jueves, 5 de marzo de 2026

GERSON AMADOR: Sobre el nombre de la playa “El Quemaito”

¿POR QUÉ EL NOMBRE DE LA "PLAYA EL QUEMAÍTO"? 
(Hecho sin inteligencia artificial, por si acaso)
Tomado de Facebook 
El nombre de la Playa El Quemaíto es en el mundo entero emblemático. Desde la gente más sencilla de la costa barahonera, hasta operadores turísticos, visitantes internos y externos, operadores de redes sociales e interesados en sentido general, se preguntan por el origen del apelativo y en torno al mismo resuenan diversas teorías. ¿Se debe el nombre al calor sofocante que en horas de sol allí hay? ¿Se debe a que el calor de sus guijarros quema la piel del visitante? ¿O a que su mar calienta y quema como lo hacen las calderas del ingenio?  ¡Profe, ninguna de las anteriores!

El origen del nombre de El Quemaíto para nada tiene ver ni con arena, ni con sol, ni con calor, ni con nada que tenga que ver con esa playa hermosa y emblemática: el origen está más arriba, a unos cien metros, en la entrada, cerca de la autopista... El origen está a pocos pasos de la mata de mango, el origen está en el legendario bar de Santo Castro.

Finalizaba la época de los años sesentas, a cuyos principios había nacido la bachata. Las baladas españolas y las rancheras mexicanas eran escuchadas en círculos muy selectos. Los merengues discurrían por los salones más populares en las voces de Jhonny Ventura, Jorgito Cabrera, Cuco Valoy y Joseíto Mateo. Pero nada era tan pegajoso y popular en el campo dominicano como la música de amargue, o, para mejor entender, la bachata. José Manuel Calderón, Luis Segura, Rafael Encarnación, Leonardo Paniagua, Bernardo Ortiz, Tony Figueroa, Mélida Rodríguez y Eladio Romero Santos, dominaban el repertorio popular.

Y fue en medio de esta bachatamanía popular que a la entrada de la bonita playa del pueblo de Juan Esteban se estableció el Bar de Santo Castro, administrado por su hijo Santito Castro. Los juanesteberos, los arroyeros, los bahoruqueros, los cienagueros y hasta barahoneros, paraiseros y quién sabe de dónde más, venían a cadenciar bachatas y a amargarse bajo el estímulo del alcohol. Los vecinos solian escuchar el picó y la vitrola desde tempranas horas de la mañana hasta muy entrado el corazón de la noche.

Uno de esos días, y casi todas las lenguas coinciden en que ese día fue domingo, la parranda comenzó con el amanecer. A Santito Castro se le ocurrió taparle el sol al generador eléctrico con unas palmas canas que trajo el viento del mar y allí fue donde se originó el motivo del nombre. A las mismas diez de la mañana de repente una gigantesca bola de fuego se formó entre las palmas canas y la planta eléctrica. La bola de fuego subió pronto y ágil a las otras palmas canas que cubrían el techo del bar y poquito después todos los bebedores huían a la playa mientras el bar con todo y música se hundía en la danza del fuego.

Cuando quiso llegar el mediodía, ya del bar de Santo Castro no quedaban más que escombros y recuerdos. Todo quedó bien quemadito: el piso, las botellas, la música, el baile, el recuerdo... Tiempo después el centro de diversión fue restaurado y a Santo Castro no se le ocurrió otra idea que no fuera la de ponerle ahora un letrero que dijera Bar El Quemaíto. Pero ya a la gente no le interesaba ir allí, sino a la playa que estaba más abajo. Y así, con el tiempo, el bar desapareció para siempre y el nombre le quedó completito a la Playa El Quemaíto.