LA TRAGEDIA DEL 15 DE ABRIL DE 1912!
Mundo recuerda este 15 de abril el hundimiento del Titanic. Conozca la historia completa a 101 años del suceso.
Tomado de http://www.portalplanetasedna.com.ar
Desde un
principio, el viaje inaugural del Titaníc es marcado por la tragedia.
Se cuenta que al moverse majestuosamente el inmenso barco de 46,329 toneladas
de su amarradero en Southampton, queda junto al trasatlántico New York,
que estaba anclado. De pronto se escucharon voces de alarma al enredarse como
cordón las gruesas cuerdas de amarre de ambo barcos, y luego empezaron a ser
arrastrados junto por alguna fuerza desconocida. El Titanic fue detenido justo a tiempo luego que la extraña "succión cesó, y en seguida los remolcadores abrieron camino lentamente al New York para llevarlo de vuelta al amarradero. Una situación idéntica se presentó sólo unos minutos después, cuando el Teutonic también se enredó en las cuerdas del Titanic y lo siguió de cerca varios grados hasta que el Títanic logró deslizarse.
Posteriormente,
el trasatlántico fue remolcado hacia el mar abierto y la tranquilidad volvió a
la tripulación a su capitán, Edward-Smith. La cubierta temblaba casi
imperceptiblemente ante el empuje de sus imponente turbinas: era el barco más
grande, el mejor y el más seguro que se hubiera construido. Para garantizar esa
seguridad, 15 mamparas transversales lo subdividían de proa a popa y un doble
fondo significaba una garantía más contra accidentes. Era, en la mente de
todos los que estaban tanto en tierra como a bordo, lo máximo: el barco
insumergible.
Después de una
breve visita a Cherburgo, el Títanic salió de Queenstown (ahora Cobh),
Irlanda, durante la noche del jueves 11 de abril de 1912 y entró al Atlántico,
en aguas que el veterano capitán Smith conocía muy bien. Navegó constantemente
hacia el oeste sin ningún incidente; el mar estaba calmado y el clima despejado
aunque muy frío, al grado de que la temperatura bajó dramáticamente durante la
mañana del domingo 14 de abril, y varios mensajes recibidos por el operador de
radio del Titanic advirtieron sobre el peligro de encontrar ¡cebergs.
El barco
proseguía su marcha a toda velocidad y sus luces titilaban sobre el agua oscura
y tranquila: sus máquinas lo impulsaban a una velocidad constante de nudos. De
pronto, justo antes de la medianoche, un vigía gritó: "¡Iceberg al frente !"
Se dieron
órdenes desesperadas para hacer girar el barco hacia el puerto, pero era
demasiado tarde. Cuando empezaba a girar, un inmenso iceberg raspó su estribor
a todo lo largo y luego se deslizó a la popa y se perdió en la noche. El
capitán Smith estaba en el puente antes de que su primer oficial Murdoch
pudiera comunicar la orden de: "¡Paren máquinas!" Ordenó cerrar herméticamente
todos los compartimentos estancos y luego pidió al cuarto oficial Boxhall que
hiciera sondeos. El joven oficial estaba a punto de retirarse cuando el
carpintero del barco llegó al puente para informar: "¡Está haciendo agua
rápidamente!"
Los pasajeros
que aún estaban despiertos no se dieron cuenta de lo que ocurría, porque el
impacto había sido suave. Lawrence Beesley, uno de los sobrevivientes, declaró
que "no hubo ruido de choque o de otra cosa; no se sintió el choque, ninguna
sacudida de un cuerpo pesado chocando con otro..."
Sobre la
cubierta, y no obstante el intenso frío, algunos pasajeros entusiasmados
sostenían una "batalla" con bolas de nieve, usando el hielo que el mortífero
témpano había depositado durante el breve encuentro con el barco, mientras que
otro pasajero, que no quería dejar la comodidad del salón de estar, alargó un
vaso y pidió a un amigo que "viera si había llegado un poco de hielo a bordo".
Algunos
pasajeros preguntaron a los camareros por qué se habían parado las máquinas, y
éstos les aseguraron que no había motivo de alarma. Los camareros actuaban de
buena fe, pues hasta el momento creían realmente que todo estaba bajo control.
Allá abajo, sin embargo, la historia era diferente. Los hombres del primer
cuarto de calderas se encontraban
nadando en
fuertes torrentes de agua que se precipitaban a través de una enorme grieta en
el costado del barco. Lograron llegar al siguiente cuarto de calderas, y luego
al siguiente, hasta entrar al número 4, que estaba casi a la mitad del buque y
donde aún no llegaba el agua.
Al darse cuenta
de que el daño era grave, el capitán Smith fue al cuarto de radio, donde los dos
operadores de radio, Jack Phillips y Harold Bride, estaban listos para recibir
o transmitir señales, y les dijo que el barco había chocado con un iceberg y
quería que estuvieran listos para enviar una llamada de auxilio.
Cuando regresó
al puente era obvio que el Titanic se hundía lentamente. El témpano
había abierto un corte en la proa de estribor del largo de la tercera parte de
la longitud del barco, y el agua helada del Atlántico entraba incontrolable y
copiosamente. A las 00:25, unos minutos después de la colisión, el capitán
Smith ordenó que se descubrieran los botes. Diez minutos después regresó al
cuarto de radio para ordenar a los operadores que empezaran a transmitir,
agregando perturbado: "Podría ser la última oportunidad". Inmediatamente, el
llamado urgente crepitó en la noche transmitiendo lo que había ocurrido, dando
la señal de llamada MGY del barco y su posición, y pidiendo ayuda urgente.
La señal fue
captada por dos trasatlánticos, el Frankfort y el Carpathia,
y el capitán de este último preguntó dos veces a su operador si había leído
correctamente el mensaje, pues no creía que el "insumergible" Titaníc pudiera
hallarse en problemas. Cuando se confirmó el llamado de auxilio, ordenó a su
operador responder que iría al rescate a toda velocidad, y pidió a sus
ingenieros que le dieran "toda la información que tenían".
Mientras tanto,
los camareros del Titanic iban de camarote en camarote, tocando a las
puertas y pidiendo a los ocupantes que se pusieran ropa adecuada para el frío y
se dirigieran a las estaciones de botes con sus chalecos salvavidas. Todavía
ignorantes de la gravedad de la situación, la mayoría de los pasajeros
hicieron lo que se les pidió, aunque algunos se negaron a salir del calor de
sus camarotes por lo que consideraban simplemente un inesperado y
desconsiderado ejercicio de adiestramiento para evacuación.
Los botes fueron
colgados y se dio la orden: "¡Mujeres y niños solamente!". Al principio hubo
renuencia a abandonar el barco porque éste parecía tan seguro, tan cómodo
comparado con los frágiles botes. Beesley declararía después: "El mar estaba
tranquilo como un lago interior, excepto por el suave oleaje que no podía
provocar movimiento alguno a un barco del tamaño del Titanic. Permanecer en
cubierta, a muchos metros por encima del agua que golpeaba indolentemente contra
el costado brindaba una sensación de maravillosa seguridad..."
Todos se
comportaban de manera calmada, casi indiferente. Hasta ese momento no había
aparecido el pánico que reina en otros barcos en circunstancias parecidas ante
el peligro de perder la vida ahogados; sólo se presentó una desagradable escena
entre los pasajeros de tercera clase, misma que fue controlada rápidamente por
los oficiales.
Finalmente, los
botes empezaron a ser cargados de pasajeros y bajados lentamente, aunque en
realidad no los depositaron en el mar, porque el
capitán Smith recibió las
respuestas a su señal de socorro, especialmente por parte del Carpathía
que informó estar a sólo 60 millas de distancia y aseguró que llegaría en cuatro
horas. Sin embargo, el capitán pronto se dió cuenta de que su barco se hundía
más cada minuto que pasaba, y sabía que, al hundirse la proa y levantarse el
estribor sería más difícil bajar los botes, algunos de los cuales sólo estaban
ocupados a la mitad de su capacidad, pues muchas mujeres se rehusaban a dejar a
sus esposos. La esposa de Isador Strauss fue una de ellas y expresó firmemente:
"Donde tú vayas, yo voy". Así, permanecieron juntos... y murieron juntos.
Mientras los
botes chapoteaban abajo, las notas de Nearer My God to Thee flotaron en
la noche, emitidas por un grupo de músicos del barco que se había reunido en la
cubierta con sus instrumentos. Algunos pasajeros se unieron al canto, otros
miraban fijamente sobre el costado del barco para echar una última mirada y
prolongada vista hacia los rostros de sus seres amados antes de que se volvieran
indistinguibles en la oscuridad. Las tripulaciones de los botes salvavidas
estaban integradas casi todas por camareros y fogoneros, pues los oficiales y
casi todos los marineros permanecieron a bordo para ayudar a los que se
quedaban.
Dos horas
después de que chocara el trasatlántico, el capitán Smith ordenó: "¡Abandonen el
barco! ¡Cada hombre por sí mismo!" El permaneció en el puente y no se le volvió
a ver. A pesar de la orden, Phillips y Bride aún estaban transmitiendo,
urgiendo a los barcos que venían en su rescate para que se apresuraran, hasta
que la energía falló y salieron a cubierta.
Los de los botes
miraban hacia atrás al imponente barco que se hundía. El barco, de casi 300
metros de largo con cuatro enormes chimeneas y que todavía brillaba con la luz
resplandeciente de claraboyas y salones, ahora estaba bajo por las amuras y
hundiéndose despacio pero perceptiblemente. El ángulo se hizo más abierto al
levantarse el estribor, luego se inclinó hasta alcanzar una posición casi
vertical y permaneció unos momentos así, casi inmóvil. Al balancearse, todas
sus luces se apagaron de repente y se produjo un profundo estruendo cuando
toneladas de maquinaria se cayeron y rompieron hacia la proa. En seguida el
enorme trasatlántico se deslizó hacia adelante y hacia abajo, cerrándose las
aguas sobre él como una mortaja.
Poco después de
las 04:00 horas, el Carpathia que realizó una peligrosa carrera en las
aguas a una velocidad hasta entonces desconocida (para él) de 17 nudos, llegó al
escenario de la tragedia a las 08:00 horas había rescatado a los ocupantes de
todos los botes. Con él estaba el California, un trasatlántico que se
había detenido durante la noche a menos de 10 millas del Titaníc y cuyo
capitán sería severamente criticado por no observar los cohetes de auxilio del
navío accidentado.
El mundo entero
quedó conmocionado cuando se proporcionó el saldo final del desastre. De las
2,206 personas a bordo, 1,513 murieron o desaparecieron; la mayoría eran
miembros de la tripulación y pasajeros varones del mayor desastre marítimo de
todos los tiempos. La investigación dio como resultado la creación de la
International Ice Patrol (Patrulla Internacional del Hielo) así como una
reglamentación más estricta en cuanto a la provisión de suficientes botes
salvavidas para acoger a todas las personas que están a bordo de los barcos.
Datos concretos
|
Titán (Futility)
|
Titanic
|
| Pasajeros | 2.177 | 2.227 |
| Botes salvamento | 24 | 20 |
| Tonelaje | 70.000 | 66.000 |
| Longitud | 240 mts. | 268 mts. |
| Velocidad Impacto | 24 nudos | 23 nudos |
| Número de hélices | 3 | 3 |
| Lugar de partida | Southampton | Southampton |
| Lugar de naufragio | 400 millas Terranova | 400 millas Terranova |
| Supervivientes | 705 | 605 |
| Eslora | 275 mts. | 300 mts. |
| Velocidad máxima | 25 nudos | 25 nudos |
| Botes salvavidas | 24 | 20 |
Así cuenta el accidente
Víctor Suero en su libro: "Historias Asombrosas Pero Reales": La gran
publicidad del Titanic, apoyada en la soberbia inglesa de la época,
anunciaba que "Ni Dios podía hundirlo", pues jamás se había construido un
buque de esas características de lujo, capacidad, y seguridad. Sus 14
compartimentos estancos, y su doble fondo, garantizaban (lo cual es sólo una
manera de decir, tal como lo mostró la historia) que aquella nave pudiera
llevar el mote de insumergible que le habían puesto sus dueños, la compañía
inglesa White Star.
El capitán, Ernesl Smith,
era un hombre de la mayor experiencia y la tripulación toda fue elegida
entre los mejores. Tenían todo a favor. Pero comenzaron a darse una cantidad
de hechos que llevaron al desastre. Es posible que allí hayan trabajado
juntos la chica del pelo suelto, la casualidad, y el duro trabajador de
jeans gastados, el destino. Lo que parece seguro es que, si uno analiza
ciertos detalles de lo ocurrido, casi no quedan dudas de que los del Titanio
pagaron carísima su soberbia.
A las 21.40 del 14 de abril
de 1912 el Messaba, un buque que navegaba por la zona, envió al
Titanic un aviso de hielos flotantes. Este mensaje no llegó nunca al puente
de mando porque se consideró que "esas cosas" no afectarían a semejante
nave. Por lo tanto, siguieron navegando a 22 nudos, casi a toda máquina. Un
nuevo navío, el Baltic, también advirtió sobre los hielos con un mensaje de
alerta. George Ismay, director ejecutivo de la White Star, se ufanaba
mostrando el telegrama aun a los pasajeros, diciendo que lo bueno de estar a
bordo de algo como aquello hacía que no den importancia a esos detalles.
Todos reían felices y seguían brindando. A las 23.40 se produce el choque,
que abre todo un costado del buque a lo largo de cien metros. Pero el
capitán Smith ni siquiera se inquieta.
Nada de avisos al pasaje,
ni estado general de alerta máxima, ni cambios en la alegre rutina. Aquel
barco era "insumergible", según todos aseguraban. La orquesta seguía tocando
y la fiesta a bordo continuaba mientras los pasajeros jugaban con los
trocitos de hielo que habían caído sobre la cubierta.
Era insumergible, era
insumergible. No había nada que temer. Pero comenzó a hundirse, clavándose
en el mar como un cuchillo filoso en la manteca caliente. Sólo había
dieciséis botes salvavidas cuando debieron ser 48. ¿Para qué tantos si era
insumergible, era insumergible? De todas maneras había que cumplir con las
reglas y avisar de la colisión a «Iros buques. La radio emitió el pedido de
auxilio pero el Californian, a solamente ocho millas del lugar, no lo
recibió porque su radiotelegrafista había desconectado el aparato hacía
apenas diez minutos, enojado por el trato altanero que había recibido hasta
entonces de sus colegas del Titanic, que alardeaban de su buque y se
comportaban como si dieran de una casta superior. La soberbia, el peor de
los pecados, se pagaría muy cara. Pero el destino tenía preparadas otras
jugadas increíbles.
Murieron 1.513 de las 2.224 personas que iban
a bordo. Los sobrevivientes, rescatados hacia las cuatro de la mañana por el
transatlántico Carpathia, describieron escenas de valor y confusión.
Como el Titanio solo contaba con botes salvavidas para la mitad de sus
ocupantes, los oficiales del barco ordenaron que las muje
res y los niños fueran evacuados en primer lugar. Muchos pasajeros y miembros de la tripulación sacrificaron sus puestos. Pero la evacuación fue tan desorganizada que muchos botes fueron soltados antes de estar llenos.
res y los niños fueran evacuados en primer lugar. Muchos pasajeros y miembros de la tripulación sacrificaron sus puestos. Pero la evacuación fue tan desorganizada que muchos botes fueron soltados antes de estar llenos.
Los pasajeros pobres, inmigrantes amontonados
en los entrepuentes de la parte inferior, no pudieron hablar nunca del
accidente: la mayoría lo averiguó demasiado tarde, cuando el barco se
deslizaba bajo el agua. Murieron junto a aristócratas y magnates, con la
orquesta del salón de primera clase tocando hasta el final.
El desastre, uno de los peores de toda la historia naval, provocó reformas importantes. Se estableció la Patrulla Internacional del Hielo para prevenir a los barcos del peligro de los icebergs del Atlántico Norte, y en 1913 se estipuló que los barcos debían llevar botes suficientes para todos los pasajeros