KAI PFAFFENBACHREUTERS
ORFEO SUÁREZ Enviado especial Río de Janeiro
@OrfeoSuarez/Tomado de Elmundo.es
El
estadio esperaba a Usain Bolt. Se diría que todo Río. El héroe de la
pista recoge el testigo del héroe de la piscina. Será difícil encontrar
otra coincidencia semejante como la de estos dos deportistas, de la que
han disfrutado los tres últimos Juegos.
Es como si la historia hubiera
hecho coincidir a Jesse Owens y Mark Spitz en una misma cita. A su gesta
se une el relato. Bolt y Phelps también lo tienen, aunque sea, por
fortuna, en un mundo mejor. Owens padeció el nazismo y la segregación en
su país; Spitz, judío, fue testigo de la mayor masacre olímpica en
Múnich. [Las imágenes de la carrera]
Los
gritos empezaron cuando el jamaicano saltó a la pista para disputar la
sexta serie de los 100. Saludó levemente. Si guarda alguno de sus
números será para la final, o incluso después, porque afronta la
situación más comprometida en unos Juegos, salvo aquellos de Atenas en
los que era un adolescente, lesionado en las series de 200. La
irreverencia lo distingue tanto como su talento, aunque ponga de los
nervios a la ética victoriana que todavía rige parte del deporte.
El
jamaicano, en la calle seis, esquinado como Justin Gatlin, concluyó en
10.06, con un ligero viento en contra (0,4 metros por segundo en
contra), pendiente de realizar el mínimo esfuerzo para superar a Andrew
Fisher y ser primero. Si algo pudo apreciarse, es su baja reacción en la
salida y la precaución en sus primeros apoyos, algo habitual por su
altura, pero que esta temporada se ha acentuado debido a las lesiones.
Incluso cuando realizó su mejor marca del año (9.88), en Kingston, en su
país, evidenció ciertas dificultades. A partir de los 50 metros, sin
embargo, se desata.
Antes
que Bolt, el atleta que amenaza su intención del 'triple-triple', como
sería ganar 100, 200 y 4x100 en tres Juegos consecutivos, mostró un
excelente tono. Gatlin concluyó en 10.01 sin oposición, ni esfuerzos. Lo
mismo puede decirse de Bolt, aunque se trata de referencias poco
indicativas, por mucho que el tiempo del estadounidense fuera el mejor
de los tiempos, por el cuarto del jamaicano. Las semifinales ofrecerán
más parámetros, con atletas ya por debajo de la barrera de los 10
segundos.
Bolt
acude a Río 30 centésimas por debajo de su récord mundial (9.88 frente a
9.58), pero es un tiempo, si es capaz de repetirlo, con el que se puede
aspirar a todo, en función de la prueba. La impresión, no obstante, es
que Gatlin le va a exigir más. En los 'trials' estadounidenses, corrió
en 9.80. Nadie lo ha hecho esta temporada más rápido.
Sancionado
dos veces por dos positivos que lo tuvieron apartado entre 2006 y 2010,
Gatlin regresa, a los 34 años, cuatro más que el jamaicano, de un
oscuro túnel, en el marco de unos Juegos muy polémicos a propósito del
dopaje. Las voces contra Yulia Efimova en la piscina podrían acabar de
serlo contra Gatlin en el estadio, ya que hay quienes piensan que los
que han sufrido positivos no deberían volver a unos Juegos. De esa forma
lo ha dicho Michael Phelps, a propósito de la rusa. Bolt, de momento,
corre y calla.
