sábado, 18 de abril de 2026

DIÓCESIS DE BARAHONA: 50 años de fe, misión y desafíos en el Suroeste

Este 24 de abril, fecha de su fundación, la diócesis conmemorará sus cinco décadas con actividades que reunirán a comunidades de toda la región, en una celebración marcada por la fe y el compromiso con los más necesitados.

 A 50 años de su creación, la Diócesis de Barahona se erige no solo como una jurisdicción eclesiástica.

BENNY RODRÍGUEZ/Listin Diario 
18/04/2026 00:00 | Actualizado a 18/04/2026 00:00
En el Suroeste dominicano, donde por décadas la pobreza, el abandono estatal y la exclusión han marcado el ritmo de vida de sus comunidades, la Iglesia Católica asumió una misión que trascendió los templos: acompañar a la gente, organizarla y sostener su esperanza.

A 50 años de su creación, la Diócesis de Barahona se erige no solo como una jurisdicción eclesiástica, sino como una presencia viva que ha caminado junto a las comunidades de Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia, en medio de carencias, luchas sociales y transformaciones profundas.

Desde 1976, su historia ha estado atada a la realidad de su gente: a sus dificultades, pero también a su capacidad de resistir y abrirse paso. Fue precisamente a partir de la ordenación de su primer obispo cuando la región comenzó a tener una voz con peso moral y social en escenarios donde históricamente había sido ignorada.

ORÍGENES EN UNA REGIÓN HISTÓRICAMENTE RELEGADA

La diócesis surge en un contexto de profundas limitaciones estructurales. Su creación respondió a la necesidad de acercar la Iglesia a una de las zonas más empobrecidas del país.

Desde sus inicios asumió un carácter misionero, sostenido en gran medida por congregaciones religiosas, especialmente los misioneros de la Congregación del Inmaculado Corazón de María (CICM).

Más que evangelizar desde el púlpito, estos sacerdotes se insertaron en la vida comunitaria. Parroquias como Tamayo —la primera—, Cristo Rey en Barahona, Batey Central (hoy Villa Central), El Peñón, Vicente Noble, Neyba, Villa Jaragua, Jimaní, Duvergé, San José de Ocoa y Enriquillo se convirtieron en espacios de orientación, organización social y acompañamiento.

UNA IGLESIA INSERTADA EN LA VIDA DE LA GENTE

Con el paso del tiempo, la diócesis dejó de ser una estructura pastoral tradicional para convertirse en una Iglesia profundamente vinculada a la realidad social.

El obispo Andrés Napoleón Romero Cárdenas la define como una Iglesia “encarnada”.

“Es una Iglesia del Evangelio, de hacer el bien, de acompañar a la gente en sus dolores y esperanzas”, afirma.

Esa visión se traduce en una presencia activa en comunidades urbanas, rurales y fronterizas, donde la fe se expresa también en servicio, educación y promoción humana.

TRES OBISPOS Y UNA MISMA LÍNEA PASTORAL

 Monseñor Romero Cárdenas, Fabio Mamerto Rivas.
Fabio Mamerto Rivas.
La historia de la diócesis ha estado marcada por tres obispos que han dado continuidad a una misma visión como se puede apreciar en las decisiones propias de cada pastor con su estilo, pero con los mismos proyectos y objetivos durante cinco décadas.

El primero fue Fabio Mamerto Rivas Santos, quien imprimió el carácter misionero y cercano a los sectores más vulnerables, además de posicionar la voz de la Iglesia como referente social en la región.

Le sucedió Rafael Leónidas Felipe Núñez, quien fortaleció la organización pastoral y amplió el trabajo social.

Actualmente, monseñor Romero Cárdenas impulsa una etapa centrada en la formación, la institucionalidad y la respuesta a los desafíos contemporáneos.

“Uno no comienza de cero; se integra a un camino ya trazado”, sostiene Romero Cárdenas.

 Monseñor Romero Cárdenas, Fabio Mamerto Rivas.
Monseñor Romero Cárdenas.
 Rafael Leónidas Felipe Núñez
Rafael Leónidas Felipe Núñez
VÍNCULOS SOCIALES Y RESPALDO EN LOS INICIOS

En sus primeros años, la diócesis también estableció relaciones con sectores influyentes de la región. Uno de los casos más notorios fue el apoyo del empresario Rodolfo Lama, quien facilitó recursos logísticos, incluyendo el primer vehículo utilizado en las labores pastorales de monseñor Rivas Santos.

Estos vínculos contribuyeron a fortalecer la presencia institucional en una zona con limitadas infraestructuras.

LOS PRIMEROS MISIONEROS: PRESENCIA EN MEDIO DE LA PRECARIEDAD

El crecimiento de la diócesis no puede explicarse sin la entrega de los primeros misioneros.

El investigador y catedrático de la UASD, Juan Tomás Olivero Figuereo resalta que estos sacerdotes desarrollaron su labor en condiciones difíciles, llevando no solo el mensaje religioso, sino también acompañamiento social en comunidades apartadas.

Los religiosos del CICM fueron clave en este proceso, con presencia en gran parte del territorio de la región Enriquillo.

Entre ellos figuran Camilo Boesmans, Alberto Storme, Pablo Delaere, Santiago Meure, Francisco Vanhee, Francisco Brugmans, Gerardo Rogmans, Leo Theunissen, Andrés Geerts, Pablo De Houwer, Bernardo Vanhecke, Estanislao Szarwarck, David Curran, Lucas De Rudder, Dick Ademcick, Pablo Snoeck, Alfonso Huet, Alejandro Ulpindo, Humberto Vandenbulcke, Juan Docks, Ricardo Pichardo, Guillermo Desmet, Julio Calungo, Norman Soriano, Roy Milton Quiogue y Valentín Narcise.

También aportaron Florentina De Ley, Pedro Ruquoy, Larry Young, Frank De Waele, Theo Clercx, Howard Picard y José Giordano.

A ellos se sumaron los franciscanos, los salesianos —entre ellos el propio monseñor Rivas—, los Padres Paúles con Enrique Moreno y el clero diocesano representado en sus inicios por Julio Acosta (padre Julín).

VOCACIONES: UNA LIMITACIÓN PARA EL CRECIMIENTO

Uno de los principales desafíos actuales -dice con cierta preocupación, el obispo Romero Cárdenas, pero convencido que mejoraran las cosas- es la escasez de vocaciones sacerdotales.

Con 25 parroquias, 27 sacerdotes, cuatro diáconos permanentes, 47 religiosas y más de 500 catequistas, la diócesis enfrenta una demanda pastoral que supera su capacidad operativa.

El seminario menor evidencia una disminución sostenida en el ingreso de nuevos aspirantes.

RADIO ENRIQUILLO: LA GRAN PARROQUIA DEL SUR

Durante décadas, Radio Enriquillo ha sido considerada “la gran parroquia del Sur”, con una misión clara en cuanto a la comunicación centrada en los menos favorecidos, desde una perspectiva comunitaria y popular.

A través de este medio, la Iglesia ha logrado llegar a comunidades apartadas, llevando orientación espiritual, educación y contenido social, consolidándose como un canal de comunicación clave en la región.

ACCIÓN SOCIAL Y PARTICIPACIÓN EN EL DESARROLLO REGIONAL

El compromiso social ha sido parte esencial de la misión diocesana. A través de Fundasur y la Pastoral Social Cáritas, se han desarrollado programas en educación, salud, vivienda y desarrollo comunitario.

Entre estos destacan iniciativas de ahorro dirigidas a mujeres y proyectos productivos rurales. “Cuando el dinero llega a la mujer, transforma la familia”, afirma el obispo.

La diócesis también ha tenido presencia en procesos de desarrollo regional. Uno de los más significativos ha sido su participación en la lucha por la construcción de la presa de Monte Grande, considerada una obra clave para el Suroeste.

Durante la gestión de monseñor Felipe Núñez, junto al liderazgo social representado por Freddy Eligio Pérez Espinosa y el Comité Permanente de Desarrollo de la Región Enriquillo, se logró impulsar el proyecto hasta su fase actual.

Sin embargo, persisten reclamos para la conclusión de sus obras complementarias, necesarias para su pleno funcionamiento: canales, hidroeléctrica, vía para alimentar la segunda fase del Acueducto Regional del Suroeste (Asuro), entre otros.

Asimismo, se impulsaron proyectos habitacionales en comunidades como Bombita, reflejando el compromiso del clero con la mejora de las condiciones de vida.

EDUCACIÓN COMO EJE DEL DESARROLLO

Ante los desafíos actuales, la diócesis impulsa un modelo pastoral que coloca la educación como eje central. “Sin educación no hay desarrollo”, enfatiza Romero Cárdenas.

En ese esfuerzo destaca la Universidad Católica Tecnológica de Barahona, institución que ha contribuido a la formación de profesionales en la región.

En el pasado, incluso se contempló la instalación de una extensión de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en Barahona, iniciativa que no llegó a concretarse, pero que evidencia la visión de desarrollo educativo impulsada desde la Iglesia.

UN EPISODIO MARCADO POR EL CONTEXTO POLÍTICO

Un momento significativo en la historia diocesana fue la ordenación episcopal de monseñor Rivas Santos.

Según el testimonio de Juan Tomás Olivero Figuereo, existía preocupación por la posible injerencia política en la ceremonia, en un contexto nacional de tensiones.

La ausencia del entonces presidente Joaquín Balaguer generó diversas interpretaciones. Sin embargo, de acuerdo con Olivero, la decisión respondió a la intención de evitar la militarización del acto, cuya seguridad fue asumida por jóvenes del sector Savica.

UNA IGLESIA QUE SIGUE EN MOVIMIENTO

A medio siglo de su fundación, la Diócesis de Barahona no se detiene en la conmemoración. Su historia continúa en una región que aún enfrenta grandes desafíos, pero donde la Iglesia mantiene su compromiso de cercanía, servicio y acompañamiento.

Más que una estructura, sigue siendo presencia. Más que discurso, acción.