Publica una autobiografía que habla de su amistad con Catalina Middleton
La empresaria Emma Sayle posa en un sofá en Londres.
La empresaria Emma Sayle posa en un sofá en Londres. Ian Mcilgorm
CARLOS FRESNEDA Corresponsal Londres
La idea de su vida se le ocurrió
durante una orgía en Ibiza. Corría el año 2005 y Emma Sayle se aburría
muchísimo ejerciendo de relaciones públicas en un mundo dominado por
hombres. Y allí estaba de pronto, en una despedida de soltera, viendo en
acción sobre todo a las chicas (algunas de ellas ricas y famosas)
mientras ellos miraban complacientes o se dejaban hacer.
De pronto le vino un nombre a la
cabeza: Killing Kittens. Soltó una carcajada pensando en el origen
puritano de la expresión -«cada vez que una mujer se masturba, Dios se
venga matando una gatita»- y decidió aprovecharla: «¿Qué mejor nombre
para una club que reivindica la búsqueda del placer femenino?».
Killing Kittens, el club de
orgías para la élite sexual (40.000 miembros en todo el mundo), acaba de
celebrar su noveno aniversario abriendo sucursal en Irlanda y
desafiando a la moral católica. Emma Sayle, que acaba de cumplir 36
años, publica entre tanto su explícita autobiografía -’Detrás de la
máscara’- en la que ahonda en detalles como su amistad con Catalina
Middleton, que fue compañera de estudios en la Downehouse School de West
Berckshire y a la que luego reclutó para su Hermandad de Sloaney, sólo
para chicas…
Las fotos de Emma y Catalina,
remando juntas o saliendo de compras, vuelven a aflorar estos días como
recordatorio del morboso vínculo entre la duquesa de Cambridge y la
organizadora de orgías.
Admite Emma que Catalina buscó
consuelo en la Hermandad durante su gran crisis con Guillermo, pero
puntualiza que aquel era un club «deportivo» y que su viraje hacia el
mundo del sexo vino después.
«Ningún miembro de la Casa Real
ha pasado por nuestras fiestas sexuales, aunque sí varios actores y
actrices famosos», admite la fundadora de Killing Kittens, que en
confidencias al Evening Standard va aún más allá: «Una vez vino a una
orgía un diputado laborista y se pasó todo el tiempo en calzoncillos,
paseando como un perro mientras una mujer le seguía con la correa».
En las fiestas de Kitty Kittens
sólo se admiten parejas y chicas. El anonimato es parte esencial, y
todos los participantes se ponen máscara o antifaz. Una vez dentro, las
reglas de oro son tres: las chicas llevan las riendas, los hombres no
pueden tomar la iniciativa y «no» es «no».
«Nuestra sexualidad ha sido
suprimida y va siendo hora de liberarnos», proclama Sayle, que asegura
haber vencido con el tiempo todos los prejuicios sociales y familiares
hacia su empresa. Su padre es militar y diplomático y su madre ha sido
su cómplice al lanzar Silver Kittens, fiestas donde se abre el abanico a
mayores de 60 años.
Su reputación como sexpreneur
tampoco ha hecho mella en su vida privada. Hace dos años se casó con el
medallista olímpico de hockey James Tindall, del que espera un hijo. «A
nuestras fiestas vienen mujeres preñadas y con un buen bombo», confiesa.
«La sociedad tiene una visión equivocada de lo que está bien o mal».
Tomado de Elmundo.es