Orlando Gil/Tomado de Listin Diario
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EL
LANZAMIENTO.- La oposición acusa al ministro de Interior y Policía de
desviar la atención pública y de cambiar un tema por otro con su
denuncia contra Luis Abinader. Lo interesante es que Monchy Fadul lanzó
lo que pudo ser un bumerán para el gobierno, pero que bien visto cumple
el cometido denunciado.
El funcionario de la percepción logró colocar a
la defensiva la campaña del principal oponente del presidente Danilo
Medina, pues rápidamente sus voceros salieron a desmentir lo que pudo
haber caído por exceso de gravedad. Fadul la jugó bien, con inteligencia
política, ya que ahora se habla del carácter autoritario de la
administración y cesa por el momento la presión sobre asuntos
pertinentes, pero enojosos. La ficha tal vez no fuera suficiente, pero
la movida sí, pues como cada día tiene su afán, el afán del pasado
miércoles era impedir que el reclamo de la UASD se produjera en un
escenario de calle. Mientras sea dentro del recinto, nada importa, a
nadie afecta, ya que desde hace años la zona universitaria es un
territorio libre de las influencias de las autoridades...
MAGIA
DE OPOSICION.- Lo que sucedió con la protesta de la UASD es lo mismo
que con otros temas que se ponen sobre el tapete y desaparecen por arte
de magia, que no es del gobierno, sino de la oposición. Que se sepa,
toda actividad que se lleva a cabo ahora en público, aunque no sea de
partido, ni forme parte de campaña, es electoral. La circunstancia lo
afecta todo. Los médicos tienen su derecho a exigir mejores condiciones
de trabajo, y esa lucha la llevan por años, pero en las actuales
condiciones su reclamo es un arma política. La universidad estatal nació
con necesidades, que se reproducen y se multiplican, pero demandar su
satisfacción ahora es, por igual, un arma política. Eso fue lo que hizo
el ministro de Interior y Policía. Viendo dos marchas al Palacio
Nacional en días seguidos, e intuyendo que podían degenerar en
situaciones de riesgo, no social, sino político, les dio un carácter
subversivo y actuó en consecuencia. El ruido de los medios no tiene el
mismo efecto que el ruido en las calles. Ahora puede decirse del alto
funcionario lo que se quiera, y a un tremendismo no se le responde si no
otro tremendismo.
ROBA
LA GALLINA.- No creo que a Monchy Fadul le ofenda mucho que lo
califiquen de Roba la Gallina, puesto que Roba la Gallina es el
personaje más importante en el carnaval de Santiago, su pueblo. Aunque
hay que suponer, no obstante, que el ministro de Interior y Policía, al
momento de convocar y celebrar su rueda de prensa, sabía cosas que no el
resto de la población. Cuentan que abandonó rápidamente una misa, y que
lo hizo en compañía del jefe de la Policía Nacional. Dice el refrán que
“a Dios rezando y con el mazo dando”, pero en ocasiones, y en asuntos
de política y de gobierno, conviene aplazar el rezo y aplicar el mazo.
Los organismos de inteligencia sirven para algo, y todos tienen que
estar a disposición del ministerio responsable de la gobernabilidad.
¿Qué supo Monchy Fadul que no la opinión pública nacional? ¿Fue llamado o
actuó por voluntad propia? ¿Lo suyo fue alarma o alerta? ¿Acaso quiso
evitar lo que cogieran asando batata, o rezando en una iglesia, un
hombre que ya no se confiesa? Simples preguntas cuyas respuestas podrían
ser la clave de situaciones más complejas...
EL
EFECTO JOAO.- El gobierno cree tenerlas todas a su favor, y la
oposición no logra encajar golpes que verdaderamente impacten, o que por
lo menos sean contados como puntos. Las dificultades de Joao Santana
sorprendieron al gobierno, pero también a la oposición. La campaña de
Danilo Medina pudo poner distancia, y en eso ayudó el propio Santana, y
no solo al renunciar, sino al presentarse a las autoridades brasileñas.
La campaña de Luis Abinader quiso aprovechar la oportunidad, pero nada
que se improvise sobre la marcha puede producir frutos. Todavía no se
mide el efecto, y los estrategas oficiales no creen que ocasione daños
mayores, y no solo porque el expediente se dilucida a distancia, sino
porque los potenciales beneficiarios políticos no hicieron la tarea. La
manipulación de la opinión pública es una de las ciencias más difíciles,
y mucho más cuando la intención es política. Si el tema se agota en
Brasil, aquí desaparece...
