“…y entonces habrá que ver si los gritos nacionalistas y argumentos soberanistas serán suficientes para desafiar el dictamen, lo que agravaría la imagen y el aislamiento internacional de la nación, y si entonces bastarán los gritos del cardenal arzobispo de Santo Domingo que denuncia un acoso internacional”.
El acontecimiento político de enero fue el discurso del presidente
Danilo Medina en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
del Caribe (CELAC) con el que se inscribió en la exaltación del
nacionalismo y la soberanía nacional como justificación del despojo de
la nacionalidad dominicana a decenas de miles de personas.
Al mismo tiempo el discurso afianzó el camino al aislamiento
internacional del país, especialmente del vecindario caribeño, y lo
expone a cuestionamientos y hasta condenas de organismos mundiales,
especialmente de la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos
Humanos.
Exaltación nacionalista
El enfático tono y las medias verdades con que el
presidente Medina respondió en la CELAC los cuestionamientos a la
sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional que desnacionaliza a
decenas de millares de dominicanos descendientes de extranjeros,
satisfizo el nacionalismo de amplios segmentos nacionales y
probablemente le ganó algunos puntos de popularidad al mandatario.
Pero el escenario escogido pareció equivocado ya que sus
planteamientos, aunque satisfacen a los más exaltados nacionalistas
dominicanos, no están llamados a obtener el mínimo apoyo internacional
que le ha faltado en el debate, pero sí a afianzar el aislamiento con la
comunidad del Caribe, que ya le dio un portazo a la petición de ingreso
a Caricom, cuyos jefes de Estados constituían la mitad del auditorio,
incluyendo a Venezuela y Cuba que diplomáticamente han expresado
solidaridad con Haití.
El licenciado Medina abandonó su discurso original que pedía excusa a
los afectados por la sentencia desnacionalizadota, cuestionaba su
retroactividad y privilegiaba una solución humanitaria y se adscribió a
los planteamientos del hecho cumplido que exalta un soberanismo hace
tiempo limitado por múltiples tratados internacionales, especialmente en
materia de derechos humanos. Adoptó el discurso de que “no es cierto
que en República Dominicana se le ha quitado la nacionalidad a alguien.
Yo no le puedo quitar lo que no tenían algunas personas”, con lo que
concuerda una apreciable proporción de los dominicanos, no así la
mayoría de los expertos constitucionalistas y juristas que se han
pronunciado al respecto.
La posición oficial se fundamenta en una ley de naturalización que
ofrecería diversas opciones a los dominicanos declarados extranjeros sin
corregir la violación del derecho fundamental a la nacionalidad,
instituido en pactos internacionales y en la Constitución de la nación.
Pedradas al más chiquito
No hay dudas de que el presidente tenía que responder “discursos como
los que se han pronunciado aquí”, como comenzó diciendo, lo que implica
que no fue sólo al primer ministro de San Vicente-Granadinas, Ralph
Gonzalves. Se refirieron también al conflicto, directamente la
presidenta de Caricom y primera ministra de Trinidad, e indirectamente
el mismo presidente de Cuba y anfitrión, Raúl Castro, cuando volvió a
pedir el entendimiento entre Haití y República Dominicana, afectado por
la sentencia excluyente, lo que también ha movilizado a Venezuela. Los
jefes de Estado de estas dos naciones han expresado recientemente su
solidaridad con Haití.
En términos dominicanos, Medina “mandó a freir tuzas” a Gonzalves,
“cogiendo piedras para el más chiquito”, individualizando los
cuestionamientos de todo el Caricom, con un chivo expiatorio del rechazo
que ha tenido el genocidio civil dominicano en múltiples organismos
internacionales, del gobierno de Estados Unidos, de personalidades y de
la prensa mundial. Todavía no ha aparecido un apoyo exterior. San
Vicente-Granadina es un país de 103 mil habitantes, casi la centésima
parte de los dominicanos y 389 kilómetros cuadrados, que caben 123 veces
en el territorio nacional.
El problema es que estos cuestionamientos se hicieron en una cumbre
regional, transmitidos por televisión y en presencia del mandatario
dominicano, lo que le obligaba a responder. Pero lo que allí se dijo no
dista nada de lo expresado por el secretario general de la OEA, por
diversas agencias de las Naciones Unidas o por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos tras su visita al país en diciembre,
cuyo informe planteó que “la sentencia conlleva a una privación
arbitraria de la nacionalidad” y que “tiene un efecto discriminatorio,
dado que impacta principalmente a personas dominicanas de ascendencia
haitiana, quienes son personas afrodescendientes, priva de la
nacionalidad retroactivamente y genera apatridia”…
Debilidades del discurso
El discurso presidencial tuvo acierto en resaltar
la solidaridad dominicana con Haití tras el terremoto del 2010, la
convivencia entre los nacionales de ambos países y en rechazar el
calificativo de racistas, así como al señalar el proceso de diálogo
bilateral, la positiva disposición al respecto del presidente
haitiano, y el plan de regulación de la inmigración, defendido como
derecho del país, lo que debió satisfacer al auditorio, no así el
enfático tono con que respondía los cuestionamientos allí expresados.
La improvisación condujo a errores, como afirmar que el país nunca ha
sido sentado en el banquillo por violación de derechos humanos, cuando
acumula dos condenas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, una
sobre el mismo tema de la nacionalidad de dominico-haitianos y tiene
allí otro caso sobre el cual hubo audiencia en octubre en México, unos
48 casos sobre los que la Comisión Interamericana ha celebrado dos
audiencias en Washington, y múltiples en el Consejo de Derechos Humanos
de la ONU que precisamente sesiona el miércoles 5 de febrero en Ginebra
para conocerlos. En la agenda ya tiene cuestionamientos al genocidio
civil. (La Corte Interamericana de Derechos Humanos ya emitió condenas
al país por las desapariciones de Juan Almonte y Narciso González).
El presidente cuantificó en un millón los haitianos que trabajan en
el país, cuando su propio gobierno entregó el año pasado una encuesta de
la Oficina Nacional de Estadísticas que los estimó en 458 mil. Serían
668 si se convierten en haitianos los 209 mil descendientes nacidos en
el país. Le sacaliñó que reciben servicios de salud y educación, (muy
limitados y con exclusiones los dominico haitianos) como si fuera un
regalo, cuando admitía que son el 80 por ciento de los trabajadores
agrícolas y de la construcción. Sin ellos esos dos sectores
fundamentales de la producción entrarían en crisis, pero el mandatario
no reconoció que los inmigrantes haitianos aportan el 5.4 por ciento del
valor agregado de la economía nacional, 115 mil 920 millones de pesos,
de acuerdo a un estudio reciente de la Unión Europea y el Fondo de
Población de la ONU.
Aislamiento internacional
Si algo demostró la cumbre de la CELAC es las
serias dificultades internacionales del gobierno, que deplora el propio
presidente Medina, a quien muchos ven como víctima de un temerario
desaguisado alentado por ultranacionalistas e intereses políticos que no
son los suyos, cuya posición inicial en el conflicto no fue respaldada
por su propio partido y apenas por sus más cercanos funcionarios.
Esta semana el país volverá al banquillo de los acusados en el
Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, mientras se celebrará
mañana la segunda ronda del nuevo diálogo con Haití, montado como tabla
de amortiguamiento del escándalo de la sentencia, donde tienen pendiente
el tema urticante, en tanto el jueves el presidente de Haití, Michel
Martelly, será recibido en la Casa Blanca de Washington por el único
presidente norteamericano de ascendencia africana. En marzo próximo
viene la audiencia en Washington de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos sobre las casi 4 mil denuncias de violación de derechos
humanos que recibió durante su visita al país.
En el escenario de Ginebra chocarán las visiones de los grupos
sociales dominicanos que han enviado cuatro delegados y la misión
oficial que encabezará el Ministro de Interior y Policía José Ramón
Fadul, que no será tan extensa como los 22 miembros que asistieron al
anterior período de sesiones del Consejo de Derechos humanos en
diciembre del 2009, cuando se comprometieron a responder decenas de
recomendaciones. Varios países europeos ya han avanzado cuestionamientos
que deberán ser respondidos sobre la sentencia 168-13.
La posición adoptada por el presidente Medina en la cumbre de Cuba
remite el conflicto a la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos
Humanos, donde la jurisprudencia proyecta una condena revocatoria del
genocidio civil, y entonces habrá que ver si los gritos nacionalistas y
argumentos soberanistas serán suficientes para desafiar el dictamen, lo
que agravaría la imagen y el aislamiento internacional de la nación, y
si entonces bastarán los gritos del cardenal arzobispo de Santo Domingo
que denuncia un acoso internacional.
Por de pronto el boche de Medina a Gonsalves, extensivo a todos los
cuestionadores de la sentencia, afianza el aislamiento del país del
bloque de 14 naciones de la propia región del Caribe, con capacidad para
hacerse sentir no sólo en el hemisferio, sino también en la muy extensa
comunidad de naciones africanas. Un grave retroceso en las relaciones
internacionales de la nación dominicana.-
(*) Escrito para el diario Hoy. Acento lo publica con la autorización del autor.