Tres
jóvenes estudiantes y trabajadores que no pudieron resistirse a la idea
de ser ricos rápido y planearon robos en residencias, colmadones y
bancos, hoy nos cuentan qué pasaba por sus mentes cuando tomaron la
decisión de escoger ese camino.
Wendy Santana de Franjul
wendy.santana@listindiario.com
Santo Domingo/Tomado de Listin Diario
Todos
coinciden en que se apresuraron y no esperaron su tiempo. Lo admiten
como un error, dicen estar arrepentidos y recomiendan a la juventud que
se puede perder en el fango, que utilice su inteligencia y habilidades
para progresar en la vida, no para acabar con la tranquilidad de los
demás. Un estudiante de bachillerato quería darle a su hijo todo lo que
pidiera.
No continuó los estudios porque suponía que no iba a llegar muy
lejos con eso, planeando entonces el robo de un banco. Lo primero que
hizo fue dejar la oficina donde trabajaba para solicitar trabajo como
vigilante en el lugar donde cometería el hecho.
Otro
joven con 17 años, en octavo curso, trabajando en construcción y
visitando una iglesia pentecostal, optó por dejar todo eso y “tirarse a
la calle”. Dice que cuando hizo su primer robo y al día siguiente se
sentó en el pupitre de su escuela pensó que no debía hacer eso, pero la
adrenalina que tenía era tan fuerte que lo único que quería era seguirlo
haciendo. Y una empleada doméstica, que inicialmente dejó los estudios
para trabajar en una casa de familia y mantener a sus hijos, sintió
mucho deseos de ser como la dueña de la casa y comenzó a robar sus
ropas, accesorios y después dinero, costándole esto estar ahora separada
de sus hijos, y en conflicto con ella misma, por haberse dejado llevar
por la codicia.
“Esa era mi meta y la logré”
Nos han dicho que eres uno de los presos más peligrosos de La Victoria
porque hiciste un robo en un banco de valores y lograste sacar 30
millones de pesos. Cuéntanos tú mismo cómo lo hiciste.
Yo
hice bachillerato y no quise seguir. Siempre he trabajado y he sido una
persona tranquila. Trabajé ebanistería en una empresa grande,
carpintería, desabolladura y pintura, trabajé en seguridad, como todos
los dominicanos que tienen que estar cambiando porque la cosa está mala.
Por la necesidad de dinero y el deseo de llegar rápido me propuse
conseguirlo y logré entrar a trabajar en una empresa de valores de donde
sustraje un poco de dinero.
-¿Cuánto?
- Treinta millones
-¿Y cómo lo hiciste?
-Yo
tuve que abrir siete puertas para llegar a ella y era complicado porque
cuando se abría una se cerraba otra, pero yo estudié cómo era que
funcionaba la cosa. Primero comencé a relacionarme con gente de la
sociedad para llegar a este banco y logré llegar.
-Cómo te relacionaste...
-Visitaba
casinos, plazas, me metía en algunas actividades sociales, todo el
mundo con su traje, hasta que poco a poco fui llegando. Yo andaba en la
zona del Mirador, Los Cacicazgos, buscando cómo relacionarme con las
personas.
-Qué buscabas en realidad.
-Aprender de ellos, relacionarme, y a través de ellos llegar a ser alguien en la vida.
-Y a quién conseguiste en ese recorrido.
-Yo
me fui primero por el lado de los políticos, diputados, senadores y
funcionarios. En tiempo de campaña es fácil llegarles a ellos. Me tocó
durar cinco años trabajando en seguridad en sitios bien, con gente bien,
como la gente de Casa de Campo y La Romana. Yo los veía jugando golf y
dije algún día yo voy a estar así como ellos. De ahí solicité en una
empresa grande y me relacioné de inmediato con los altos para sustraer
el dinero.
-¿Cómo lo hiciste?
-Dentro
del banco había personas que estaban sacando poco dinero y buscando la
forma de cómo sacar más y me buscaron. Yo me enteré de personas que
habían hecho esa vuelta y me les acerqué para que me ofrecieran el
trabajo grande. Comencé a averiguar quién era que lo hacía. Nadie quería
decir nada, pero una persona de adentro me tiró y acepté, busqué gente
de afuera para que me ayudara y lo hicimos.
-¿Quién te propuso hacerlo?
-Un
ejecutivo alto. Lo hizo por medio de otro. Me dijo que yo debía dejar
pasar a la persona que iba a entrar al banco, independiente de todo lo
que yo pudiera sustraer para mí, y que toda esa culpa me iba a caer y la
debía aceptar.
-¿Por qué te eligieron a ti?
-Mi perfil no es muy común. Yo no parezco un delincuente y yo inspiraba confianza.
-Qué pasó después...
-Después
del robo duré tres meses en la calle dando vueltas. Se supo y me
andaban buscando, pero no me encontraban. De las personas que trabajaron
conmigo cayó uno preso y en la investigación rechazaron la acusación,
pero una persona de los dueños del banco me estaba reclamando que yo
violé la confianza y pidió que me buscaran porque yo me había
desaparecido. No iba a mi trabajo. Tuve la suerte que Dios metió la mano
y no me mataron.
-¿Quién te iba a matar?
-Eso
fue el día que me agarraron en el sector El Valiente de la zona
oriental. La orden era ‘mátenlo’, pero no lo hicieron. Yo estaba
haciendo tiempo para irme fuera del país. Tenía todo comprado y
resuelto. Cuando me agarran yo le digo a las personas que mandaron a
atraparme, que son esos policías especiales que tienen para eso, que les
voy a dar dinero. Ellos lo cogen y me dicen que tienen que llevarme
como quiera pero que me van a tratar suave y me van a ayudar a salir. Me
llevaron al Palacio de la Policía y ahí me jodieron. Cogieron el
dinero, me dieron golpes con la cabeza dentro de una funda y en vez de
pedirme que hable, lo que hacían era pedir más dinero.
-¿Cuánto les diste?
-Cinco
millones de pesos. Yo lo cargaba en una mochila como mi seguridad
porque sabía que me iban a matar y para que no me maten tenía que darle
lo suyo.
-Cuéntame el robo, como si fuera una película... paso por paso.
-El
plan era sacar unos cuantos sacos de dinero, pero yo saqué tantos que
no podía con ellos. No los podía cargar. Pensé quedarme con una buena
parte aunque después tuviera que repartirlo. Eran las 8:00 de la noche y
ya el banco estaba cerrado. Habíamos cinco o seis “guachimanes” por
diferentes puntos. Yo llego al dinero pero algo falló. No calculé que
faltaba un camión de la compañía por llegar y nos encontraron. Tengo una
de las personas que recluté adentro y a los demás seguridad amarrados.
Cuando llegó el camión tengo en la puerta como cien y algo de millones.
Sólo pude sacar 30. Yo transportaba dinero y sabía cómo era todo. Ya
tenía tres meses ahí adentro. Cuando nos ven otros guardianes comienzan a
disparar y salimos corriendo en el vehículo que nos estaba esperando
afuera. Transitamos por la Núñez y vemos un Amet. Digo: voy a tener que
matarlo si nos paran.
“Uno a veces necesita adrenalina” No tienes que decirme tu nombre. Solo qué pasó contigo, quién eres, de dónde vienes, cómo es tu familia y eso...
Vengo
de Paraíso de Barahona. Una familia muy humilde. Todos mis hermanos
vinimos para la capital, uno a uno, por motivos de sustento. Vine a la
edad de 11 años al barrio Mata de los Indios de Villa Mella. Al poblado
La Victoria vine a los 19 años. Cumplí los 20 en la cárcel.
Yo
vivía con una hermana que me crió desde pequeño y me puso a la escuela,
donde llegué hasta el octavo grado. Después tenía que trabajar para
ayudarla porque tenía unos cuantos niños pequeños. Yo trabajaba con un
hermano que era maestro constructor y le ayudaba a hacer las mezclas y a
poner los blocks.
Luego
me metí en amores y para la noviecita no era suficiente lo que ganaba
en la construcción. Era muy exigente. Seguí estudiando y nada, un amigo
me dijo que tenía un vehículo y que una persona le traería un dinero y
ya estábamos en el mes 10, a punto de caer diciembre y la novia mía
exigiéndome ropa. Al hacerme el amigo mío la propuesta yo decidí hacer
lo que me propuso. Sustraje una mochila de un auto en la cual me dijo
que tenía dinero, 200 mil pesos en efectivo. El auto estaba abierto con
la persona a punto de subirse. Era una mujer propietaria de banca de
lotería. Tomé la mochila y me fui. Mi amigo me había dicho que me iba a
dar un arma de fuego para hacerlo porque a veces ella andaba acompañada
de su esposo. Yo me desesperé y no tomé las medidas necesarias, salí
desarmao y la mujer vino inofensivamente, porque las mujeres siempre
andan como inofensivas, tú sabes. Yo no tenía ni siquiera un cuchillo
encima. Le dije ¡Cuidao!, si te mueves te doy un tiro y en realidad no
tenía nada. Ella se puso nerviosa. Entonces dije: Yo lo puedo hacer con
terror psicológico sin tener que agredirla. Puse mi mano en mi cintura
para simular que tenía un arma, tomé la mochila y le dije que se esté
tranquila. Eran más o menos las 12:00 del mediodía. La comunidad me cayó
detrás. Vieron cuando yo salí corriendo. Ella no gritó, la verdad es
que lo que más me dolió fue verla que no puso decir nada porque en
realidad es un trauma. A ella no les salían las palabras, quería hablar,
pero no podía, estaba en shock, inmovilizada, como con los músculos
encogidos.
Yo
me fui caminando, use una artimaña de decir que tenía un arma de fuego y
la gente me tenía miedo. Logré irme y en realidad quien disfrutó del
dinero mío fue mi hermano porque yo caí preso. Él me dio lo que quiso,
me dijo que se fueron en abogados, en fin, el hecho es que yo no lo pude
disfrutar. Por ese hecho estoy preso.
-¿Eso fue lo único que hiciste?
Sí,
¡eso fue lo únicoÖ.! Bueno, no. Yo participaba con los amigos míos en
algunas cositas sencillas por ahí, pero ese fue el robo que me trajo a
la cárcel. Quieres saber a qué yo le llamo cositas sencillas. Tú eres
inteligente, me gusta tu forma. Pues mira, yo toy pa’ti hoy, te voy a
decí to’. Yo estaba en coro en el barrio, salí un par de veces en rotura
de casas, rompiendo candados, paredes, hierros, lo que sea. Cuando uno
está en eso hace de to’.
-Me interesa saber cuál es el móvil para penetrar a una casa. ¿Por el robo de casas nunca te detuvieron? ¿o sí y te soltaron?
Sí
y me soltaron. Nunca me encontraron evidencias porque es muy difícil
para la Policía. Es más peligroso. Es un riesgo no sólo para uno sino
para la gente que está dentro de la casa. Porque uno cuando va ya sabe
cuántas personas pueden estar despiertas, si tienen armas. Esos hechos
ocurren a diario. Quien me llevó a eso fue otro amigo. En el primer caso
de robo de casa que tuve había unas prendas ahí y una sola persona. Si
hay mucho dinero en la casa alguien te orienta y se entera por algo. La
gente vive hablando delante de sus empleados y uno de ellos dice cómo es
la cosa, a veces no es para robar él mismo, sino por hablar y algún
familiar que está en eso lo oye y coge pa`llá. Le pide más detalles y a
veces participa, a veces no solo informa porque no sabe cuál es la
movida. Pocos rompedores van a aventurar sin saber. Primero investigas.
Es decir, investigamos cuántas armas puede haber, cuantas habitaciones,
si hay niños, mujeres. Generalmente se hace en la madrugada, 3:00 de la
mañana, dos y media, que es la hora en que el sueño los abate.
INSTRUMENTOS QUE USAN
Se usan cizallas, otros utilizan las mismas llaves de la casa que les
sacan copias. Miran cómo es la cerradura de la casa y mandan a hacer la
llave. Hay personas que trabajan haciendo eso. Otros usan
destornilladores de estrías arreglao pa’eso y especiales para puertas
enrollables de negocios. Se preparan como 20 llaves posibles y una de
esas tiene que abrir, sino vuelven y lo intentan hasta que lo hacen.
Tienen todas las combinaciones. Para candados Yale también. Esos se
abren muchos con un pincho o alfileres. Los seguros multilook también.
No importa que abran y cierren tres o cuatro veces, hasta 8 que sean.
Aquí no hay casa que no se pueda abrir. Todo se abre. Para los barrotes
se usan las cizallas. En realidad no hay nada seguro.
LA HUIDA
Yo llevo un bulto, una escopeta, una pistola y el amigo mío. Nos
pasamos para otro vehículo que encontramos en el camino. Lo secuestramos
y seguimos en él. Dejamos a esa gente por el Puente Juan Carlos y nos
encontramos con el chofer inicial que estaba con nosotros en el banco.
Le di dinero a mucha gente. Más a amigos porque mi familia no quería
coger nada. Tenía miedo. Yo quería volver atrás pero ya no podía. Tenía
dinero y no lo podía gastar porque andaba huyendo y para colmo mi hijo
me destroza el corazón. Yo le pregunto, dime mijo, que quieres; un yate,
un avión. Nada papi, me dijo. Lo único que quiero es que tú estés
conmigo.
-Todo
el valor de este señor se desploma en un segundo con tan solo contar
esta parte de la historia. La imagen inocente de su hijo de 7 años se
tragó todo el afán por ser multimillonario para que el niño tuviera algo
que él no tuvo. Sus ojos enrojecidos. Ya no podía ni hablar. Le di una
pausa y continuó ofreciendo detalles sobre los atormentados que fueron
sus días mientras esperaba que lo fueran a buscar, a pesar de todo el
dinero que había repartido.
“SUS PRENDAS ME DESLUMBRARON”
Estamos aquí porque conseguimos un permiso en la Procuraduría para
hablar con ustedes los que han caído. Queremos saber cómo funciona esto,
qué pasó con tu vida. Por qué estás aquí, qué expectativas tienes.
“Mire,
lo primero es que cualquiera puede caer. Hasta usted. Usted es mujer
como yo y sabe bien que a veces nosotras deseamos las cosas que tienen
las otras mujeres porque se ven bien o lo que sea. Uno tiene derecho a
estar bien como ellas, pero la vida no te lo da. Y somos humanos,
cometemos errores. A veces uno se ciega por un deseo de tener algo y le
da mucha cuerda ver cómo otros lo consiguen tan fácilmente y uno no.
Pero
yo no quiero hablar de eso. Vamos a hablar de mi arrepentimiento.
Cometí un error porque no voy a decir que no. Pero después que yo llegué
a este lugar conocí a Dios. Entendí que él tenía un propósito conmigo,
me integré a socializar con el Señor y ya no veo el error sino la manera
de cambiar. En la vida pasan cosas que después uno medita y se da
cuenta del error que cometió, pero que ya uno no hace nada con darse esa
culpa porque nadie está a salvo de esto.
La
Biblia dice en Primera de Corintios que desde que entra la persona en
Cristo nueva criatura es. Algo nuevo. O sea, que el hecho de yo estar
aquí no lo veo como algo mal sino como una intención del Señor de que
cosas que yo hacía antes no las volviera a hacer.
Usted
quiere saber cuál fue mi error. Yo le digo que eso ya no importa, sino
mi arrepentimiento. ¡AhÖ sí!, muchas personas están a punto de cometer
el mismo error que yo cometí, como usted dice. Es verdad. Pero yo no
puedo hacer nada para evitarlo.
Usted
quiere que yo le diga a las demás gentes cómo evitar caer en la
tentación de robar. Eso es difícil. Mire yo se lo digo, cuando uno
quiere hacer eso es que lo quiere hacer. Nada lo detiene. Sólo Dios si
uno piensa en él. Pero uno no piensa en eso en ese momento. Uno está
acompañado del demonio.
Usted
quiere que yo piense en el momento en que a una gente se le mete en la
cabeza el deseo de coger algo que no es suyo, pero yo no quiero pensar
en eso, yo quiero olvidar esoÖ.. Si usted me sigue presionando yo me
paro de aquí y me voy.
¿Qué
es lo que usted quiere?... que yo le dé un consejo a la gente, pero
ahora yo soy DiosÖ Bueno, estoy condenada a cinco años por robo en una
casa. Yo trabajaba allí Ö problemas que pasaron. No me puedo justificar
porque cometí un error y lo estoy pagando aquí. No importa lo que haya
hecho. Lo hice. ¿Qué hice? Yo trabajaba en una casa de familia y la doña
me echaba vainas con su elegancia. Me mostraba sus cosas, las lucía
delante de mí y yo sentía que se estaba riendo de mí por ser pobre.
Lo
importante es que no lo vuelvo a hacer nunca. Lo que pasa es que cuando
una persona está en tinieblas no ve nada, pero después que usted conoce
a Dios es que se da cuenta que tiene que cambiar.
Yo
tengo tres hijos, madre soltera. La más pequeña tenía tres meses de
edad cuando caí presa, tenía otra hembra de 14 y un varón de 12. El papá
murió en la calle. Lo mataron.
NO LO VUELVO A HACER
Qué le puedo decir a esas mujeres que están como estaba yo con esa
necesidad de dinero y deseos de ser la dueña de la casa, ohÖ que no lo
hagan, que Dios está ahí mirando todo y que aquí en la tierra todo se
paga. Mire, lo que ellas tienen que hacer es pensar que Dios sabe lo que
le da a cada cual. Si a otro le dieron más, amén, si a usted le dieron
menos, amén también. Dios es que sabe y con cualquier cosa se vive. Lo
importante es estar vivo y respirar, no brillar con tantas prensas y
vestidos caros.
Yo
le diría que no se desesperen porque se afanan por tener un pantalón
nuevo y el pantalón en cualquier momento se puede manchar o romper y ahí
se acaba todo y qué. No vale la pena. Esas son cosas materiales que se
esfuman y después que uno se pone una ropa nueva ya. Pasó el gusto. Y
vale la pena venir a la cárcel por ponerse un collar que cuesta cuarto y
un pantalón nuevo. No. Entonces, ya no tengo nada más que decirle.
Mire,
ni una buena cartera, perfume, zapatos. Nada se eso sirve para el
Señor. Yo anhelé todo eso y lo tuve a la fuerza, robao. Pero mire como
estoy Ö. No puedo criar a mis hijos ni nada. De qué vale.
Uno
lo único que tiene que atesorar es cambiar esos pensamientos y cuando
Dios quiera entrar a su vida dejarlo entrar y reconocer que andaba mal.
Porque hay gente que no lo reconoce y piensa que eso es normal. Y hasta
cuando salen de aquí vuelven y lo hacen.
Ah,
pero todavía usted quiere saber más. Ahora son los valores. Por qué
usted me pregunta a mí cuáles son para mí los valores de la vida. Por
qué no se lo pregunta a Margarita Cedeño. Ella trabaja los valores. Ella
sabe de eso. Que ayude ella que mucho que puede con el poder que tiene.
Los
valores para mí son la madre, los hijos, la paz, el bien. Y estar
tranquila. Aquí me quedan dos años y 8 meses. Que qué voy a hacer cuando
salga de aquí. OhÖ Solamente Dios lo sabe. Primeramente me iría a la
casa con mis hijos y después a donde Dios me lleve. Qué tipo de planes
tengo: no sé.
Ajá.
Ahora vamos a hablar de humillación. No, yo no me sentía humillada, era
que yo quería ser como ella. Ella me trataba bien. Dios me liberó.
Gracias que me trajo a este lugar. A mí me preocupaban mis hijos pero
después me fui acostumbrando e integrando a los cursos y lo que uno
puede aprovechar aquí y salir una nueva persona.
Si
son efectivos los programas hacen que uno tenga la mente ocupada y
pueda seguir adelante. Si uno se pone para eso usted lo hace.
La
persona que me acusó nunca vino por aquí, nunca me ayudó pero yo tengo
una ayuda mayor, que es Dios. Yo sólo estoy esperando que el Señor
permita sacarme. Yo le dije que no quería hablar del robo. Fue un robo y
ya. Usted no sabe lo que es un robo, coger algo que no es tuyo y
llevártelo y cuando la gente se da cuenta entonces se molesta y si te
encuentra te mete presa. Ya...
ROMPEDORES -Y cuéntame de los casos en los que tú participaste.
Yo
participé en dos casos. Los dueños de la casa estaban en Estados
Unidos, dejaron a un muchacho cuidando la casa. Él estaba durmiendo.
Sabíamos en qué habitación estaba y que tenía un arma de fuego. La
persona con la que fui era ambiciosa. El plan era sacar prendas, pero él
se puso a sacar electrodomésticos y el joven se despertó. Lo agarramos,
lo amarramos y le dijimos que no se mueva. Lo mejor que puede hacer una
persona así es no resistirse, aunque esté armado.
¿Y de dónde les sale la valentía a ustedes?
Con
la droga, cocaína o marihuana. La marihuana inmoviliza un poco pero la
coca te pone rápido, acelera el metabolismo del corazón y sientes más
energías para hacer las cosas. Hay gente que entra a robar y después
hace de todo, viola y eso.
¡Qué pasa por su mente?
Ellos se preparan para no pensar en nada. Lo único que piensan es en hacer lo que van a hacer y no les importa nada.
¿Y cuál fue el otro caso?
En
un colmadón. Ahí todo resultó bien porque no había nadie. Una mujer nos
había dicho donde estaba el dinero y fuimos, rompimos una pared y
tomamos el dinero, bebidas y artículos y los vendimos. Primero uno busca
el comprador y después roba. En el mercado negro hay de todo, ellos
saben que eso es robao y como quiera lo compran.


