Orlando Gil/Tomado de Listin Diario
HOMBRE
CALENDARIO.- Abel Martínez se convirtió en una leyenda política en
Santiago, y lo menos que se decía, y todavía se sigue diciendo, era que
podía aspirar al puesto que fuera y era segura su elección.
Al parecer
pretendía en un primer momento la senaduría, y Julio César Valentín, en
caso de que se lanzara, iba a cargar pesado. Sin embargo, lo salvó la
campana de la reserva. Martínez, por tanto, no tenía panorama inmediato
que no fuera repetir como diputado, e incluso como simple diputado, pues
no se le permitiría continuar al frente de la cámara baja después del
2016. La alcaldía de Santiago era una opción, una buena opción, y en la
agenda del PLD estaba recuperar esa plaza. Una plaza, por demás, muy
competida, y muy competida entre los propios peledeístas, que contaban
con tres aspirantes, pero también porque la oposición aliada tenía muy
buen candidato. El caso del reformista José Enrique Sued, que conoce
mucho del vuelve y vuelve. Así que, la situación se pintaba con cabellos
y no calva como se dice de las oportunidades...
EL
SOL CAMBEA.- Abel Martínez era invencible antes, o hasta hace poco,
pero después que Fernando Rosa declinó a favor de Monchy Rodríguez, y
Aura Toribio perdió intensidad, la competencia luce más pareja. Ahora
Martínez sigue alante, pero no con tanta distancia, y con el invento del
empate técnico, podría ir cabeza con cabeza con Rodríguez. No obstante,
hay que decir que esas mediciones se hacían con un presidente de la
Cámara de Diputados en frío, sin definir sus aspiraciones. Decía en una
entrega anterior que la posibilidad o la inminencia de que Martínez se
lanzara fue lo que llevó a Rodríguez y a Rosa a un arreglo, con
declinatoria incluida. Como también que no había candidato a la
alcaldía, a pesar del desacato de hace dos semanas, cuando se produjo
una proclamación de Rodríguez entre comillas, con alevosía y asechanza
de parte de miembros del Comité Político del PLD. Sería ahora cuando en
verdad se pelaría canela fina...
AL
PONERSE LAS PALOMAS.- Abel Martínez publicó un mensaje en Twitter
pidiendo que lo incluyeran en la medición del PLD en Santiago, y como
era de esperarse, provocó un terremoto en la demarcación y entre los
otros pretendientes. Sin embargo, en lo que llega la encuesta oficial,
en una de oposición, Martínez no anda muy lejos de Monchy Rodríguez,
acaso tres puntos, y Rodríguez, confrontado con José Enrique Sued, da la
batalla. Pero la situación será resuelta con la que encargue la
Comisión Nacional Electoral, y las implicaciones se amontonan. Lo de
Sued puede esperar, y el enfrentamiento que importa por el momento es el
de Martínez y Rodríguez, y en Santiago no se ve como una competencia
entre Martínez y Rodríguez, sino entre el presidente del Partido, Leonel
Fernández, y el presidente de la República, Danilo Medina. Martínez
sería el gallo de Fernández y Rodríguez de Medina. No hay guión
alternativo, y evidentemente la realidad impone dos frentes de
guerrilla, y los dos muy peligrosos, si se recuerda que el CP anda de
por medio...
ENTRE
“OREJÚES”.- Franklin Almeyda llamó “orejú” a su compañero del Comité
Político Temístocles Montás, sin darse cuenta de que los laterales de su
cabeza crecían igualmente de manera desproporcionada. De “orejú” a
“orejú”, obviamente. Montás patrocina a Domingo Contreras, y Almeyda
critica esa parcialidad porque respalda a Roberto Salcedo. Sin embargo,
el sector Leonel Fernández, al que pertenece Almeyda, advierte tarde que
se metieron en camisa de once varas, y que al involucrarse en esa lucha
perjudican a Salcedo y favorecen a Contreras. Decían que detrás de
Contreras estaba Reinaldo Pared, cuya fuerza política es innegable en la
capital, pero que además, al no poder usar los recursos de la campaña
presidencial, habría reforzado económicamente al retador de Salcedo.
Ahora, después que apareció Montás, y lo siguió Almeyda, el amparo de
Contreras podría estar en el Palacio Nacional. La táctica se comió la
estrategia, y los leonelistas, con Almeyda a la cabeza, estarían
gritando, pues el rodillo de Medina podría pasar de nuevo, aun cuando la
carretera se supone apisonada
