La
Iglesia, que también critica a sectores violentos de los manifestantes,
llama al diálogo y admite que el Vaticano podría ser garante de
conversaciones entre el chavismo y la oposición
Nicolás Maduro apela al diálogo en ‘The New York Times’
La policía impide una marcha en apoyo de María Corina Machado
Alfredo Meza Caracas 3 ABR 2014 – 03:08 CET55
Dirigentes de la Iglesia durante la rueda de prensa hoy en Caracas. / S. D. (EFE)/Tomado de Infobae.com
La Conferencia Episcopal
Venezolana ha dado a conocer este miércoles un duro comunicado de 12
puntos que condena al gobierno de Nicolás Maduro por la forma cómo ha
manejado la crisis política que desde principios de febrero mantiene en
vilo a Venezuela.
Si bien de la lectura del
documento se concluye que el mensaje clave de los obispos es el del
diálogo franco entre las partes “para construir nuevas relaciones
basadas en el mutuo reconocimiento”, el razonamiento que los lleva hasta
ese punto deja claro que ha sido el régimen de Nicolás Maduro el
principal culpable de que la violencia se haya desatado.
Los obispos parten de que la
actual crisis es consecuencia de la pretensión chavista de imponer el
Plan de Patria –el último programa de gobierno escrito por Hugo Chávez-
como una ley de obligatorio cumplimiento. Detrás de ese plan, dice el
comunicado, “se esconde la promoción de un gobierno totalitario, que
pone en duda su perfil democrático”. La jerarquía eclesiástica cita
varios ejemplos para justificar su razonamiento: las restricciones a las
libertades de informar y opinar, la falta de políticas públicas para
enfrentar la inseguridad jurídica y ciudadana, el hostigamiento al
sector productivo nacional, “la brutal represión de la disidencia
política y el intento de pacificación o apaciguamiento por medio de la
amenaza, la violencia verbal y la represión física”.
Los obispos consideran que los pasos del chavismo van hacia la “promoción de un gobierno totalitario”
Mención especial ha merecido la
forma cómo el Gobierno ha decidido acabar con las manifestaciones
pacíficas, pero la jerarquía católica local no duda en condenar las
manifestaciones anárquicas de ciertos sectores contrarios al régimen,
que el lunes, por ejemplo, derivaron en actos vandálicos: la quema de un
módulo de tránsito en la autopista Prados del Este, en Caracas o el
incendio de un autobús de la estatal petrolera Petróleos de Venezuela en
Maracaibo, estado Zulia, al occidente del país. “El empleo de
barricadas y el ataque hacia personas e instituciones, así como la quema
de vehículos particulares y de servicio público, crean una situación
que no se debe aceptar ni aplaudir”.
La Conferencia Episcopal, sin
embargo, hace una salvedad. Las manifestaciones tienen un origen
pacífico y sus promotores ejercen sus derechos de acuerdo a lo
establecido en la Constitución. Por lo tanto, los obispos rechazan “la
criminalización de la protesta ciudadana y la negación práctica de los
derechos humanos en el trato a los manifestantes”, y denuncian “la
abusiva y desmedida represión contra ellos, las torturas de que han sido
objeto muchas de las personas detenidas y la persecución judicial a los
alcaldes y diputados contrarios al oficialismo”.
“Reiteramos nuestra firme
exigencia de que el Gobierno desarme a los grupos civiles armados. Su
actuación coordinada, siguiendo unos patrones determinados, demuestra
que no se trata de grupos aislados o espontáneos, sino entrenados para
intervenir violentamente. En muchos casos han actuado impunemente bajo
la mirada indiferente de las fuerzas del orden público, por lo cual la
actuación de éstas ha quedado seriamente cuestionada”.
Maduro, menos frontal que Chavez con la Iglesia, ha aceptado que el Vaticano medie con su contraparte
Aún no ha habido una reacción
oficial a estas declaraciones, pero lo expresado en el comunicado no
abandona la combativa línea que han expresado los obispos en tres
lustros de gobierno bolivariano.
En muchas ocasiones el fallecido Chávez
se enfrentó con dureza a élite eclesiástica y la tildaba de
antirrevolucionaria y se enzarzaba en duelos que desafiaban la fe.
“Cristo fue el primer socialista”, decía un provocador Chávez en sus
copiosas intervenciones televisadas. El líder bolivariano jamás perdonó
cómo se movió tras bastidores el fallecido cardenal Ignacio Velasco
antes y durante el golpe de Estado que lo desalojó del poder en abril de
2002. Desde entonces prefería identificarse con los sacerdotes de base
simpatizantes del proyecto.
El presidente Maduro ha sido
mucho menos frontal con la Iglesia y ha aceptado que el secretario de
Estado del Vaticano, Pietro Parolin, sea el garante de las
conversaciones con su contraparte, una posibilidad que no se ha negado
ni confirmado desde Roma.
Los obispos venezolanos, sin embargo, casi la
han dado como un hecho en su comunicado. “Consideramos oportuna y de
gran valor la participación de la Santa Sede en el diálogo entre el
Gobierno y la oposición. El pueblo venezolano apreciará en sumo grado
dicha participación y sabrá reconocer el valioso aporte de la Iglesia”.
En ese sentido, la misión de
cancilleres de la Unión Sudamericana de Nacional retornará a Caracas la
semana que viene para proseguir con el acercamiento entre las partes,
según anunció el ministro de Exteriores de Ecuador Ricardo Patiño en su
cuenta de Twitter.