Nunca antes la lengua se había visto tan apretada con una legislación dominicana, como ahora lo está con el nuevo Código Penal.
El dominicano es "de lengua alegre", puede "pensar con la boca abierta".
Hostos, el gran pensador que transformó el modelo educativo dominicano, señaló en una ocasión, que "el chisme era la principal industria dominicana".
La lengua es fuente de palabras y las palabras son generadoras de delitos.
En el Código Penal los delitos de palabras, que se pueden cometer a través de la lengua o de escritos y gestos, son varios, como la difamación, la injuria, la difamación extorsiva, el acosamiento educativo, verbal, laboral, social, el acosamiento (bullying) cibernetico, la discriminación, la violencia intrafamiliar bajo la modalidad verbal, el perjurio, el ultraje jurisdiccional, etc, que hacen que la lengua pueda abrirle la cárcel a cualquiera.
Algunos delitos de lengua como la difamación extorsiva, tienen penas de hasta diez años.
Hoy, si quieres cuidar la libertad, debes cuidar la lengua. No todo lo que se piensa se debe decir, especialmente si se hace referencia a hechos que no se pueden probar y que tienen el impacto de afectar la honra, la intimidad, la imagen y el buen nombre de las personas.
También hay que cuidarse de secundar escritos u opiniones de otros que contengan imputaciones difamatorias o expresiones injuriosas, ya fuese compartiéndolos o comentándolos en las redes sociales o en lugares públicos, porque el Código Penal tiene una navaja que te puede "cortar la lengua con la que hablas o la mano con la que escribes" (Convesatorio sobre los delitos de palabras, de CJFV).
En lo personal no estoy de acuerdo con una legislación restrictiva y penalizante de las libertades de comunicación, sin embargo, debo advertir que al estar vigente el CódigoPenal, lo prudente es que tengamos el cuidado de manejar nuestras emociones, educar el pensamiento y replantear los discursos, a los fines de prevenir que el peso demoledor del mismo código caiga sobre nosotros por decir "indelicadezas", cosas íntimas y personales, chismear, denotar, difamar, injuriar o extorsionar, o sencillamente, apoyar a quien lo haga, porque el horno no está "prendido para hacer galletitas".
Una revisión al Código Penal se torna urgente en el campo de los delitos de lengua, para evitar que las cárceles se llenen de gentes o que colapse la salud mental de una gran parte de la población.
La cultura del dominicano no aguanta mantener la boca cerrada, el dominicano se desahoga hablando, chismeando, murmurando y chercheando. De la noche a la mañana un pueblo no cambia su accionar social.
