1. Renacimiento y Manierismo (Siglos XIV – XVI)
La Gioconda (Mona Lisa) — Leonardo da Vinci (1503)
Retrato célebre por la técnica del sfumato y su expresión enigmática.
La última cena — Leonardo da Vinci (1495–1498)
Fresco mural en Milán que captura el drama psicológico del anuncio de la traición de Cristo.
La creación de Adán — Miguel Ángel (1511)
Sección del techo de la Capilla Sixtina que representa el instante divino en que Dios otorga la vida a la humanidad.
El nacimiento de Venus — Sandro Botticelli (c. 1484–1486)
Alegoría mitológica neoplatónica sobre la llegada de la diosa del amor a la costa.
La escuela de Atenas — Rafael Sanzio (1509–1511)
Fresco en el Vaticano que reúne a los grandes filósofos de la Antigüedad bajo una perspectiva monumental.
La Primavera — Sandro Botticelli (c. 1477–1482)
Composición detallada llena de simbolismo clásico e botánico en un jardín idílico.
El jardín de las delicias — El Bosco (c. 1490–1510)
Típtico enigmático que retrata el Edén, las tentaciones terrenales y el Infierno de forma surrealista.
La Virgen del jilguero — Rafael Sanzio (1506)
Representación de la serenidad manierista e idealizada de la Virgen María con el Niño Jesús y San Juan Bautista.
Amor sacro y amor profano — Tiziano (1514)
Obra alegórica veneciana que explora las distintas facetas de la belleza y el deseo humano.
El entierro del conde de Orgaz — El Greco (1586–1588)
Composición dividida entre el plano terrenal y el celestial, con figuras estilizadas e intensos contrastes.
El matrimonio Arnolfini — Jan van Eyck (1434)
Hito del renacimiento flamenco conocido por su manejo del óleo y la precisión simbólica reflejada en el espejo convexo.
La Asunción de la Virgen — Tiziano (1516–1518)
Composición dinámica y colorida en el altar mayor de la Basílica de Santa María gloriosa dei Frari en Venecia.
Venus de Urbino — Tiziano (1538)
Estudio del desnudo femenino que sentó las bases para el retrato sensual en los siglos posteriores.
David con la cabeza de Goliat — Caravaggio (1609–1610)
Muestra el uso del claroscuro expresivo; el pintor retrató su propio rostro en la cabeza decapitada.
Triunfo de Galatea — Rafael Sanzio (1512)
Fresco mitológico que destaca por el movimiento helicoidal y el equilibrio renacentista.
2. Barroco y Rococó (Siglo XVII – Siglo XVIII)
Las meninas — Diego Velázquez (1656)
Compleja pintura de corte que reflexiona sobre la perspectiva, la ilusión visual y el propio acto de pintar.
La ronda de noche — Rembrandt van Rijn (1642)
Retrato colectivo de una compañía militar destacado por su magistral dramatismo y uso de la luz.
La joven de la perla — Johannes Vermeer (1665)
Conocida como la "Mona Lisa del Norte", destaca por la mirada de la joven y la luminiscencia del pendiente.
La vocación de San Mateo — Caravaggio (1599–1600)
Ejemplo clave del tenebrismo, donde una diagonal de luz atraviesa la escena e ilumina la conversión divina.
El juicio de Paris — Peter Paul Rubens (1636)
Muestra del estilo exuberante, corporal y mitológico del barroco flamenco.
El arte de la pintura — Johannes Vermeer (1666)
Alegoría de la profesión pictórica donde el artista trabaja en su taller iluminado por luz natural.
La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp — Rembrandt van Rijn (1632)
Retrato de grupo que captura una disección científica con agudo sentido narrativo.
El coloso — Atribuido históricamente a Francisco de Goya (c. 1808–1812)
Representación dramática que simboliza los horrores y la incertidumbre de la guerra.
Las tres Gracias — Peter Paul Rubens (1635)
Celebración de la belleza femenina y la abundancia mediante pinceladas dinámicas e iluminadas.
El astrónomo — Johannes Vermeer (1668)
Estudio de la vida intelectual y el interés científico de la Edad de Oro holandesa.
El columpio — Jean-Honoré Fragonard (1767)
Obra cumbre del rococó francés, caracterizada por su tono lúdico, tonos pasteles y atmósfera hedonista.
La rendición de Breda (Las lanzas) — Diego Velázquez (1634–1635)
Escena histórica militar que enfatiza la dignidad y la magnanimidad en la victoria.
Judith decapitando a Holofernes — Artemisia Gentileschi (1620)
Obra de marcado claroscuro caravaggista que transmite fuerza visceral y crudeza visual.
Autorretrato con dos círculos — Rembrandt van Rijn (c. 1665–1669)
Introspección sobre la vejez y la técnica pictórica en los últimos años de vida del pintor.
El rapto de las hijas de Leucipo — Peter Paul Rubens (1618)
Composición barroca llena de movimiento diagonal, tensión muscular y dramatismo.
3. Neoclasicismo, Romanticismo y Realismo (Siglo XVIII – Siglo XIX)
El 3 de mayo en Madrid — Francisco de Goya (1814)
Denuncia de los fusilamientos napoleónicos en España, antecedente del arte bélico moderno.
La libertad guiando al pueblo — Eugène Delacroix (1830)
Alegoría revolucionaria donde la figura de la Libertad conduce a los ciudadanos sobre las barricadas.
La balsa de la Medusa — Théodore Géricault (1818–1819)
Icono del romanticismo que dramatiza el naufragio real de la fragata francesa Méduse.
El caminante sobre el mar de nubes — Caspar David Friedrich (1818)
Obra clave del romanticismo alemán sobre el concepto de lo sublime y la pequeñez humana ante la naturaleza.
El juramento de los Horacios — Jacques-Louis David (1784)
Obra neoclásica que ensalza el civismo, el deber patriótico y la severidad formal.
La muerte de Marat — Jacques-Louis David (1793)
Retrato del líder revolucionario francés asesinado en su bañera, tratado como un mártir secular.
Saturno devorando a su hijo — Francisco de Goya (1819–1823)
Una de las Pinturas Negras, caracterizada por la representación cruda de la locura y el tiempo.
El entierro en Ornans — Gustave Courbet (1849–1850)
Monumento al realismo que retrata un funeral campesino ordinario con las dimensiones de la pintura de historia.
Lluvia, vapor y velocidad — J.M.W. Turner (1844)
Captura la fuerza de la Revolución Industrial a través de atmósferas difusas y luz envolvente.
Las espigadoras — Jean-François Millet (1857)
Representación dignificada del trabajo rural y las diferencias de clase en la Francia del siglo XIX.
El muelle de Brighton — John Constable (1827)
Estudio detallado del paisaje atmosférico y la luz cambiante en las costas inglesas.
La maja desnuda — Francisco de Goya (c. 1797–1800)
Uno de los primeros desnudos profanos de la pintura española sin justificación mitológica.
La pesadilla — Henry Fuseli (1781)
Exploración romántica de los estados de inconsciencia, el folclore y los miedos psíquicos.
El taller del pintor — Gustave Courbet (1855)
Alegoría real que reúne figuras de la sociedad francesa que influyeron en la vida artística del autor.
El vagón de tercera clase — Honoré Daumier (1862–1864)
Crítica social realista sobre la pobreza y la vida urbana de la clase trabajadora industrial.
4. Impresionismo y Postimpresionismo (Segunda mitad del Siglo XIX)
Imprensión, nacimiento del sol — Claude Monet (1872)
La obra que dio nombre al movimiento impresionista por su enfoque en la percepción de la luz.
La noche estrellada — Vincent van Gogh (1889)
Visión expresiva del cielo nocturno sobre Saint-Rémy-de-Provence mediante pinceladas ondulantes.
Un domingo de verano en la Grande Jatte — Georges Seurat (1884–1886)
Obra cúspide del puntillismo construida mediante pequeñas pinceladas sistemáticas de color puro.
Almuerzo sobre la hierba — Édouard Manet (1863)
Ruptura con el académico al situar un desnudo femenino en un entorno cotidiano contemporáneo.
Los girasoles — Vincent van Gogh (1888)
Serie de bodegones caracterizada por la saturación del color amarillo y el uso de la pasta densa.
Baile en el Moulin de la Galette — Pierre-Auguste Renoir (1876)
Representación de la vida nocturna de París llena de filtraciones de luz natural entre la multitud.
Olympia — Édouard Manet (1863)
Reinterpretación provocadora del desnudo tradicional que causó gran escándalo en el Salón de París.
Los jugadores de cartas — Paul Cézanne (1892–1895)
Estudio de formas geométricas y equilibrio de color en la figura humana.
Bar del Folies-Bergère — Édouard Manet (1882)
Última gran obra de Manet, célebre por la mirada melancólica de la camarera y el juego de reflejos.
Dormitorio en Arlés — Vincent van Gogh (1888)
Retrato del espacio personal del pintor donde los colores expresan tranquilidad y recogimiento.
La terraza del café por la noche — Vincent van Gogh (1888)
Uso contrastante de colores cálidos e intensos sin emplear el color negro para el cielo nocturno.
Los nenúfares — Claude Monet (1914–1926)
Serie de paneles murales que exploran la superficie del agua, la vegetación y los reflejos del cielo.
La clase de danza — Edgar Degas (1874)
Estudio del movimiento, la postura y el encuadre fotográfico en el ballet de París.
¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? — Paul Gauguin (1897)
Mural monumental creado en Tahití que aborda el ciclo vital desde una perspectiva simbolista.
Grandes bañistas — Paul Cézanne (1898–1905)
Estructura arquitectónica del paisaje y la figura que sirvió de puente hacia el cubismo.
El paseo (Mujer con sombrilla) — Claude Monet (1875)
Captura de un instante espontáneo al aire libre centrado en el viento y la luz solar.
Nocturno en azul y oro: El puente de Battersea — James Abbott McNeill Whistler (1872–1875)
Exploración de la tonalidad y la atmósfera inspirada en las estampas japonesas ukiyo-e.
La visión tras el sermón — Paul Gauguin (1888)
Inicio del sintetismo con planos lisos de color e imágenes religiosas expresivas.
Mont Sainte-Victoire — Paul Cézanne (1902–1906)
Serie de paisajes que simplifican la naturaleza en planos de color y volúmenes estructurales.
El circo — Georges Seurat (1891)
Última obra inconclusa del autor que aplica principios de teoría del color al movimiento del espectáculo.
5. Expresionismo, Simbolismo y Primeras Vanguardias (1890–1930)
El grito — Edvard Munch (1893)
Icono de la angustia existencial moderna con trazos ondulantes y colores chillones.
El beso — Gustav Klimt (1907–1908)
Obra de la "fase dorada" del simbolismo vienés enriquecida con pan de oro y patrones geométricos.
Las señoritas de Avignon — Pablo Picasso (1907)
Punto de partida del cubismo que rompe con la perspectiva tradicional e incorpora influencias africanas.
La danza — Henri Matisse (1910)
Manifestación del fauvismo centrada en el movimiento circular mediante formas simples y colores puros.
Composición VIII — Wassily Kandinsky (1923)
Referente de la abstracción geométrica que traduce conceptos musicales al plano visual.
Retrato de Adele Bloch-Bauer I — Gustav Klimt (1907)
Cumbre del ornamentado simbolismo vienés con intrincados acabados metálicos.
El cumpleaños — Marc Chagall (1915)
Escena lírica y onírica del amor donde los personajes flotan superando la gravedad.
Calle con buscona de rojo — Ernst Ludwig Kirchner (1914)
Representación de la alienación y la velocidad de la vida metropolitana en el expresionismo alemán.
Cuadro negro sobre fondo blanco — Kazimir Malévich (1915)
Obra radical del suprematismo que reduce la pintura a su mínima expresión formal.
La habitación roja (Armonía en rojo) — Henri Matisse (1908)
Construcción de espacio bidimensional dominado por el color vibrante y el patrón decorativo.
Casas en l'Estaque — Georges Braque (1908)
Paisaje clave en el desarrollo del cubismo analítico temprano.
Retrato de Ambroise Vollard — Pablo Picasso (1910)
Ejemplo de cubismo analítico que descompone la figura del marchante de arte en facetas.
Línea transversal — Wassily Kandinsky (1923)
Exploración de la tensión espiritual entre líneas, círculos y campos de color.
El sueño — Henri Rousseau (1910)
Escena de arte naíf que representa una selva fantástica con vegetación exuberante.
Composición en rojo, azul y amarillo — Piet Mondrian (1930)
Máxima expresión del neoclasicismo abstracto (De Stijl) basado en líneas ortogonales y colores primarios.
6. Surrealismo, Arte Moderno y Contemporáneo (1930 – Presente)
Guernica — Pablo Picasso (1937)
Mural alegórico en blanco y negro sobre el bombardeo de la villa vasca durante la Guerra Civil Española.
La persistencia de la memoria — Salvador Dalí (1931)
Pintura surrealista célebre por sus relojes blandos derritiéndose en un paisaje desértico.
Las dos Fridas — Frida Kahlo (1939)
Doble autorretrato que explora la dualidad de la identidad de la artista y su dolor físico y emocional.
El hijo del hombre — René Magritte (1964)
Autorretrato surrealista donde una manzana verde oculta parcialmente el rostro del personaje.
Nighthawks (Halcones de la noche) — Edward Hopper (1942)
Retrato de la soledad y la alienación urbana en una cafetería nocturna estadounidense.
Número 5, 1948 — Jackson Pollock (1948)
Representación del expresionismo abstracto mediante la técnica del dripping (goteo sobre lienzo).
La traición de las imágenes ("Esto no es una pipa") — René Magritte (1929)
Reflexión conceptual sobre la relación entre el objeto real, el lenguaje y su representación pictórica.
Christina's World — Andrew Wyeth (1948)
Obra realista estadounidense que transmite melancolía y esfuerzo a través de una mujer que contempla una casa a lo lejos.
Cajas de sopa Campbell — Andy Warhol (1962)
Obra icono del Pop Art que convirtió productos masivos de consumo en objetos de arte de galería.
Los elefantes — Salvador Dalí (1948)
Representación surrealista de figuras con piernas arácnidas en un espacio desértico sin gravedad.
Sin título (1982) — Jean-Michel Basquiat (1982)
Obra de neoexpresionismo que combina la estética del grafiti urbano con iconografía de poder y anatomía.
Golconda — René Magritte (1953)
Lluvia de hombres vestidos de manera idéntica flotando sobre un paisaje residencial.
Autorretrato con collar de espinas y colibrí — Frida Kahlo (1940)
Pintura llena de simbolismo sobre el sufrimiento personal y la naturaleza autóctona mexicana.
Mujer III — Willem de Kooning (1953)
Exponente de la pintura de acción expresionista abstracta con trazados agresivos y gestuales.
El gran masturbador — Salvador Dalí (1929)
Exploración de las obsesiones freudianas y visiones personales mediante el método paranoico-crítico.
El beso — Roy Lichtenstein (1963)
Apropiación de la estética del cómic comercial procesada mediante puntos Ben-Day.
Vir Heroicus Sublimis — Barnett Newman (1950–1951)
Campos de color (Color Field) interrumpidos por franjas verticales ("zips") que invitan a la contemplación.
A Bigger Splash — David Hockney (1967)
Estudio del agua, la luz de California y el estilo de vida moderno pintado con acrílico.
Siete discos entre rayas — Bridget Riley (1964)
Ejemplo del Op Art (arte óptico) que genera ilusiones de movimiento en la percepción visual.
El hombre de la pipa — Francis Bacon (1953)
Tratamiento angustiante de la figura humana distorsionada mediante pinceladas viscerales.
