El PLD es un hervidero en estos días, especialmente por las acciones de Francisco Javier García. El aspirante a la candidatura presidencial del PLD, revoloteó las avispas el fin de semana, con su declaración de que visitaría a los presidentes de los partidos políticos para pedirles que no interfieran en la consulta del PLD del 18 de octubre.
La diputada Liz Mieses, del grupo de Carolina en el PRM, ha insistido públicamente en una alianza PRM-PLD con Gonzalo Castillo como favorito.
En la FP, es evidente que prefieren a Francisco Javier, pero no se entiende porque en ese partido entienden que el reputado estratega terminaría respaldando a Leonel gane o pierda en el PLD.
Angelita García, esposa de Miguel Vargas, presidente del PRD, le dio apoyo público a Gonzalo Castillo. Así las cosas, desde afuera observan con gran interés al PLD y cada sector tiene su favorito para la candidatura presidencial.
La historia de los partidos interfiriendo en otras organizaciones, se salió de control en 2011, cuando Hipólito sorprendió a Miguel en las primarias del PRD y le ganó. Según Vargas votaron 300 mil del PLD en su contra y eso selló la división y la derrota del PRD en 2012.
Ese no es el único tema que se sazona en el PLD. En los últimos días se ha propagado la información de que un sector contactó a una hacker ruso, traído en vuelo privado y todo, a los fines de acomodar el resultado en votación electrónica. El objetivo, según el rumor, no es solo definir al ganador, también se definiría cuantos votos saca cada quien. Y lo más importante, que aparezca una gran cantidad de votantes el 18 de octubre.
En la consulta de 2022, hubo muchos que se quedaron con la boca abierta cuando observaron el resultado y las posiciones. Margarita Cedeño, la que mejor marcaba en las encuestas, quedó en un lejano tercer lugar.
Hay gente que no descarta que se pueda repetir lo mismo a uno de los aspirantes que ha dado agua de beber al sector dominante en el PLD, con la finalidad de sepultarlo. El 18 de octubre está cerca, ahí todo quedará aclarado, especialmente al dirigente que le toca el turno de la última pala de tierra danilista.
