Por David Ramírez Sánchez
Lo recuerdo muy bien porque me
tocó vivirlo. Hace aproximadamente 20 o 25 años, para la mayoría de los
comunicadores serios, escribir un artículo de investigación o sobre un
tema palpitante de la vida nacional, no era una tarea tan sencilla como
ahora. En aquella época no solamente tenía que estar bien empapado del
tema, sino saber redactarla de forma clara y precisa.
Antes de escribir un artículo,
el comunicador tenía que revisar la prensa escrita de cabo a rabo,
buscar referencias escritas o visitar una biblioteca con el propósito de
consultar algunas obras que pudieran reforzar la investigación.
A veces, cuando la mente estaba
en blanco, cuando uno creía que la imaginación lo había abandonado, lo
más recomendable o usual era ser paciente, sentarse relajado por largo
rato frente a una maquina de escribir pensando como hilvanar las ideas,
encontrar las palabras adecuadas y plasmarla en el papel.
Pero entonces aparecía la
“magia”. Una vez comenzado el artículo, las ideas comenzaban a fluir de
manera imparable y, para cuando llegaba el momento de terminar lo
escrito, no dejábamos de leerlo y releerlo, consultar el diccionario y
corregir los errores ortográficos, de maravillarnos o hasta apostar con
nuestros amigos que el artículo terminado era mejor que el anterior.
También recuerdo que citar “los
clásicos del marxismo” era sinónimo de status ya que al hacerlo nos daba
ese “aura” de intelectual en los círculos de izquierda. Por ejemplo,
era común escribir en nuestros artículos “Decía Lenin que el
socialismo…”, “Decía Carlos Marx en el Capital que la plusvalía…”.
Muchas cosas han cambiado desde entonces, vivimos en la era de la
tecnología y el aprendizaje permanente.
Con la llegada de la PC, el
Office y otras herramientas de la maravilla tecnológica, como Internet,
investigar y escribir un artículo resulta ahora más fácil y, si domina
el inglés, mejor aún ya que muchas obras se encuentran en los archivos
digitales de las mejores bibliotecas del mundo, puesto a disposición del
público.
Pero también con el Internet
llegó el “copy-pega”, una conducta que se ha vuelto cotidiano en
estudiantes y hasta académicos. Es vergonzoso admitirlo, pero casi la
mayoría de los estudiantes preparan sus tareas escolares con la ayuda de
Wikipedia. Para “llenar” la tarea escolar vacían el contenido de lo que
buscan sin analizar o investigar si lo que está escrito en esa
“biblioteca virtual” es científicamente correcto. Bastas con que esté en
Wikipedia para darlo como bueno y valido, luego el paso siguiente es
copiar y pegar.
El problema es que con tan
abundante material en la red también han aparecido los pseudo
articulistas o “comunicadores”. Una batería de farsantes que nunca en su
vida han leído un paquito de Memín o una novelita de vaquero.
Esos ladrones de las ideas y las
palabras suelen aparecer en los blog y diarios digitales de Barahona
atribuyéndose artículos que, al revisar exhaustivamente el contenido y
compararlo en los buscadores, inmediatamente nos damos cuenta que es un
vulgar plagio, total o parcial. Algunos son tan descarados que extraen
párrafos enteros de un monográfico o un trabajo de investigación subido
al Internet, sin respetar el derecho sagrado de citar la fuente, lo cual
constituye un grave delito que puede ser penado por la Ley.
Dadas las circunstancias del
problema hemos puesto en alerta a varios directores de esos medios. Les
hemos advertidos de las consecuencias legales a la que se enfrentan,
algunos han prestado atención y retiran inmediatamente el plagios de su
blog, otros en cambio, nos ignoran porque el ladrón, que se hace pasar
por “comunicador”, es un amigo de infancia o alguien que le ayuda a
mantener en su blog la publicidad de tal o cual funcionario del
gobierno.
Son tan barbaros, esos
“directores de medios”, que incluso, llegan hasta nominarlo como
“Articulista del año” en supuestos premios a la excelencia en el área de
la comunicación de la provincia.
Consultar o citar una obra
siempre y cuando demos el crédito, no es plagio, el atribuirnos el
crédito de un escrito que no nos pertenece sí lo es. Por eso advierto a
esos blog y diarios digitales de Barahona que al publicar un artículo
plagiado no sólo están engañando y le faltándole el respeto a los
lectores, sino también están perdiendo credibilidad.
Al publicar un articulo plagiado
se estaría violentando o infringiendo uno de los principios más sagrado
del periodismo, que es la ética profesional.