lunes, 9 de marzo de 2026

RELIGIOSOS BULLOSOS: “Nadie ha dicho que Dios es sordo”

Tomado de Diario Libre
“Dios todo lo ve, Dios todo lo oye”. Bella síntesis pedagógica repetida durante siglos en catecismos y sermones para explicar la omnisciencia divina. Si Dios todo lo ve y todo lo oye, no habría necesidad de levantar demasiado la voz para comunicarse con Él. Bastaría la oración recogida, el susurro de la conciencia, el silencio propicio a la introspección. 

Sin embargo, basta recorrer cualquier barrio para advertir una paradoja sonora. Algunas iglesias -sobre todo en entornos urbanos- han convertido la devoción en una competencia de decibeles. Altavoces estridentes, música amplificada y prédicas que retumban a varias cuadras parecen disputar la atención del vecindario más que cultivar la calma del espíritu. 

La pregunta surge inevitable: si Dios todo lo oye, ¿por qué tanto volumen? La fe, por definición, es un diálogo íntimo. No requiere estridencia para ser sincera ni amplificación para ser escuchada. Las grandes tradiciones espirituales coinciden en que el recogimiento favorece la comunicación con lo trascendente. 

 En ciudades cada vez más densas, el espacio sonoro también es un bien común. Convertir la prédica en espectáculo amplificado termina afectando a creyentes y no creyentes.  

Si Dios todo lo ve y todo lo oye, la devoción podría expresarse con menos decibeles, aunque la ministra Faride Raful sea sorda.

📷 𝑭𝒐𝒕𝒐: Fuente externa

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