Tomado de 20minutos.es
Miley Cyrus lleva su orgía pop a
Madrid, la ciudad donde mató a Hannah Montana Con escasas variaciones,
la estadounidense repite este show cada tres días y, a pesar de lo
calculado de cada movimiento, logra mantener la frescura.
El espectáculo busca rebasar el buen gusto: una pantalla de más de 10 metros
de alto, una larguísima pasarela, un coche dorado, un perrito caliente
volador… En la primera mitad sonaron canciones de su último disco,
Bangerz, y la segunda estuvo repleta de versiones, con guiños a Lana del
Rey y Dolly Parton. ECO ® Actividad social
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Miley Cyrus, en Madrid 1 Foto Fotogalería Patas arriba 6 Fotos
Concierto de Miley Cyrus en Madrid El Palacio de los Deportes de Madrid,
su segunda parada en España tras su concierto en Barcelona, ha sido el
testigo esta noche de este show no apto para menores que despenaliza el
‘pop mainstream’ o comercial y, por exceso, lo convierte en algo icónico
incluso para el público ‘indie’, en una rara convivencia entre lo naif,
lo kitsch y lo pornográfico. La estadounidense repite este show cada
tres días y, a pesar de lo calculado de cada movimiento, mantiene la
frescura
Su
promotora, la misma que traerá a la capital a los Rolling Stones la
próxima semana, prometía unos medios técnicos y humanos incluso más
colosales que los de ‘Sus Satánicas Majestades’ y no se equivocaba ante
lo que parece más propio de una producción operística.
Como se trata precisamente de
rebasar el buen gusto, aquí todo es obsceno en sus proporciones: la
pantalla de más de 10 metros de alto, el escenario con una larguísima
pasarela, el coche dorado sobre el que aparece recostada con las piernas
abiertas, el perrito caliente volador, los peluches y el hinchable
gigante con forma de husky para homenajear a su perro fallecido…
Imposible apartar los ojos, so pena de perderse los innumerables detalles que
contiene el espectáculo también en la pequeña escala, como los
interminables cambios de vestuario, las proyecciones, los pasos de la
docena de bailarines, los gestos, los guiños, el baile del ‘twerking’ o
la simulada felación a Abraham Lincoln.
Con escasas variaciones, la
estadounidense repite este show cada tres días desde hace semanas y, a
pesar de lo calculado de cada movimiento, logra mantener la frescura y
la expectación por vivir instantes que se han convertido en
emblemáticos, como su irrupción ante el público, regurgitada por su
propia boca a través de un tobogán con forma de lengua, recordando el ya
icónico gesto con la lengua de Miley.
Hannah Montana está
definitivamente muerta y enterrada desde el punto de vista musical (no
toca ni una canción de su etapa en la famosa serie infantil) y también
como personaje.
Ahora toca sintetizar todo el
legado de sus predecesoras, todos sus escándalos y frases salidas de
tono más o menos estudiadas e incorporarlos al show. “A todo el mundo en
este tour le decía que no podía esperar a llegar a Madrid.
¡Es mi lugar favorito para salir
de fiesta en todo el mundo!”, gritaba Cyrus al público de la ciudad,
recordando aquella cita previa en el Rock in Rio de 2010 en el que
sorprendió a las familias presentes y al mundo entero por primera vez
con una actitud más procaz. Y en medio de todo esto revoltijo
pirotécnico, ¿dónde queda la música? Pues en una primera mitad regada
por las canciones de su último disco, Bangerz (adicto a la fiesta, en
español), y una segunda repleta de versiones, con guiños, entre otros, a
Lana del Rey (Summertime sadness) y Dolly Parton (Jolene), dejando que
se asome un ratito la chica de Nashville.
Cinco músicos la acompañan y la
envuelven en un sonido pasado de decibelios, que vive con el teclado y
la atronadora batería de Fu uno de sus mejores momentos, igual que con
Can’t be tamed, de una potencia casi metalera. Además, Miley canta y lo
demuestra en temas más sosegados como My darling o, ya al final, en los
bises, con el que se ha convertido en su gran éxito personal, la
apoteósica Wrecking ball, sola y sin más parapeto que la música de
fondo.
La artista que más dio que hablar en 2013 de sobra ha dado muestras de su capacidad para sorprender.
¿Qué más se puede hacer después
de esto? Sobre todo, impulsar el repertorio para que, en lugar de un par
de éxitos, en su próxima gira suenen dos horas de temas a la altura de
“esta mente para los negocios con un cuerpo para el pecado” pop.
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