viernes, 4 de marzo de 2016

ORLANDO DICE... Monchy Fadul la jugó bien

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Orlando Gil/Tomado de Listin Diario
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice
EL LANZAMIENTO.- La oposición acusa al ministro de Interior y Policía de desviar la atención pública y de cambiar un tema por otro con su denuncia contra Luis Abinader. Lo interesante es que Monchy Fadul lanzó lo que pudo ser un bumerán para el gobierno, pero que bien visto cumple el cometido denunciado. 


El funcionario de la percepción logró colocar a la defensiva la campaña del principal oponente del presidente Danilo Medina, pues rápidamente sus voceros salieron a desmentir lo que pudo haber caído por exceso de gravedad. Fadul la jugó bien, con inteligencia política, ya que ahora se habla del carácter autoritario de la administración y cesa por el momento la presión sobre asuntos pertinentes, pero enojosos. La ficha tal vez no fuera suficiente, pero la movida sí, pues como cada día tiene su afán, el afán del pasado miércoles era impedir que el reclamo de la UASD se produjera en un escenario de calle. Mientras sea dentro del recinto, nada importa, a nadie afecta, ya que desde hace años la zona universitaria es un territorio libre de las influencias de las autoridades...

MAGIA DE OPOSICION.- Lo que sucedió con la protesta de la UASD es lo mismo que con otros temas que se ponen sobre el tapete y desaparecen por arte de magia, que no es del gobierno, sino de la oposición. Que se sepa, toda actividad que se lleva a cabo ahora en público, aunque no sea de partido, ni forme parte de campaña, es electoral. La circunstancia lo afecta todo. Los médicos tienen su derecho a exigir mejores condiciones de trabajo, y esa lucha la llevan por años, pero en las actuales condiciones su reclamo es un arma política. La universidad estatal nació con necesidades, que se reproducen y se multiplican, pero demandar su satisfacción ahora es, por igual, un arma política. Eso fue lo que hizo el ministro de Interior y Policía. Viendo dos marchas al Palacio Nacional en días seguidos, e intuyendo que podían degenerar en situaciones de riesgo, no social, sino político, les dio un carácter subversivo y actuó en consecuencia. El ruido de los medios no tiene el mismo efecto que el ruido en las calles. Ahora puede decirse del alto funcionario lo que se quiera, y a un tremendismo no se le responde si no otro tremendismo.

ROBA LA GALLINA.- No creo que a Monchy Fadul le ofenda mucho que lo califiquen de Roba la Gallina, puesto que Roba la Gallina es el personaje más importante en el carnaval de Santiago, su pueblo. Aunque hay que suponer, no obstante, que el ministro de Interior y Policía, al momento de convocar y celebrar su rueda de prensa, sabía cosas que no el resto de la población. Cuentan que abandonó rápidamente una misa, y que lo hizo en compañía del jefe de la Policía Nacional. Dice el refrán que “a Dios rezando y con el mazo dando”, pero en ocasiones, y en asuntos de política y de gobierno, conviene aplazar el rezo y aplicar el mazo. Los organismos de inteligencia sirven para algo, y todos tienen que estar a disposición del ministerio responsable de la gobernabilidad. ¿Qué supo Monchy Fadul que no la opinión pública nacional? ¿Fue llamado o actuó por voluntad propia? ¿Lo suyo fue alarma o alerta? ¿Acaso quiso evitar lo que cogieran asando batata, o rezando en una iglesia, un hombre que ya no se confiesa? Simples preguntas cuyas respuestas podrían ser la clave de situaciones más complejas...

EL EFECTO JOAO.- El gobierno cree tenerlas todas a su favor, y la oposición no logra encajar golpes que verdaderamente impacten, o que por lo menos sean contados como puntos. Las dificultades de Joao Santana sorprendieron al gobierno, pero también a la oposición. La campaña de Danilo Medina pudo poner distancia, y en eso ayudó el propio Santana, y no solo al renunciar, sino al presentarse a las autoridades brasileñas. La campaña de Luis Abinader quiso aprovechar la oportunidad, pero nada que se improvise sobre la marcha puede producir frutos. Todavía no se mide el efecto, y los estrategas oficiales no creen que ocasione daños mayores, y no solo porque el expediente se dilucida a distancia, sino porque los potenciales beneficiarios políticos no hicieron la tarea. La manipulación de la opinión pública es una de las ciencias más difíciles, y mucho más cuando la intención es política. Si el tema se agota en Brasil, aquí desaparece...