viernes, 13 de marzo de 2026

EDUCANDO: Por el trillo de la intrahistoria. El peligro del Islam para Haití y la República Dominicana

Tomado del muro de Facebook de Ramón Espinola.

(La penetración religiosa suele llegar con la suavidad de un perfume… aunque a veces esconda, detrás del aroma, las garras de un águila hambrienta.)

La República Dominicana vive rodeada de problemas sociales y económicos que llenan titulares y debates cotidianos. Sin embargo, más allá de esas urgencias visibles, existe otra inquietud que, silenciosa y casi siempre ignorada, roza el tejido mismo de la identidad nacional. Esa preocupación se llama Haití.

El vecino país —históricamente marcado por la pobreza, la inestabilidad política y la fragilidad institucional— continúa siendo un factor permanente de tensión para la parte oriental de la isla. 

No se trata únicamente de la crisis haitiana en sí, sino de las consecuencias que esa crisis proyecta inevitablemente hacia territorio dominicano.

Durante décadas se ha hablado, con tono entre ingenuo y diplomático, de la llamada “invasión pacífica”: un fenómeno migratorio constante que muchos presentan como simple consecuencia de la miseria haitiana, pero que otros interpretan como un proceso que, lentamente, modifica la realidad demográfica, social y económica de la República Dominicana.

Y como suele ocurrir en los grandes procesos históricos, detrás de lo visible siempre existe algo más profundo: influencias, intereses internacionales y agendas ideológicas que rara vez aparecen en los discursos oficiales.

EL ISLAM EN HAITÍ

Pocos dominicanos reflexionan sobre otro fenómeno que comienza a desarrollarse dentro del territorio haitiano: el crecimiento del islam entre sectores empobrecidos de su población, especialmente entre niños y jóvenes que viven en condiciones extremas de necesidad.

En un país donde el Estado muchas veces apenas existe fuera de la capital, quien llega con comida, escuelas o asistencia médica suele ganar algo más que gratitud: gana influencia.

Y en la política —como en la religión— la influencia nunca es un gesto inocente. Se paga caro y con creces.

Diversos analistas han expresado preocupación por el crecimiento de esta religión en Haití sin que exista claridad sobre qué corrientes del islam se están difundiendo ni bajo qué orientación ideológica se están formando nuevos creyentes.

El profesor, diplomático y experto en relaciones internacionales Iván Gatón ha señalado que este fenómeno comenzó a acelerarse después del devastador terremoto de 2010. 

En medio del caos y del abandono institucional, organizaciones musulmanas internacionales iniciaron labores humanitarias: construyeron refugios, distribuyeron alimentos y ofrecieron ayuda económica.

En un país donde el Estado suele brillar por su ausencia, quien llena el vacío institucional termina ocupando también el espacio moral y cultural.

Gatón advierte que el islam no es una religión homogénea. Existen múltiples corrientes: algunas moderadas y otras profundamente radicales. Y precisamente ahí surge la inquietud.

¿Quién supervisa qué tipo de islam se está predicando en Haití?

¿Quién controla qué ideas se enseñan en las mezquitas que van surgiendo en zonas aisladas del país?

La respuesta, por ahora, parece ser una sola: nadie.

UNA EXPANSIÓN SILENCIOSA

Hasta la fecha se han construido alrededor de 31 mezquitas en Haití, un número considerable si se toma en cuenta que hace apenas dos décadas la presencia musulmana era mínima.

Este crecimiento ha sido financiado por diversas organizaciones provenientes de países del Medio Oriente, algunas con recursos provenientes de Turquía, Irán y otras redes internacionales de ayuda islámica.

Naturalmente, la asistencia humanitaria es bienvenida en cualquier lugar donde exista miseria. Pero la historia enseña que la ayuda internacional raramente es neutral: siempre lleva consigo una visión del mundo.

En varios puntos del país, líderes comunitarios cristianos han terminado convirtiéndose al islam junto con parte de sus congregaciones, muchas veces atraídos por las oportunidades de educación, recursos y apoyo económico que ofrecen estas organizaciones.

Un ejemplo citado en diversos reportes es la mezquita Masjid Wassila, ubicada en la localidad de Pignon, en el norte de Haití, donde una antigua comunidad cristiana terminó adoptando la nueva religión.

EL FACTOR DEL FUNDAMENTALISMO

Aquí aparece la preocupación central.

Dentro del universo islámico existen corrientes extremadamente radicales que promueven la llamada yihad, entendida por los grupos más extremistas como una guerra religiosa contra los “infieles”.

Estas corrientes han sido responsables de miles de ataques en distintas regiones del mundo: Medio Oriente, Europa, África y Occidente.

Naturalmente, no todo el islam es fundamentalista. Pero cuando una religión se expande en territorios donde el Estado carece de control institucional, surge una pregunta inevitable:

¿Quién vigila el contenido ideológico de esa expansión?

Organismos de seguridad internacionales han observado con atención la aparición de nuevos centros islámicos en Haití, algunos acompañados de escuelas religiosas conocidas como madrásas, instituciones que en ciertos contextos han servido para la formación ideológica de movimientos radicales.

Un caso histórico bien conocido fue el de Afganistán, donde escuelas similares terminaron alimentando el movimiento talibán que más tarde tomó el control del país.

GEOPOLÍTICA Y RELIGIÓN

A este escenario se suma un elemento adicional: la rivalidad geopolítica en el Medio Oriente.

Algunos analistas sostienen que países como Irán han financiado movimientos religiosos en diversas regiones del mundo como parte de su estrategia de influencia internacional. 

Irán mantiene vínculos con organizaciones armadas como Hezbolá y Hamás, grupos que han protagonizado conflictos violentos en la región.

La preocupación de ciertos sectores dominicanos radica en la posibilidad —aún debatida— de que redes de influencia similares puedan intentar establecer presencia en el Caribe aprovechando el vacío institucional haitiano.

Si algo demuestra la historia contemporánea, es que las grandes potencias rara vez dejan territorios estratégicos sin intentar influir en ellos.

UNA ECUACIÓN DELICADA

La situación haitiana ya es extremadamente compleja por sí sola.

El país enfrenta:

• pandillas armadas que controlan amplias zonas del territorio,

• una crisis institucional casi permanente,

• pobreza estructural,

• y una población desesperada por cualquier ayuda externa.

En medio de ese escenario, la expansión de movimientos religiosos financiados desde el exterior añade un elemento adicional de incertidumbre.

Y la incertidumbre, en geopolítica, suele ser el preludio de problemas mayores.

CONCLUSIÓN

Para algunos analistas, el fenómeno plantea interrogantes que merecen atención:

1. El fanatismo religioso, cuando surge en contextos de crisis social, puede convertirse en una fuerza de movilización mucho más poderosa que la delincuencia común.

2. En sectores de la sociedad haitiana persiste una antigua narrativa histórica según la cual la isla es una e indivisible, idea que ha sido utilizada en distintos momentos políticos.

3. El financiamiento proveniente de actores internacionales con agendas ideológicas o geopolíticas puede influir en la evolución futura de la región.

Todo esto conforma una ecuación delicada que muchos dominicanos observan con preocupación, mientras otros prefieren ignorar el tema, quizá porque resulta incómodo reconocer que los problemas de la isla rara vez se quedan quietos dentro de una sola frontera.

La historia del Caribe, al fin y al cabo, ha demostrado algo con una persistencia casi irónica:

Lo que ocurre en una mitad de la isla, tarde o temprano, termina resonando en la otra.