martes, 10 de marzo de 2026

NOEL ALBERTO SUBERVÍ: Playa Saladillas: reflexiones sobre un espacio de la ciudad

Por Noel Alberto Suberví Báez
Hablar de Playa Saladillas es hablar de una parte esencial de la historia social de Barahona. Durante décadas fue uno de los principales balnearios de la ciudad: punto de encuentro familiar, espacio de recreación juvenil y escenario de recuerdos colectivos. Antes de finales de los años setenta, la playa contaba con mayor extensión de arena e infraestructura básica que la hacía atractiva y funcional.
 
El paso del huracán David en 1979 cambió drásticamente su fisonomía. La erosión costera, la pérdida de estructuras y la falta de un plan sostenido de recuperación provocaron que Saladillas entrara en un prolongado período de deterioro. Con el tiempo, otros destinos comenzaron a captar la atención, mientras este espacio quedaba relegado, pese a su cercanía estratégica con el casco urbano.
 
Cambios y mejoras recientes
 
En los últimos años se han dado pasos importantes para revertir esa situación. La construcción e inauguración de la carretera Riocito–Playa Saladillas, impulsada por el gobierno encabezado por el presidente Luis Abinader, representó una mejora significativa en el acceso. Una vía segura y señalizada no solo facilita la llegada de visitantes, sino que también envía un mensaje claro de que el lugar vuelve a estar en agenda.
 
Estas intervenciones en conectividad han reactivado el flujo de personas y han devuelto visibilidad al balneario. Sin embargo, la recuperación integral de una playa va más allá del acceso. Requiere mantenimiento constante, ordenamiento, servicios básicos adecuados y una planificación ambiental que garantice sostenibilidad.
 
El potencial que no se puede desperdiciar
 
Playa Saladillas tiene condiciones privilegiadas: proximidad inmediata a la ciudad, valor histórico para la comunidad y capacidad para convertirse en un espacio organizado para el turismo familiar, deportivo y recreativo. Puede ser un punto clave dentro de la oferta turística de Barahona si se gestiona con visión de largo plazo.
 
Aquí es donde entra el verdadero desafío. El sector privado puede apostar por inversiones responsables que eleven la calidad de los servicios sin desnaturalizar el entorno. Las autoridades municipales deben asumir el liderazgo en regulación, limpieza, seguridad y planificación territorial. Y la ciudadanía tiene el deber ineludible de cuidar el espacio, entender que lo público también es propio y actuar con conciencia ambiental.
 
Saladillas está en un punto decisivo. Puede convertirse en un caso ejemplar de cómo una ciudad recupera un espacio que parecía perdido, o puede volver a diluirse entre buenas intenciones y falta de seguimiento. La diferencia no la hará una obra puntual, sino la capacidad de sostener un proyecto de ciudad. Si Barahona asume ese reto con seriedad, Playa Saladillas no solo recuperará su brillo: se convertirá en una referencia de desarrollo bien pensado y bien ejecutado.
 
No se trata únicamente de rescatar un balneario. En el fondo, se trata de demostrar que una ciudad que reconoce el valor de sus espacios también es capaz de proyectarlos hacia el futuro. Playa Saladillas puede volver a ocupar un lugar significativo en la vida de Barahona si se mantiene una visión compartida y sostenida en el tiempo.
 
Noel Alberto Suberví