martes, 8 de marzo de 2016

ORLANDO DICE... Manicomio de las alianzas

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Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do
@orlandogildice/Tomado de Listin Diario
LAS ALIANZAS.- Advertí con tiempo que esa locura de alianzas sin control ni criterio iba a terminar en un manicomio, y no en cualquier manicomio, sino en uno lleno de precariedades. 


Los partidos políticos no hicieron caso, y llevaron su papelería a la Junta Central Electoral, y al organismo no le quedó de otra que obligarlos a desandar sus pasos. A corregir lo mal hecho, a arreglar la carga en el camino. Interesante que ninguno replicó a la JCE, y que se ocuparon de resolver callados el desorden, pues la situación es grave. Si los magistrados se dejaran influenciar por las emociones y no asumieran la situación con la prudencia que demanda la circunstancia, el trance electoral podría ser difícil, muy difícil. Por ejemplo, mucho de esos pactos podrían caerse, y las elecciones convertirse en un infierno. El mal es de muchos, pero no puede llegar a consuelo de tontos. Pues acuerdos políticos y electorales como los del PRM y el PRSC, o del PLD y el PRD, no es un asunto que pueda despacharse con un gesto, o con un exabrupto, pero tampoco creyendo como el rey Salomón que dando la mitad del niño a cada madre, las partes quedan satisfechas. ¿Qué pasaría si la JCE no fuera comprensible y aplicara la ley con toda su rigurosidad? Mejor no pensarlo...

SALIDA, NO SOLUCIÓN.- Empiezan a fluir las versiones, y cada magistrado filtra lo que le conviene, pues no existe consenso y desde fuera se aprecian dos posiciones. La que aconseja echar agua al vino, buscarle la vuelta y ayudar a los partidos a quedar bien parados; y la que, por el contrario, insiste en que arreglen su tollo. ¿Cuál de estas dos corrientes se impondrá? Mejor no decirlo. Los partidos la tienen difícil, pero también la JCE. Nunca como ahora todas las decisiones estuvieron en sus manos. Por ejemplo, PLD y PRD. El desbarajuste fue tan grande que todavía a las tres de la mañana, cumplido el plazo, seguían cambiando posiciones a nivel congresual y municipal. Ese pacto podría caerse, o anularse, por muchas razones. Pero el PRM y el PRSC tampoco pueden dar la cara, pues si bien es verdad que los reformistas jugaron sus cartas adecuadamente, los perremeístas no lograron quórum en su convención. Volverla a hacer podría ser una salida, pero no una solución...

LAS PIEZAS.- Las alianzas no fueron alianzas, sino mosaicos, y ninguno de los puzles complace, pues o faltan piezas o sobran. El pleno de la JCE pudo haber discutido a profundidad, y resolver de acuerdo a la autoridad que le otorga la ley, pero le salieron huyendo a los detalles, y ni siquiera se atreven a compartirlos con la opinión pública. Filtran, como dije, pero no resulta suficiente, pues la inscripción de alianzas fue el principio, la inscripción de candidaturas lo definitivo. En apariencia, claro está. Pues si la JCE no decide adecuadamente, cada caso podría ir al Tribunal Superior Electoral, llevado por los partidos. Pero igual si las candidaturas no se corresponden con el estatuto interno o la ley, aunque en esa circunstancia sería iniciativa de los aspirantes. Los plazos salvaron por el momento, pues la ley permite que el organismo alargue o acorte, y el pleno acordó alargar, dando tiempo a los partidos, pero también dándose tiempo, ya que no es igual prisa que premura. ¿Podrán los partidos cumplir con el nuevo calendario?...

LOS ELEMENTOS.- Los partidos, como decía, fueron víctimas de sí mismos, y de la libre decisión de sus miembros, que no acatan orden ni respetan autoridad. Por ejemplo, ese afán de crecer a costa del otro. De dar villas y castillas al recién llegado, haciendo del sonsacamiento y el transfuguismo leyes ocasionales de la política. Pero también ese ardor por ocupar posiciones electivas, pues la categoría de votante quedó atrás y ahora prevalece la de aspirante. Los partidos no avanzaron en la confección de su boleta, pues los directivos se las pasaron componiendo y recomponiendo, y al final sin evitar los disgustos y las fugas. Antes los compañeros o los compatriotas se peleaban por las candidaturas a la Presidencia de la República, al Senado, a la Cámara de diputados, a las alcaldías, pero ahora, y resulta inusitado, entre los cargos de mayor importancia se cuenta el regidor y el jefe de distrito. Y uno tiene suplente y el otro vocal. Una democracia viva en extremo, pero igual afanosa y difícil de conciliar. Será corriente oír: “Yo te puse, pero la Junta te quitó...”.