del balón parado, mientras el banquillo de
Bélgica se desesperaba al no encontrar el juego que se esperaba de la
selección roja.
Bélgica carecía de ideas y
Wilmots quitaba a Mertens para poner a Mirallas, un nuevo cambio para
intentar llevarse el partido en los últimos minutos, como sucedió ante
Argelia, a la vez que renunciaba a colgar balones a Felleaini.
Hasta entonces, el que tuvo la
gran ocasión de la segunda parte fue Eshchenko, cuyo remate se marchó
desviado a la derecha de Courtois. Capello olía sangre y entonces sí
sacó a uno de sus mejores hombres, Dzagoev, que entraba por Shatov,
justo cuando Bélgica estrellaba un balón al palo tras un disparo de
falta botado por De Bruyne.
El tiro al a la madera pareció
despertar a Bélgica y sobre todo a Hazard. El centrocampista del Chelsea
se ofreció, tiró del equipo en los últimos minutos y solucionó el
partido. Primero intentó una jugada personal dentro del área con ruleta
incluida que acabó con un disparo que se fue fuera. En la siguiente no
perdonó. Hizo un jugadón por la banda izquierda tras combinar con Origi,
se metió en el área, apuró línea de fondo y metió un balón atrás para
el propio Origi, que el joven delantero mandó al fondo de la red con un
trallazo.
Poco después, ya en el
descuento, el pequeño astro belga volvió a hacer una gran jugada, que
cedió a Mirallas, pero su disparo lo detuvo Akinfeev. No había tiempo
para más. Y otra vez más, como sucedió este sábado con Messi, definió un
genio con el tiempo casi agotado.