Tomado de Diario Libre/Foto archivo Acento
Vargas contó con el apoyo de 58 alcaldes y 50 diputados.
SANTO DOMINGO. Al margen de la
hojarasca y pasiones que han levantado los resultados y sucesos de la
trigésima convención ordinaria del Partido Revolucionario Dominicano
(PRD), hay que identificar las causas, que como la crisis de 2011, las
de mayo de 2012 y agosto de 2013 parieron el pasado proceso perredeísta.
El primer factor que determinó
la ganancia de Miguel Vargas al lograr hacer esta convención con el
dominio de los organismos, fue el accionar dubitativo que mantuvieron el
expresidente Hipólito Mejía y Luis Abinader, quienes el primero agosto
de 2013 reunieron al Comité Ejecutivo de sus seguidores, y decidieron
pautar una convención para el 27 octubre.
Previo a esa decisión, un grupo
de dirigentes, entre ellos Tony Peña y Neney Cabrera, habían preacordado
con Vargas la composición de la comisión organizadora nacional y local,
con la salvedad de que en la nacional tendrían al menos 6
representantes. Pero todo se derrumbó, cuando los más radicales
seguidores de Mejía acusaron a Peña Guaba de querer obviar el liderazgo
de Mejía, lo que provocó un airado discurso del hijo del fenecido líder
del PRD y su salida de una reunión.
El error de ese sector estuvo en
que abandonaron los escenarios como el de la inscripción en el padrón
de militantes y electores, y sólo los alcaldes, diputados, regidores y
dirigentes con posiciones institucionales que apoyan a Vargas se
dedicaron inscribir a sus allegados y leales que les obedecen, y han
votado por ellos en varias elecciones.
Mejía, en una alocución el 14 de
febrero, llamó a no participar en la Convención, rescatar el PRD, y a
refugiarse en la Convergencia para las candidaturas del 2016.
Posteriormente, Abinader anuncia el día 17 de ese mes, en un discurso en
Telemicro, que se quedaría en el PRD y sería su candidato.
Ese sector se dio cuenta de que
estaba perdiendo un tiempo valioso declarándose como un grupo rebelde
dentro del PRD, mientras Vargas manejaba la sartén por el mango
institucional.
En una alocución en el Grupo
Corripio, el 21 de mayo, Mejía anunció la conformación de la “Corriente
Mayoritaria”, que la semana pasada se convirtió en Partido
Revolucionario Mayoritario, formalizando la salida del sector que lidera
del PRD.
Estos mensajes provocaron
confusión y dudas en gran parte de sus seguidores, cobijados por
generaciones bajo el jacho y las siglas de su PRD. Tras la escisión, el
único de los aspirantes a la presidencia del PRD que quedó de ese
sector, Guido Gómez, decidió probar suerte, e inscribirse.
Una utopía
Dados estos precedentes, era una
utopía creer que el equipo que inscribió a la gran mayoría de los 538
mil electores, formó las comisiones locales organizadoras, y tenía el
apoyo de 58 alcaldes, 50 diputados, 427 regidores y a 244 candidatos a
vicepresidentes y subsecretarios, fuera a perder la presidencia del PRD.
La suerte de este proceso
estará, como en todas las recientes ocasiones, en manos del Tribunal
Superior Electoral (TSE), pero de antemano no se prevé que haya cambios
que modifiquen los actuales resultados, porque ya es costumbre en la
política vernácula que los resultados de los procesos electorales son
hechos consumados, y deshacerlos provocarían sismos postelectorales que
no han sido la praxis.
La tradición es que los cuestionamientos a estos procesos no han pasado de denuncias en la opinión pública.