martes, 2 de junio de 2026

YANESSI ESPINAL: Se acaba la magia. La dificultad que enfrenta un partido que promovió una idea de cambio es no poder sostener eternamente en la fantasía prometida.

 

Yanessi Espinal/Tomado de El Caribe

Sede del Partido Revolucionario Moderno (PRM)

A los gobiernos y partidos, como todo en la vida, existe un peligro latente en la pérdida del encanto, dicho de otra manera, de que se acabe la magia. Cuando la población descubre las promesas incumplidas, anuncios de planes que se quedan en palabras que se las lleva el viento o escritas en papel, que aguanta todo, es momento de admitir que se perdió el encanto.

Cuando se acaba la magia, no se sabe bien por qué es, seguro es una acumulación de acontecimientos, aunque siempre ocurre un hecho que se convierte en la gota que derrama la copa.

La dificultad que enfrenta un partido que promovió una idea de cambio es no poder sostener eternamente en la fantasía prometida, de que ser nuevo administrando el Estado, es sinónimo de mejor, cuando el tiempo ya ha probada que son más de lo mismo que criticaban y que la teoría de que representan la nueva política, los hechos la contradicen.

La gente ya no interpreta las acciones de echar hacia atrás medidas porque son impopulares, como un ejercicio de escucha ciudadana, lo asume como improvisación y falta de planificación, en el mejor de los casos.Política

La monotonía de la agenda gubernamental hace que la gente le preste más atención a los problemas básicos y acciones como denuncias y protestas. Si sirve como pulso, las últimas manifestaciones lograron un gran respaldo, desde la protesta de los jueces por mejores condiciones para los trabajadores del sector judicial, hasta los reclamos de San Juan contra de la explotación de la mina Romero. Son muestras de que cualquier chispa puede encender el ánimo de la población, con signos claros de fatiga.

Reconociendo ese punto, el PRM, partido de gobierno, tiene que ser capaz de encontrar un nuevo sentido y una motivación antes de que sea demasiado tarde y el desencanto de la población evolucione a desilusión, porque de ese estado, nadie se ha recuperado.

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