Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do
@orlandogildice/Tomado de Listin Diario
LAS
ALIANZAS.- Advertí con tiempo que esa locura de alianzas sin control ni
criterio iba a terminar en un manicomio, y no en cualquier manicomio,
sino en uno lleno de precariedades.
Los partidos políticos no hicieron
caso, y llevaron su papelería a la Junta Central Electoral, y al
organismo no le quedó de otra que obligarlos a desandar sus pasos. A
corregir lo mal hecho, a arreglar la carga en el camino. Interesante que
ninguno replicó a la JCE, y que se ocuparon de resolver callados el
desorden, pues la situación es grave. Si los magistrados se dejaran
influenciar por las emociones y no asumieran la situación con la
prudencia que demanda la circunstancia, el trance electoral podría ser
difícil, muy difícil. Por ejemplo, mucho de esos pactos podrían caerse, y
las elecciones convertirse en un infierno. El mal es de muchos, pero no
puede llegar a consuelo de tontos. Pues acuerdos políticos y
electorales como los del PRM y el PRSC, o del PLD y el PRD, no es un
asunto que pueda despacharse con un gesto, o con un exabrupto, pero
tampoco creyendo como el rey Salomón que dando la mitad del niño a cada
madre, las partes quedan satisfechas. ¿Qué pasaría si la JCE no fuera
comprensible y aplicara la ley con toda su rigurosidad? Mejor no
pensarlo...
SALIDA,
NO SOLUCIÓN.- Empiezan a fluir las versiones, y cada magistrado filtra
lo que le conviene, pues no existe consenso y desde fuera se aprecian
dos posiciones. La que aconseja echar agua al vino, buscarle la vuelta y
ayudar a los partidos a quedar bien parados; y la que, por el
contrario, insiste en que arreglen su tollo. ¿Cuál de estas dos
corrientes se impondrá? Mejor no decirlo. Los partidos la tienen
difícil, pero también la JCE. Nunca como ahora todas las decisiones
estuvieron en sus manos. Por ejemplo, PLD y PRD. El desbarajuste fue tan
grande que todavía a las tres de la mañana, cumplido el plazo, seguían
cambiando posiciones a nivel congresual y municipal. Ese pacto podría
caerse, o anularse, por muchas razones. Pero el PRM y el PRSC tampoco
pueden dar la cara, pues si bien es verdad que los reformistas jugaron
sus cartas adecuadamente, los perremeístas no lograron quórum en su
convención. Volverla a hacer podría ser una salida, pero no una
solución...
LAS
PIEZAS.- Las alianzas no fueron alianzas, sino mosaicos, y ninguno de
los puzles complace, pues o faltan piezas o sobran. El pleno de la JCE
pudo haber discutido a profundidad, y resolver de acuerdo a la autoridad
que le otorga la ley, pero le salieron huyendo a los detalles, y ni
siquiera se atreven a compartirlos con la opinión pública. Filtran, como
dije, pero no resulta suficiente, pues la inscripción de alianzas fue
el principio, la inscripción de candidaturas lo definitivo. En
apariencia, claro está. Pues si la JCE no decide adecuadamente, cada
caso podría ir al Tribunal Superior Electoral, llevado por los partidos.
Pero igual si las candidaturas no se corresponden con el estatuto
interno o la ley, aunque en esa circunstancia sería iniciativa de los
aspirantes. Los plazos salvaron por el momento, pues la ley permite que
el organismo alargue o acorte, y el pleno acordó alargar, dando tiempo a
los partidos, pero también dándose tiempo, ya que no es igual prisa que
premura. ¿Podrán los partidos cumplir con el nuevo calendario?...
LOS
ELEMENTOS.- Los partidos, como decía, fueron víctimas de sí mismos, y
de la libre decisión de sus miembros, que no acatan orden ni respetan
autoridad. Por ejemplo, ese afán de crecer a costa del otro. De dar
villas y castillas al recién llegado, haciendo del sonsacamiento y el
transfuguismo leyes ocasionales de la política. Pero también ese ardor
por ocupar posiciones electivas, pues la categoría de votante quedó
atrás y ahora prevalece la de aspirante. Los partidos no avanzaron en la
confección de su boleta, pues los directivos se las pasaron componiendo
y recomponiendo, y al final sin evitar los disgustos y las fugas. Antes
los compañeros o los compatriotas se peleaban por las candidaturas a la
Presidencia de la República, al Senado, a la Cámara de diputados, a las
alcaldías, pero ahora, y resulta inusitado, entre los cargos de mayor
importancia se cuenta el regidor y el jefe de distrito. Y uno tiene
suplente y el otro vocal. Una democracia viva en extremo, pero igual
afanosa y difícil de conciliar. Será corriente oír: “Yo te puse, pero la
Junta te quitó...”.
