jueves, 1 de enero de 2026

LA DICTADURA CUBANA ya no arenga, más bien se queja, llora y lamenta sin generar esperanza

La admisión implícita de su fracaso está en sus últimos discursos y medidas de emergencia. Una economía que no genera riquezas, que lo único que hace es distribuir pobreza, cae porque sí.

PorJairon Severino  1 January, 2026/Tomado de El Dinero

No es noticia, pero hay que decirlo: la economía cubana está en su peor momento, incluso su realidad es muchísimo más crítica que durante el llamado “Período especial” luego de la abrupta caída de la Unión Soviética a principios de los 90. Cerca de tres millones de sus habitantes han salido huyéndoles a la miseria y a la falta de esperanza desde la pandemia del covid-19.

Su sistema eléctrico está al tris del colapso, si no es que ya lo está. Los cortes de energía duran días en algunas zonas. No hay agua potable permanente, sus sistemas de salud y educación están en el piso. El turismo, con hoteles construidos por el Estado, respira con dificultad, pero cada vez más las cifras muestran que nadie quiere vacacionar en un país donde no hay garantías de ningún tipo. Y es una pena, pues el pueblo cubano es digno y solidario.

Los resultados afirman una verdad irrefutable: el modelo económico centralizado en el Estado no funciona y jamás pudo asegurarse de que lo haría. Sólo las circunstancias lo mantuvieron a flote durante poco más de seis décadas. Por ahí dicen que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Llegó el fin de la Era Castrista y no sucedió por decisión del pueblo, sino por el efecto mismo de la realidad. Una economía que no genera riquezas, que lo único que hace es distribuir pobreza, cae porque sí.

Sin sacamos cuenta, Cuba ha vivido de la caridad de sus aliados. Primero fue la Unión Soviética, que, y hay que decirlo, fue pieza clave para los soviéticos durante el período de la Guerra Fría, pues hacerle sombra a Estados Unidos, a menos de 150 kilómetros, era lo obvio. Tras su caída, llegó Hugo Chávez a Venezuela, quien aprovechó el auge en los precios del petróleo; ahora está México con Claudia Sheinbaum inyectando un poco de suero negro para sostener lo que aún queda del régimen que lideró Fidel Castro, su hermano Raúl y que ahora sucumbe con Miguel Díaz Canel.

Un 70% de la población pasa hambre y no puede comer más de una vez al día. Un 80% está en pobreza y apenas un 6% puede decir que tiene condiciones óptimas para vivir y suplir todas sus necesidades. Un 4% está perdido en la realidad. Y lo peor: la población no se puede quejar, a pesar de que las autoridades del régimen lo hacen constantemente culpando de su desgracia “al bloqueo”, cuando en realidad lo que hay es un embargo sólo para comerciar con empresas de Estados Unidos.

Si algo hay que reconocerle a la Revolución Cubana es la calidad de convencimiento de su discurso. Por supuesto, esto se ha ido cayendo conforme los ciudadanos tienen acceso a informaciones “que llevan de afuera” gracias a la tecnología y llegada del internet en la isla hace alrededor de una década. Este 1 de enero de 2026 se cumple 67 años de haber depuesto del Gobierno a la derechista dictadura de Fulgencio Batista, aunque, con el pasar del tiempo, haya salido peor la medicina que la enfermedad.

Ya lo dijo Miguel Díaz Canel Bermúdez, el dictador cubano, en la clausura del Tercer Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura en 2024: “El único premio a cambio es la posibilidad real y práctica de ser más útiles a la sociedad y el reconocimiento del pueblo al que servimos”. Habría que preguntarse de qué ha servido mantener la sin razón de un sistema que no evoluciona, que le cierra el paso de las reglas de la economía de libre mercado, la que sí funciona y de la que necesita Cuba para generar valor.

Estas palabras, las de Díaz Canel, sustentan su afirmación de que, como cubanos, “no aceptamos de modelo al todopoderoso Congreso de los Estados Unidos, donde legisladores honestos, interesados en servir a sus comunidades, están obligados a legislar al lado de auténticos bandidos, servidores de lobistas de las armas y de otros negocios infames, como esos que han sostenido durante décadas las políticas contra Cuba como si fuera un asunto de política interna”. Aquí parece que habló más el orgullo que la razón, sin tomar en cuenta que con bravuconería no se logra revertir la pobreza o recuperar la economía.

El primer párrafo de su discurso, pronunciado en Tercer Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura, podría interpretarse como una admisión implícita del fracaso del modelo político y económico, pero que no puede admitir por razones obvias. Hablando de cambio, abrió sus palabras de la siguiente manera: “Durante estos días hemos discutido y acordado sobre diversos temas, todos muy sensibles para la nación cubana. Insisto en que nos corresponde ahora cambiar lo que deba ser cambiado y avanzar en la ruta emprendida hace ya 65 años para emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos, según el concepto de Revolución que nos legó el comandante en jefe Fidel Castro Ruz”.

El hoy primer ministro Manuel Marrero Cruz, que tiene tuvo el segundo discurso más importante y largo del Congreso, dijo lo siguiente: “En este contexto nos hemos desempeñado en un escenario de economía de guerra. Perseguimos el objetivo de mantener el funcionamiento en las actividades económicas y sociales indispensables para el país, procurar el autoabastecimiento, garantizar la producción de alimentos y controlar la economía nacional desde el Gobierno”. ¿Controlar la economía nacional desde el Gobierno? ¿Por qué insistir en un método cuyos resultados han sido desastrosos para al país y su gente? ¿Cómo ganar confianza de los inversionistas extranjeros y privados cuando con un solo plumazo el Gobierno puede echar para atrás los planes? ¿Qué más debe pasar en Cuba para que sus gobernantes entiendan que llevan casi 70 años tratando de ser autosuficientes y que no han podido? ¿Es orgullo o ideología?

Está más que sobreentendido que desde hace algunos años el régimen cubano sufre una sequía de divisas, la misma que se genera en el capitalismo que repudia y que, sin admitirlo, sería la solución a los problemas de Cuba. Marrero Cruz lo admitió con claridad meridiana cuando afirma que, para incrementar los ingresos en divisas, “requerimos desarrollar negocios mutuamente ventajosos con inversores extranjeros y fomentar nuevas modalidades. Hemos evaluado la posibilidad de pensar y proponer qué más podemos hacer en materia de inversión extranjera, no lo mismo de siempre, la empresa mixta, el contrato, sino ¿qué más?”. Por supuesto, este ministro sabe que falta una variable fundamental para lograr que un empresario invierta en Cuba: confianza.

Una de las cosas más interesantes que resultan del análisis de contenido de los discursos de los dos principales líderes del gobierno cubano es cuantificar cuántas veces se pronuncian las palabras consideras clave. Entre paréntesis están son: imperio (3), pueblo (59), bloqueo (12), revolución (39), democracia (1), dictadura (4), comandante (4), soberanía (2), Fidel (9), precios (46), decisión (7), compañero (12), poder (36), presidente (18), comité (12), República (8), sistema (29) y “embargo”, que aparece 10 veces, pero sólo cuando forma parte de la frase “sin embargo”. Se puede decir a todo pulmón que la dictadura cubana ya no arenga, más bien se queja, llora y lamenta sin generar esperanza.

La Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD) publicó una investigación que tituló: Cuba: una sucesión de crisis económicas y financieras en un contexto de fragilización del modelo cubano. Fue colado en su portal en julio de 2025.

La AFD confirma en su introducción lo que se sabe: el modelo económico cubano, poco productivo y escasamente diversificado, ya no es sostenible. El país se hunde en una crisis económica, social y energética sin precedentes desde la conmoción que siguió a la caída de la Unión Soviética en 1991. La sucesión de perturbaciones ligadas al colapso de Venezuela en 2019, socio energético clave de Cuba, la pandemia de covid-19 en 2020 (con el desplome del turismo, de las exportaciones de servicios médicos y de las remesas procedentes de la diáspora) y la guerra de Ucrania en 2022 (que provocó un fuerte encarecimiento de las materias primas importadas) han agudizado las vulnerabilidades internas y externas del país.

La financiación del déficit por cuenta corriente sigue bajo presión mientras el país se enfrenta al agotamiento de sus principales flujos de entrada de divisas. El país, sometido a un régimen de sanciones comerciales y financieras por parte de Estados Unidos, que ya se habían endurecido durante el primer mandato de Donald Trump (2017–2021), sufre una nueva vuelta de tuerca. El segundo mandato de Trump probablemente se traducirá en un régimen de máxima presión sobre la isla, con primeras medidas ya adoptadas (prohibición del envío de remesas a la isla a través de Western Union, reincorporación a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, eliminación del programa migratorio CHNV). Hay que agregar que la caída del régimen de Venezuela prácticamente decreta algo similar en Cuba.

Para la AFD, el importante deterioro de los indicadores socioeconómicos desde 2020 pone en entredicho las conquistas sociales de la Revolución. Hasta los años 90, afirma, los cubanos se beneficiaron de la construcción de una generosa base social que permitió reducir considerablemente la pobreza y las desigualdades. Esta se fundamenta en un empleo prácticamente garantizado, el acceso universal y gratuito a la sanidad y la educación, y medidas de acceso a la vivienda para determinados trabajadores. Por otro lado, se supone que la «libreta de abastecimientos» asegura el acceso de toda la población a una cesta de productos alimentaros a precios muy bajos.

Este escenario tan tétrico para el régimen cubano también se manifiesta en la falta de crédito. Nadie la presta. Ni siquiera sus aliados tradicionales como China, Rusia y Venezuela están en la onda de seguir facilitando recursos a una isla que, obviamente, no tendrá capacidad de pagos mientras persistan las condiciones actuales, las cuales, en vez de mejorar, sólo empeoran.

En definitiva, el fracaso del modelo cubano, por ser un sistema económico centralizado y de partido único, se evidencia en una profunda y sostenida crisis económica marcada por escasez, inflación, apagones, falta de alimentos y medicinas, y un colapso social que provoca una hemorragia migratoria sin precedentes, evidenciando la incapacidad del Estado para satisfacer las necesidades básicas de su población.

Cuando se mencionan las causas se incluyen la ineficiencia de la planificación estatal, falta de inversión, dependencia externa, restricciones al sector privado y una gestión centralizada que no logra diversificar su economía ni adaptarse a los desafíos globales.

Jairon Severino

Periodista. Director-fundador del Periódico elDinero. Egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Fue editor de Economía & Negocios del periódico Listín Diario. Maestría en Liderazgo Organizacional, por Humboldt International University, Miami, EE UU; Habilitación Docente, en UTE, y diplomado en Periodismo Económico por el Banco Central y la Universidad Católica de Santo Domingo (UCSD).