La presidenta de la cámara baja, la demócrata Nancy Pelosi, flanqueada por los dirigentes de su bloque James Clyburn, izquierda, y Richard Neal, realiza una conferencia de prensa previa a la votación sobre el paquete de rescate de 1,9 billones de dólares, en el Capitolio, Washington, 9 de marzo de 2021. (AP FOTO/J. SCOTT APPLEWHITE)
La Cámara de Representantes dio la
aprobación final a la iniciativa en una votación casi dividida a raya por los
dos partidos, con 220 a favor y 211 en contra, exactamente 50 días después de
que Biden asumió la presidencia y cuatro días después de que el Senado dio luz
verde al proyecto. Los republicanos de ambas cámaras han votado en bloque
contra el paquete, que consideran inflado, lleno de medidas izquierdistas y
ciego a las señales de que las dos crisis empiezan a ceder.
“Ha llegado la ayuda”, tuiteó Biden
poco después de la votación. El presidente dijo que la firmará el viernes.
Para muchos ciudadanos, lo más
notable son los cheques de 1.400 dólares que recibirán directamente del
gobierno y la extensión al tiempo en que los desempleados podrán recibir un
subsidio de 300 dólares semanales, hasta inicios de septiembre. Pero la
legislación es mucho más que eso.
La medida constituye el cumplimiento
de una promesa de campaña para los demócratas y la prioridad de Biden de aliviar
el doble mazazo que recibió la economía hace un año. Desde entonces, la
pandemia ha obligado a millones de personas a permanecer encerradas en sus
casas para evitar una enfermedad que ha matado a más de 525.000 en el país, y
ha sumido a la economía en su crisis más profunda desde la Gran Depresión.
“Hoy hemos una tomado una decisión
de enormes consecuencias, una decisión que marcará una diferencia para millones
de estadounidenses, que salvará miles de vidas y empleos”, declaró la
presidenta de la cámara baja, la demócrata, Nancy Pelosi.
Para Biden y los demócratas, la ley
es un lienzo en el que han pintado sus convicciones principales: que los
programas de gobierno pueden ser beneficiosos —no un flagelo— para millones de
personas y que gastar sumas enormes en semejantes iniciativas puede ser un
remedio, no un derroche. La medida se ajusta tanto a las prioridades demócratas
que muchos la consideran a la altura de lo mejor de sus carreras y a pesar de
la estrechez de la mayoría su resultado nunca estuvo verdaderamente en duda.
Se sienten envalentonados por tres
dinámicas: el control de la Casa Blanca y el Congreso, las encuestas
reveladoras de un fuerte apoyo al plan de Biden y un momento en que a la
mayoría de los votantes les resulta casi indiferente que la deuda nacional se
alce a la suma estratosférica de 22 billones de dólares. A ninguno de los
partidos parece importarle demasiado el déficit, salvo cuando el otro lo usa
para financiar sus prioridades, sean el gasto demócrata o los recortes
tributarios republicanos.
El representante Jared Golden de
Maine fue el único demócrata que votó en contra. En un comunicado, alegó que el
proyecto otorga cientos de millones de dólares “más de lo necesario para
satisfacer las necesidades más urgentes” y que pone en riesgo la recuperación
económica.
Los republicanos señalan que
apoyaron cinco medidas de rescate votadas por el Congreso desde que estalló la
pandemia hace un año, cuando la distribución de poderes entre la Casa Blanca y
el Congreso estaba dividida y los partidos se vieron obligados a negociar.
Alegan que esta iniciativa sólo sirve a los intereses demócratas como los de
financiar proyectos de planificación familiar o ayudar a empleados públicos que
deben ausentarse de sus trabajos a consecuencia de COVID-19, y que no obliga a
reabrir a las escuelas que han estado recibiendo ayuda económica.
“Los que son miembros del fango de
la corrupción se beneficiarán de este proyecto, pero para el pueblo
estadounidense implica graves problemas”, denunció el líder de la minoría
republicana en la cámara baja, Kevin McCarthy.
Un aspecto dominante del proyecto es
que busca, por primera vez en años, beneficiar a familias de ingresos bajos y
medianos. Incluye créditos fiscales ampliados para niños, guarderías y
licencias familiares, así como subsidios para arrendadores, programas de
alimentación y gastos en servicios públicos.
Aparte de los 1.400 dólares en pagos
directos a la mayoría de la gente, la iniciativa contiene prestaciones de
emergencia para el desempleo y cientos de miles de millones para vacunas contra
el COVID-19, tratamientos, escuelas, gobiernos estatales y locales y sectores
debilitados, desde aerolíneas hasta salas de conciertos.
Hay ayuda para agricultores de tez
no blanca y sistemas de pensión, subsidios para la compra de seguro de salud y
para los estados que amplían el seguro estatal para los de ingresos bajos.
Una encuesta de The Associated
Press-NORC halló la semana pasada que el 70% de la población respalda la
respuesta de Biden al virus, incluido el 44% de los republicanos.
