Que el béisbol necesita cambiar no lo discute nadie. Hasta el fanático más apasionado admite que la pelota está estancada, que ya no es tan interesante como cuando pasó a ser el deporte preferido de los estadounidenses.
Las Grandes Ligas están finalmente
viendo qué pueden hacer para generar más interés, en una admisión tácita del
peligro que corre el deporte.
La gente sigue yendo al estadio de
vez en cuando — aunque cada vez menos — y los rátings televisivos están bajando
porque al aficionado no le tienta tanto la perspectiva de pasar tres horas
frente al televisor sin ver demasiada acción.
De todos modos, debo admitir que el
uso de bases más grandes no figuraba en mi lista de posibles cambios para hacer
que el béisbol genere más interés. Eso no quiere decir que el que le agreguen
tres pulgadas (siete centímetros y medio) a las bases de la Triple A sea algo
malo.
Ello hará que algunos corredores
eviten quedar out y que haya más intentos de robo, lo que podría agregar cierta
emoción a los juegos. Se están ensayando otros cambios prometedores en las
ligas menores este año.
El uso de la tecnología para
determinar si un lanzamiento fue una bola o un strike, limitar la cantidad de
veces que un pítcher puede tratar de poner out a alguien en primera y limitar
el tiempo para un lanzamiento. La novedad más notable, que se ensaya en la
Doble A, es que los infielders mantengan sus dos pies en el terreno y la opción
de que al menos dos infielders se coloquen a un lado de la segunda base.
El objetivo es hacer que los
aficionados vuelvan a seguir el deporte, algo que hasta el mánager de Miami Don
Mattingly dice es cada vez más difícil. “Vi muchos partidos de los playoffs
después de que fuimos eliminados y, para ser honesto, no fue fácil verlos”,
declaró Mattingly hace algunos meses.
“No pasaba nada. Strikeout,
strikeout, jonrón. Era duro de ver. Hay que encontrar la forma de darle más
emoción al deporte”. No es solo que los partidos son muy largos, aunque sin
duda que lo son. Un partido de grandes ligas de nueve entradas duró un promedio
de 3.07 horas en el 2019, 17 minutos más que hace diez años, a pesar de algunos
intentos poco convincentes por agilizarlo.
Otro tema grave es que, duren lo que
duren, hay muy poca acción relevante durante un juego. Casi cuatro de cada 10
idas al plato terminan sin que el bate toque la pelota. Las estadísticas
desalientan los toques de bola y las bases robadas, y la estrategia de bateo y
corrido — el hit and run — es una reliquia del pasado.
Los pítchers pierden el tiempo en el
montículo y los bateadores se toman una eternidad en el plato ajustándose los
guantes o saliendo del box para contemplar el origen del universo. Ya no se
trata de decidir si hay que cambiar el juego. Se trata de determinar si el
béisbol puede cambiar lo suficientemente rápido como para evitar pasar a ser un
deporte menor.
La pérdida de aficionados porque se
manda al terreno un producto malo es problemática y el comisionado Rob Manfred
parece entenderlo, aunque le cuesta explicarlo. Manfred cambió las reglas
durante la pandemia del coronavirus y, entre otras cosas, incorporó la radical
idea de colocar un corredor en segunda si un juego se va a extra innings.
Sorpresivamente, la reacción fue
positiva incluso entre los puristas del deporte. También designó al exejecutivo
de los Cubs Theo Epstein como asesor de los cambios de reglas.
Epstein dijo que él y otros
ejecutivos son parcialmente responsables de los cambios en el deporte por su
dependencia de las estadísticas al armar equipos. “Asumo parte de la
responsabilidad porque los ejecutivos como yo, que llevamos mucho tiempo usando
estadísticas y otras formas de analizar el juego, tuvimos sin buscarlo un
impacto negativo en el valor estético del juego y en el valor del
entretenimiento”, admitió.
El problema es que incluso las
innovaciones que se ensayan en las menores no van lo suficientemente lejos.
Hacen falta cambios radicales tanto en la duración de los juegos como en la
estética para hacerlo más atractivo y no está claro si las gerencias o los
jugadores están dispuestos a digerirlos.
Mientras tanto, el juego sigue
girando en torno a strikeouts y jonrones. Son demasiado largos y aburridos. A
medida que se acerca el día inaugural de la temporada, más acuciante se hace la
necesidad de cambios.
