Dan de qué hablar/Tomado de El Caribe
No
es sólo la violencia en el ejercicio de la política que tanto irrita.
También está el descaro. Ver cómo un imputado como Blas Peralta, que ya
tiene coerción por un año, a punto de llorar diciendo que nada tuvo que
ver con los incidentes en que resultó muerto el candidato a senador por
el PRM y exrector de la UASD Mateo Aquino Febrillet, y singularmente,
cómo habla de cuánto lo admiraba, de que era su guía y mentor, su
profesor. ¡Por Dios! Todo eso, después que dijo que no estaba en todos
esos alrededores, para luego admitir que sí inició una persecución... al
final, que habrá que buscar el responsable del tiroteo. ¡Ofrézcome!
