Ni los muertos en sus tumbas están seguros
Por Juan Francisco Matos
Estando
en el cementerio municipal "Don Américo Melo", en la parte alta de la
ciudad de Barahona, al que asistí para dar mi último adiós a un amigo,
noté que una persona con un pico en mano perforaba el ataúd con el
cadáver en su interior listo para ser introducido en la tumba.
Pregunté:-- Señor, por qué le hace hoyos al ataúd.-- “Para evitar que
los delincuentes se lo roben", contestó.--
Sentí
rabia y maldije, no sé a quién diablos, bajo la mirada de algunas
personas. Esta acción demuestra el miedo y terror de la familia
dominicana hacia la delincuencia que al parecer a tumbado el pulso a las
autoridades que dicen combatirla en República Dominicana.
Tras
recobrar la calma, comenté lo del ataúd con dos o tres comunitarios
presentes conocidos míos, uno de los cuales me dijo: "Sony", que es mi
apodo, "todavía aquí estamos bien. Dentro de tres o cuatro años, si las
autoridades no logran controlar la delincuencia, en nuestro país no se
podrá vivir"-- "Entonces, cómo nos haremos", le pregunté.-- "Sólo el
diablo lo sabe", ripostó indignado mi interlocutor.
Cuando
llegué a casa, recordé que el pasado año delincuentes sacaron de su
tumba un difunto, se llevaron el ataud, y dejaron el cadáver tirado en
el suelo como si se tratara de un animal.
Al
par de días, la Policía apresó a los autores de este abominable acto,
los cuales al poco tiempo estaban de nuevo en la calle en sus andanza
delictivas.
