MOCA._ Los 1.050 presos que se mantienen en total hacinamiento en la cárcel pública de la fortaleza 2 de Mayo del Ejército Nacional, comenzarán a ser desalojados a partir de la próxima semana, anunciaron autoridades locales y reubicados en penitenciarías de sus respectivas provincias, a las que serán envidos en grupos de 25 y 58 hasta completar el proceso.
El senador José Rafael Vargas dijo que el traslado de los reos del destartalado y corrompido penal, es una respuesta a los reclamos de la sociedad mocana que desde hace años, venían exigiendo la eliminación del reclusorio, donde se estaban enviando cientos de detenidos desde diferentes provincias del país, tan lejanas de Moca como San Juan de la Maguana y El Seibo.
Los mocanos han reclamado también que sea demolida la vieja cárcel con un largo récord y tradición de corrupción, narcotráfico interno, cobro de “peajes” por servicios a los presos, pésima comida, represión, violación de derechos humanos, hacinamiento, motines, fugas y hasta cubículos de actividades ilegales en sus celdas, así como homosexualidad y prostitución abierta.
En ese recinto, este reportero estuvo preso varias veces por razones políticas durante los 12 años de los gobiernos del extinto doctor Joaquín Balaguer.
La cárcel 2 de Mayo, es una de las pocas en el país que todavía mantiene el castigo trujillista de las llamadas solitarias, estrechas celdas, donde se recluyen a alegados presos indisciplinados.
El legislador Vargas explicó que los presos irán siendo trasladados en grupos de 25 y 58 diariamente, hasta que termine el desalojo completo.
En la década de los ochentas, el recluso Conrado Hernández, sentenciado por varios atracos y asesinatos, escapó junto a otros tres cómplices luego de darle una bebida narcótica a uno de los centinelas a quien despojaron del fusil Farc.
Se atrincheraron en las inmediaciones de la fortaleza, escondiéndose entre unos matorrales, entre las avenidas Duarte y Antonio de la Maza, desde donde interceptaron un periodista y profesor universitario de San Pedro de Macorís al que asesinaron de un balazo en el tórax.
Huyeron hacia las lomas de Gaspar Hernández, siendo perseguidos por 500 efectivos boinas verdes del Batallón de Cazadores de Constanza, quienes junto a agentes policiales ubicaron a Hernández, Luis Rivas y un tercer prófugo a quienes dieron muerte en Villa Trina.
El cuarto fue posteriormente arrestado y recluido en la cárcel de la fortaleza San Luis de Santiago de los Caballeros, en cuya celda murió quemado. Las autoridades dijeron en ese entonces que el espacio se incendió.
