Kabul,
3 may (EFE).- Más de 2.000 personas murieron por el corrimiento de
tierras que se produjo ayer en el noreste de Afganistán y que es uno de
los peores desastres naturales del que se tiene registro en la historia
del país asiático.
Los equipos de rescate
proseguían hoy sus labores por segundo día consecutivo aunque con pocas
esperanzas por los escasos medios de que disponen en su búsqueda de
supervivientes entre las montañas de lodo y piedras en que se ha
convertido la zona afectada.
Esa precariedad de medios no
permitirá que al menos hasta dentro de varias semanas se conozca el
número exacto de víctimas mortales causadas por el siniestro, pero las
autoridades de la región dan por seguro que finalmente superará los dos
millares.
Shah Wali Adeeb, gobernador de
la provincia de Badakhshan, escenario del deslave, afirmó en unas
declaraciones a Efe que “más de 2.000 personas han muerto” por el
desastre, y que las autoridades han creado “una comisión para
identificar a las víctimas”.
Adeeb advirtió, no obstante, de
que uno de los problemas para la identificación de las de sexo femenino
es que “en la cultura afgana las familias no registran el nombre de las
mujeres, por lo que conocemos el apellido pero no el nombre de muchas”.
El gobernador provincial dijo
que se han recuperado 300 cadáveres, pero apuntó que “quedan muchísimos
que permanecen sepultados”.
Dos helicópteros han partido de
Kabul para colaborar en las labores de rescate, que hasta ahora se han
desarrollado con palas y “no han tenido mucho éxito debido a que los
utensilios que tenemos no sirven de mucho en este caso”, reconoció el
funcionario.
“Algunas casas están a 30 metros de profundidad”, explicó.
En unas declaraciones a la
agencia local AIP, Shah Walliulah Adeeb, había advertido con
anterioridad que sin ayuda exterior sería imposible rescatar a las
víctimas, ante la cantidad de tierra que cubre el lugar donde se produjo
la catástrofe.
Unas 700 familias pudieron ser
trasladadas ayer a zonas seguras, ante la inestabilidad del terreno en
el área, y fueron alojadas en tiendas de campaña para pasar la noche,
mientras que otras 2.000 personas fueron evacuadas hoy tras recibir los
primeros auxilios.
El desastre causó también la muerte de unas 1.500 cabezas de ganado, que asimismo perecieron bajo toneladas de barro y rocas.
El corrimiento de tierras se
produjo tras dos días de intensas lluvias en la localidad de Ab-e-Barik,
del distrito de Argo y donde quedaron completamente enterradas
alrededor de 300 del millar de viviendas que resultaron afectadas por el
colapso de una colina vecina.
La localidad donde se produjeron
los corrimientos se encuentra en el mismo distrito en el que otro
desprendimiento de tierras producido también por la lluvia ocasionó
asimismo ayer varios muertos y destruyó decenas de casas.
Los desastres naturales son
frecuentes en el remoto extremo noreste afgano, fronterizo con
Tayikistán, Pakistán y China, y que cuenta con precarios medios para
hacer frente a las riadas, avalanchas de nieve y terremotos que se
producen en la región.
El área, montañosa, está surcada
por la cordillera del Hindu Kush, una de las más elevadas del mundo, en
una zona del planeta sensible a frecuentes temblores de tierra debido a
la confluencia de importantes placas tectónicas.
De acuerdo con los registros
oficiales, y a la espera de que se divulgue el número final de víctimas,
el desastre del viernes solo ha sido superado en Afganistán por la
catástrofe natural que supuso el terremoto que asoló en 1998 la
provincia norteña de Takhar.
Al menos 3.500 personas perecieron en aquel siniestro, que se produjo no lejos del escenario en que tuvo lugar el de ayer. EFE
Por Fawad Waziri