El PLD es el partido político electoralmente más exitoso de la historia democrática del país. Es la única organización que ha logrado ganar cuatro elecciones presidenciales consecutivas en democracia. La referencia al detalle es solo para recordar uno de los tantos éxitos exclusivos de la organización.
Lo llamativo es que los mismos actores que lograron o fueron parte de esas hazañas políticas y electorales, son los mismos que a partir de 2019 cometieron una cadena de errores que tienen a la organización de espaldas al electorado.
A partir de 2019, quienes dirigen la agrupación mantienen un síntoma inequívoco del mal que les afecta. Cuando toman una decisión, la llevan a cabo sin importar que implique nadar contra la corriente, a sabiendas de que el destino de quien lo hace es morir ahogado.
Adelantar la escogencia de la candidatura presidencial en 2024, fue exitosa internamente, pero fracasó en las elecciones generales.
En la actual coyuntura, la organización tiene en agenda aplicar la misma estrategia, pero el contexto interno es pésimo comparado con el 2022, cuando hubo consenso total.
Ahora, por el contrario, Francisco Domínguez Brito y Abel Martínez, dos de los aspirantes más importantes, están en contra de adelantar las primarias. Gonzalo Castillo, uno de los aspirantes con mayor posibilidad, enfrenta una situación judicial con un desenlace desconocido y peor aún, con el riesgo de que no se decida antes de las primarias de octubre.
Adicionalmente, el TSE y la JCE han advertido al PLD sobre la ilegalidad de su consulta del 18 de octubre.
Ante tantas dificultades la organización insiste en continuar con un plan que, en lugar de acercarla al electorado, la aleja, porque esa actitud de imposición está en parte de la esencia que disgustó a la población con el partido morado, al punto que prefirió sacarla del poder a pesar de exhibir una buena gestión de gobierno.
Da la impresión que al PLD no lo piensan dirigentes que coronaron de éxito esa organización, aunque se mantengan en la estructura partidaria. Su accionar es contrario a la veteranía que exhibieron en otros tiempos. No es absurdo preguntarse ¿Quién piensa al PLD?
